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Juego de espías

(%=Image(5645536,»L»)%) La pantalla se convierte a veces en un crisol de emociones donde los protagonistas reflejan sus estados de ánimo entre sí. Es obvia la feliz simbiosis que existe entre Robert Redford y su alter ego Brad Pitt. Lo vimos a ambos en “A river runs thru it” que data de 1992, dirigida por el propio Redford. Podemos escribir páginas sobre la afinidad de estos actores, sus complementos, sus aspiraciones. “Juego de espías” enfatiza aún más esta aseveración.

Hermano de Ridley Scott, Tony Scott ( “Top Gun”, “Marea Roja”) nos tiene acostumbrados a un estilo cinematográfico de gran estética visual, fotografía con filtros, luz difusa con humo en producciones muy de Hollywood. “Juego de espías” combina los ingredientes de trama y acción con una estupenda dirección hiperkinética, un guión contundente y de plausible lenguaje y un interés que no decae en ningún instante.

El film se desarrolla en 1991 durante el último día de Nathan Muir (Robert Redford) como agente de la CIA antes de su jubilación al cabo de 30 años de servicio. Allí se entera que su protegido Tom Bishop (Brad Pitt) fue apresado por los chinos durante una misión secreta en una prisión china. Hallado culpable, se apronta a ser ejecutado. Muir, valiéndose de sus contactos ( nacionales y extranjeros) se embarca en una operación para salvarle la vida….

“Juego de espías” se mueve con los tiempos en oportunos “flashbacks” (con una cuidadosa edición a cargo de Christian Wagner) y que abarca desde que ambos personajes se conocieron en Vietnam, pasando por sus subsiguientes misiones en Alemania del Este y Beirut. Muir es de la vieja escuela, le hace saber a su pupilo que la “persona” es un “objeto” a ser usado como peón de ajedrez para la consecución de los objetivos y las fachadas que se emplean no son más que el pan cotidiano. (Recordemos que Redford también encarnó a un agente de la CIA en “3 días del cóndor” , 1975). Bishop por el contrario es liberal en sus movimientos, es desobediente e involucra sus sentimientos –oh, anatema!- en el trabajo. Tanto Muir como Bishop son las dos caras de la misma moneda donde la amistad es la que establece la pauta final. El film puede ser visto también como una metáfora de la actual CIA ; el ambiente demuestra cómo se mueven internamente, la competencia por el poder, los conflictos de intereses.

Con locaciones en Marruecos, Inglaterra y Hungría, “Juego de espías” se convierte en un film sorpresa, no sólo por el magnetismo personal de Redford y Pitt sino por la conformación de factores que componen un agradable unísono. Lo único inverosímil es que el rostro de Redford es el mismo a pesar de los 16 años en que transcurre la trama, sólo cambia el peinado y el vestuario según la moda del momento. Una apreciación, quizás irrelevante.

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