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Lección de piano

Era la primera vez que en Venezuela se daba un concierto como éste. La idea fue del joven pianista Antonio Mazzei, quien semanas atrás contactó al Maestro Gerry Weil para proponerle tocar a dúo en la sala de BOD Corp Banca a mediados de julio. 

El día había llegado. Antonio camina deprisa por los pasillos del back stage media hora antes del concierto. Sube las escaleras de a dos escalones por zancada. Sus grandes ojos negros se fijan con seguridad y aplomo. No hay angustia, no parece estar nervioso. Lo que transmite, sí, es una inmensa alegría por lo que está a punto de ocurrir. En el camerino está Gerry Weil, sentado y sonriente mientras habla con varias personas y saca una cuenta que le divierte: «¡Antonio es 48 años más joven que yo! ¡Hasta podría ser yo su abuelo!» A lo cual varios de los presentes, incluido el propio Antonio, replican que de los dos no se sabe realmente quién es más joven. 

Antonio Mazzei es uno de los contadísimos músicos de jazz que en Venezuela no ha sido alumno de Gerry Weil. Estudió en el IUDEM, algunos de sus maestros han sido Laurent Lécuyer, Gonzalo Micó, Leo Blanco, Edward Simon, Willy Díaz, Pablo Gil. Nunca había tocado con Gerry. Ensayaron unas tres o cuatro veces, hasta que sintieron que debían parar porque lo que estaba por venir tenía que suceder en el concierto y no antes. El jazz tiene tantos misterios, tantas normas indescifrables pero profundamente comprendidas por quienes lo profesan. 

Antonio pareciera reunir dos cualidades que difícilmente conviven: audacia y humildad. Es por esto que, al preguntarle cómo sabía que estaba listo para tocar jazz en un formato tan atípico y exigente como el de dos pianos y nada menos que con Gerry Weil, él responde con todo el desenfado: «La verdad nunca creí estar listo«. Acaso el ánimo de su iniciativa vino de otras fuentes, además de la puramente musical: «Gerry es un Maestro que tiene un punto de vista de la vida y de la música con el cual me identifico mucho. Siempre quise que compartiéramos música en una misma tarima«. Gerry produce en los músicos y en muchas personas que lo conocen ese otro contacto, el netamente humano. 

Tan accesible es, y de una generosidad sin límites, que aun sin creerse «listo», Antonio y quizás tantos otros, han podido unirse a él para grabar y actuar en vivo, sabiendo que, maestro al fin, él va a saber recibirlos y encontrar en ellos música, más música, siempre alta, siempre infinita. 

Y la hora llegó. Las dos salas del auditorio están llenas. Los dos pianos de cola se acoplan en el escenario como si fueran las piezas de un rompecabezas tridimensional. Gerry ha advertido: «Para un performance de dos pianos es vital saber que menos es más. Hay que escuchar al otro tanto como a tu propia ejecución. Hay que lograr que 176 teclas, 20 dedos, cuatro manos, suenen como un solo superpianista«. Para Antonio Mazzei, las reglas de este juego son pocas pero innegociables: «Escuchar y disfrutar; si no escuchas, no disfrutas y si no disfrutas, no escuchas«. 

El concierto comenzó con una pieza de Miles Davis, «All blues», del histórico álbum Kind of blue. La reacción del público fue inmediata. El encantamiento estaba sucediendo y apenas comenzaba. 

Esas cosas se sienten en la atmósfera pero el músico las percibe más que nadie: «Para mí, el descubrimiento más bonito fue la receptividad de la gente. Supimos que nuestro trabajo estaba hecho al ver que disfrutaban igual que nosotros», cuenta Antonio. A «All blues» sucedieron piezas tanto de Weil como de Mazzei, entre las cuales hubo desde piezas inéditas como la fabulosa «El tren de Lennie» (de Gerry Weil, homenaje a Lennie Tristano), su siempre solicitado y aplaudido «Caballito frenao», hasta la muy hermosa «Contrastes» de Mazzei, incluida en su álbum homónimo, del cual provienen también «A los viejos» (composición que el músico de 24 años dedica a sus padres) y «Paradojas», entre otras. Sobre Mazzei como compositor dice el maestro Weil: «Antonio tiene un manejo del lenguaje jazzístico actual muy maduro, sus composiciones poseen un contenido lírico que evidencia una formación clásica y jazzística«. 

Uno de los momentos cruciales del concierto, por los niveles creativos y la exigencia, fue el free play. Gerry Weil, como muchos jazzistas experimentados, suele improvisar en vivo. En el VII Ciclo de Jazz y Nuevas Propuestas que tuvo lugar en junio de este año en la misma sala, el excepcional pianista francés Yvan Robillard invitó a Gerry a improvisar en el piano a cuatro manos. En aquella oportunidad, a gran parte del público le resultó casi imposible creer que la pieza interpretada por ambos estuviera siendo creada en el instante de su ejecución. Con Antonio Mazzei volvía a suceder y el resultado traía aires muy contemporáneos, mucha libertad y de nuevo, evidencias de una profunda comprensión mutua. La música, sea cual sea, siempre procura estados superiores de la emoción. Potencia todas las formas de la vitalidad, desde las más sutiles hasta las más corpóreas, y hace posible que, cuando se le ha comprendido y se le tributa con justicia, ocurra el milagro de que ella se haga presente de manera plena, instantánea, efímera y por consiguiente, irrepetible. La pieza fue creada sin absolutamente ninguna preparación o acuerdo previo. Del resultado, Gerry comenta: «Para mi criterio surgió un performance muy audaz y sorprendente. Hubo una empatía entre ambos, producto de una misma pasión por el piano y por el jazz». Por su parte, Antonio estaba en una especie de transe: «No recuerdo nada del free play. Solo recuerdo haberlo disfrutado mucho. Fue mi primerfree play en vivo». 

El concierto terminó con el público de pie y lleno de voces y aplausos. La última pieza del bis fue «Vytas«, del álbum Tepuyotra de las emblemáticas composiciones de Gerry Weil, con la cual rinde homenaje a Vytas Brenner.

Foto: Claudia Rodriguez

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