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Libro enriquecedor

El caraqueño Francisco Alarcón, autor prolífico de una cuarentena de libros, acaba de sorprendernos con una nueva obra: “A… sutilezas”, de Vismar Ediciones, que fuera bautizada calidamente en la librería Liberarte de Caracas, todo un recinto para la cultura y su deleite.

El libro, con prólogo del escritor Teódulo López Meléndez, constituye una manera hermosa de trasladarnos mediante una mírada crítica del autor al encuentro con la vida y obra de una serie de personajes, poetas, filósofos, dramaturgos,cineastas, novelistas, de proyección universal.

Francisco tuvo en cuenta al escribir su libro la utilidad que pudiera representar para los jovenes, esperanza cierta de un futuro mejor en democracia, justicia y progreso. Según el autor su trabajo encarna un nuevo estilo de llevar lo insondable del ser de algunos personajes extraordinarios en forma sencilla; será posible para el lector extraer lo cardinal, teniendo siempre la posibilidad regresarse y detenerse en las particularidades de algunos que llamen más su atención.

Alarcón es una especie de asceta comprometido con los problemas del mundo contemporáneo, que ha asumido la escritura como un exigente ejercicio de comprender, aprender y transmitir lo aprendido de su encuentro profundo con las palabras, la vida, la hermosa soledad y la historia. Bebe directamente de los manatiales de donde brota el alma, los paisajes, la tradición y su cambios.

Hojeando su edificante libro nos tropezamos con comentarios certeros del autor resaltando las descripciones magistrales en las que Rómulo Gallegos ilumina la vida de la selva, de los llanos, de las mujeres y hombres que se clavaron en esta tierra. Siempre enriqueció sus descripciones con poemas silvestres, espectaculares modismos y vocablos venezolanos.
Antonio Machado: “Ligero de equipaje/casi desnudo, como los hombres de la mar, Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, tuvo un contorno poético puro. Oteando el nacer del nuevo siglo expresa: ¿Siglo nuevo? ¿Todavía llamea la misma fragua?/ ¿Corre todavía el agua/ por el cauce que tenía? Rubén Darío, lo descubre convirtiendo en luz la propia bondad íntima.

Nos recrea el poeta Alarcón al inmortal joven de las jovencitas del colegio, Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta que hizo brotar lirios de las miserias humanas y que solía publicar sus cuartillas hasta en almanaques: “Errante por el mundo fui gritando: La gloria ¿dónde está?” Para él la gloria era nada, el poeta aludía el mal, la crisis del romanticismo, cuando el aire estaba cargado de ideas revolucionarias.

Se despidió Bécquer exultando esperanzas: “Dios me perdonará; es su oficio…”.
No podía faltar Jorge Luis Borges: “Las calles de Buenos Aires/ ya son la entraña de mi alma”, expresó el poeta. Amén de ser un escritor de cuentos irreales en su vida observó un gran sentido de la realidad, con una conciencia fina y profunda de los valores y las situaciones sociales, refugiándose en su mundo de ilusiones:

“El tiempo es un rió que me arrebata, pero yo soy el río: es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”.
Miguel Ángel Asturias en “Hombres de Maíz” consolida su maestría novelística.
Valle Inclán, de regreso a sus encuentros en los cafés, se despide con estos versos que nos topan con su pesar: “Caballeros, salud y buena suerte/ Da sus últimas luces mi candil/ Ha colgado la mano de la muerte”.

Para Bertolt Brecht todo era libertad. Escribir un soneto a la belleza de la naturaleza cuando el mundo se hunde a nuestro alrededor, estos fueron problemas fundamentales que se planteó el autor de “Galileo”.

La poesía de Federico García Lorca es profunda y cargada de cantares. La política jamás le interesó, en una ocasión dijo: «El ser de Granada me inclina a la compresión simpática de todo lo que es perseguido, del gitano, del judío, del negro, del morisco y de todo lo que llevamos por dentro… El chino está más cerca de mi que el español malo».

Gracias poeta Alarcón por su empeño vital de construir a través de las palabras un espacio mayor, en la que la realidad pueda ser algo mayor: sueños buenos de porvenir.

Fuente:www.2001.com.ve

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