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Literalia: Taller crítico Vicente Nebreda

Para la Fundación Francisco Herrera Luque es hoy un día de alegría por celebrar por primera vez una sesión de “Los tertulieros se reúnen” dedicada al ballet clásico y la danza, organizado especialmente para conversar sobre el libro que el crítico e historiador Carlos Paolillo ha dedicado a la figura mayor de este arte en la Venezuela contemporánea, tal su Vicente Nebreda(Caracas: El Nacional/Banco del Caribe,2010. 121 p.). Debemos dar también las gracias a Teresa Alvarenga por permitirnos ver su bello documental Vicente Nebreda: trayecto y estilo(2007).

En esta presentación nuestras palabras se centrarán un hecho que consideramos el fundamental: presentar a Vicente Nebreda como una de las figuras centrales de la cultura venezolana contemporánea.

 

NUESTRA CREACION

Sin prisas pero sin pormenores debemos decir que cuando Vicente Nebreda(1930-2002) apareció en nuestro ballet este prácticamente no existía, todo lo que nuestros espectadores conocían les venía de los compañías extranjeras que nos habían visitado. Así todo empezó con él.

Pero aquel 1944 cuando Nebreda, de catorce años, vio en Caracas bailar a un bailarín profesional, Joaquín Pérez Fernández, la cultura venezolana vivía un singular momento, ello desde finales de los años veinte, comienzo de nuestra modernidad, en sus diversos campos. En la literatura, al menos desde que en 1924 Teresa de la Parra había publicado Ifigenia; en 1927 Julio Garmendia sus cuentos de La tienda de muñecos con   volumen con el que se convirtió en fundador del realismo fantástico en la ficción hispanoamericana; Rómulo Gallegos, en 1929, Doña Bárbara a la que siguieron un lustro más tarde sus otras dos grandes novelas Cantaclaro(1934) y Canaima(1935); en 1931 Arturo Uslar Pietri con Las lanzas coloradas la cual junto a Doña Bárbara recibió sonados galardones internacionales en Madrid; también de 1931 es Cubagua de Enrique Bernardo Nuñez, un libro esencial que tardará en ser entendido por particular manejo del tiempo narrativo; de tres años mas tarde La baladra Isabel llegó esta tarde y su primera novela Canción de negros de Guillermo Meses, de 1936 Mene, nuestra primera e indiscutida novela petrolera, de Ramón Díaz Sánchez; de 1936 son también los cuentos uslarianos del volumen Red en donde aparece, en el cuento “La lluvia”, el realismo mágico en la ficción latinoamericana; de 1939 es Fiebre de Miguel Otero Silva. Y qué decir de nuestro decisivo movimiento poético, que tuvo a los poetas de Viernes, como Vicente Gerbasi y los de 1942 con Juan Beroes e Ida Gramcko a la cabeza momentos singulares. Pero no solo la literatura, siempre nuestro modo de mayor de comprensión del país, sino que también ya era grande el movimiento musical, desde la fundación de la Orquesta Sinfónica Venezuela en 1930 y por el proceso del trabajo de nuestros compositores como Antonio Estévez, su Concierto para orquesta y su Cantata criolla es de ese período en el cual también actuó Juan Vicente Lecuna sus hermosísimas Sonatas de Altagracia son también de aquellos años. Y ya las raíces de lo que sería el gran cambio plástico a través del Taller Libre de Arte y del grupo Los disidentes(1950) había comenzado a andar y Francisco Narvaez, nuestro primer escultor, laboraba día a día. Y todo el vivo proceso creativo de los años cuarenta, apenas examinado como se debiera, ee en donde hay que situar a Vicente Nebreda. Eso fue lo que encontró. Y con esas raíces pudo ser también un fundador y un innovador. Nunca un creador de su jerarquía nace en la tierra yerma, sería impensable.

 

SU ESENCIA

 

Hay en la obra que hoy estamos poniendo en las manos de Uds. al menos dos declaraciones de Vicente Nebreda, la exposición de sus ideas más entrañables, que consideramos que debemos citar. La primera es: “Creo que la danza es un lenguaje universal y que desde el comienzo el hombre baila con el propósito de comunicarse…y…no hay barreras…para expresarse y comprenderse. Hago danza porque pienso que con ella logro expresar este sentimiento y esta necesidad de comunicarse con todos, sin ninguna excepción”(p.9). La segunda es: “El cuerpo en movimiento, la energía formando círculos. Una energía no lineal, sino circunferencial. No se basa en una anécdota, sino en estados de ánimo románticos”(p.79), aunque esto último fue escrito a propósito de una de sus grandes coreografías, Nuestros valses(1976), en verdad es la expresión de un modo de crear en su campo.

 

COMO ERA

En las primeras líneas del capítulo final de su libro Carlos Paolillo retrata a Vicente Nebrada así: “Personalidad controversial, rigurosa y exigente. Creador sin límites geográficos, aunque apegado profundamente a su sentido de identidad. Sensible y sensitivo. Fríamente distante, cálidamente cercano, poseedor de un cínico sentido del humor. Gran amante de la música, las antigüedades, el blanco y el negro y el art decó. Obsesionado por la escena, mago del espectáculo. Precursor y visionario. Venezolano, latinoamericano y universal”(p.97)

 

QUE HIZO

Fue Vicente Nebreda  la figura central fundadora del ballet clásico en Venezuela que entonces prácticamente no existía, tarea que no pudo hacer solo, el ballet es un arte colectivo, junto a él estuvieron para ello el maestro Henry Danton y las bailarinas Irma Contreras y Graciela Henrríquez, los cuatro “representantes cimeros del ballet venezolano de los años cincuenta”(p.98) como indica Paolillo. Tuvo la suerte Nebreda, en su momento inicial, de haber llegado a Caracas los buenos maestros que lo formaron, la presencia de la Nena Coronil, gran impulsora de ese arte, logró así empaparse de todos los elementos que le pudieron llegar  en el campo del ballet en los años finales de la década del cuarenta y principios de los cincuenta, leer todo lo posible sobre lo que movería su vida, ello antes de salir por temporadas a Nueva York, de haber permanecido un tiempo en La Habana como solista de la compañía de Alicia Alonso, ciudad ya convertida en meca del arte del baile en el continente y sacar todo el fruto que pudo a su paso por Francia, gozando de una beca del Ministerio de Educación, lo cual lo pudo en contacto con todas las formas más avanzadas de la danza, trabó relación con Maurice Bejard(1927-2007) y Roland Petit(1924), entre otros. Bejart fue por cierto uno de los grandes insomnes de nuestro tiempo. Eso fue lo que fue a nuestro entender, basándonos en la rica documentación del libro de Carlos Paolillo, lo que le preparó para sus fecundos años en Nueva York primero como bailarín hasta 1970 y más tarde, por el resto de su vida, como maestro de danza y coreógrafo, lo que lo convirtió en uno de los venezolanos universales del siglo XX, ya que en los cuatro puntos cardinales de la tierra se bailaron sus coreografías.

Sin embargo, para nosotros, y esta es una acotación de historia cultural, hay un hecho que debe subrayarse con detalle: a Nebreda le llegó a través de sus maestros en Caracas la esencia del arte de la danza del siglo XX, de hecho estos lo conectaron con la gran creación de uno de los más altos espíritus del siglo XX, la de Serge Diaguilev(1872-1979): los Ballets Rusos. Veamos el por qué de nuestra afirmación que tiene, a nuestro entender honda significación en nuestra historia cultural: cuando en 1945 estuvieron en Caracas los Ballets Rusos del coronel Basil, le llegó a Nebreda la gran tradición del ballet clásico: la compañía de Basil era la sucesora de los célebres Ballets Rusos de Diaghilev, fundados en 1911, que cambiaron el senderos del ballet clásico en el siglo XX. Este es un hecho que consideramos fundamental en el vivir de Nebreda: desde muy temprano estuvo situado en la gran trayectoria de su arte, que fue vanguardia desde muy temprano, sobre todo en sus grandes presentaciones en el París de los años diez, en 1913 se estrenó allí un ballet que lo cambió todo: La consagración de la primavera, con música de Igor Stravinski(1882-1971), aunque ya para ese año, esencial en la historia artística del siglo XX, ya Diaghilev había estrenado ya,  siempre con música de Stravinski, El pájaro de fuego(1910) y Petrushka (1911). Pudo ver entonces Nebreda en Caracas en aquel momento de los años cuarenta coreografías de Mikhail Fokine(1880-1942), Leonide Massine(1896-1979) y Serge Lifar(1904-1986), figuras claves de este arte, todos venidos de la rica cantera de los Ballets Rusos de Diaghilev. No hay que olvidar que una destacda bailarina de esa compañía, Anna Pavlova(1881-1931), bailó en Caracas en 1917: el 17 de Noviembre en Caracas y 10 de diciembre en Puerto Cabello(Carlos Augusto León: “La Pavlova en Caracas” en Palabra viva. Caracas: Monte Ávila Editores,1982,p.132-142). 

Teniendo esto cuenta Nebreda encontró, siendo liceísta, que había ya el proyecto de “Formar en Venezuela un ambiente propicio para el desarrollo de la más antigua de las artes, la danza, a través de una de sus formas más nobles: el ballet”(p.25). Y se entregó a ello. Tener un proyecto es esencial para toda creación, política o cultural, porque como nos enseñó don Simón Rodríguez(1769-1854): “Donde no hay proyecto no hay mérito”(Obras completas. Caracas: Universidad Simón Rodríguez,1975,t.II,p.302).

Anota Paolillo: “Como creador Vicente Nebreda se inscribe dentro del estilo neo-clásico desarrollado a partir de [George] Balanchine(1904-1983)”(p.72), otro coreográfo que venía de la rica tradición de los Ballets Rusos de Diaguilev.

 

UNOS EJEMPLOS

Producto de ello fue su singular cosecha en ballets inolvidables. Esta es nuestra particular antología: La luna y los hijos que tenía(1975), con su bella carga erótica, pocas veces subrayada; Nuestro valses(1976) que muestra la singularidad, ya recalcada por los musicólogos, del valse venezolano del siglo XIX; Una danza para ti(1980) en donde revivió las compasiones de nuestra Teresa Carreño(1853-1917); Una celebración de Haedel(1982) que nos deslumbró desde la primera nota musical y desde el primer paso de los bailarines sobre el escenario y desde luego Romance(1996), en donde por medio de nuestros grandes boleros, en las versiones del mexio-boricua Luis Miguel, quien posee la voz precisa para cantarlos, está en ese ballet toda la esencia de lo que somos y sentimos los caribeños.

Y, desde luego, en sus años finales sus bellas versiones de los clásicos del ballet: Copelia(1987), El lago de los cisnes(1991) y Don Quijote(1992).

 

EL MENSAJE

Tal el hombre, el creador, que confesó: “sigo creyendo en la validez de ese acto de magia: que llene el cuerpo de cada bailarín con algo inexplicable y que llene al público, sepa o no de danza, con lo que experimentaron los bailarines. Esa es mi búsqueda: llegar a comunicar al público algo que les produzca eso inexplicable. Es parecido a cuando uno llora y ríe al mismo tiempo. Es como una satisfacción”(p.100).

(Leído en la sesión del 14 de Septiembre de 2010 de “Los tertulieros se reúnen”, evento de la Fundación Francisco Herrera Luque, llevado a cabo en la Sala Cabrujas de la Fundación Cultural Chacao).

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