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Macanao, el lugar donde el viento se devuelve

Los picos resplandecen en el sol implacable que extrae todos los matices de su tierra rojiza y gris, rica en rocas metamórficas, ígneas y cuarzos, y se muestran coronados con un resplandor que todo tiñe de dorado; por encima de este espectáculo, como si no fuera suficiente todavía, flotan nubes lenticulares, o durante cualquier otro amanecer, dramáticas y algodonosas cúmulos nimbus. Los cerros con sus singulares formaciones nos recuerdan los paisajes de Mordor en el libro de J.R.R. Tolkien,  La Historia sin Fin y posterior película. El pico más alto es el cerro Macanao con 742 m, que llamó la atención del insigne explorador y científico alemán Alejandro de Humboldt (1) que siguió las huellas de Colón entre los años 1799 y 1804.

Según la leyenda, la palabra Macanao significa Tierra de las macanas, arboles de madera muy dura como el yaque, la cuica, guayacán, roble, apamate y la ceiba,  utilizados en el pasado por los indios Guaiquerí para fabricar sus armas y diferentes utensilios, mientran otros piensan que su nombre en realidad se debe a la extensa serranía de Macanao. En los cerros Guarataro, El Cedral, Pico Guaraguao, Risco Blanco y Cerro Macanao existían animales silvestres y aún se encuentran en su macizo sistema montañoso conejos, mapurites, reptiles y el elusivo venado caramerudo en peligro de extinción, acosado por cazadores furtivos. En tiempos de la colonia, sus misteriosas piedras bezares o bezoares eran muy apreciadas por los indígenas y curiosamente, por ansiosos consumidores europeos. El padre José de Acosta menciona a finales del siglo XVI la virtud de éstas contra la ponzoña; según las farmacopeas europeas se trataba de un potente sudorífico y era imprescindible contar con él en caso de sospecha de envenamiento. Ellas formaban parte de las drogas americanas que tenían un lugar importante en las boticas reales, traidos  desde remotas regiones americanas.

La península – con 330 km2 y unos 24.000 habitantes- al occidente de la isla de Margarita, con una costa de gran belleza y fuerza tiene todavia mucho territorio virgen, vastos espacios solitarios que guardan secretas playas desiertas y otras más concurridas y  extensas como Punta Arenas,  Playa La Pared,  Playa de Mula y La Restinga.

A ambos lados de la carretera en dirección a San Francisco observamos una gran variedad de flora y fauna, bosques endémicos espinosos que florecen con la primera lluvia, coronando a la cuica de tronco verde, al puy y al perfumado guamache con la exuberancia de sus brillantes flores amarillas, cuyas frutas alimentan a la chillona cotorra. A la hora de regresar a sus dormitorios, ruidosas bandadas de pericos cruzan el cielo azul límpido junto a turpiales, paraulatas, el carpintero, chulingas, cardenalitos, caricare y la más famosa: la cotorra margariteña (Amazona barbadensis rothschildi), mientras el gavilán vuela por encima de todos ellos,  dominando las alturas.

Sorprende que la árida tierra de Macanao haya disfrutado de una época agrícola fructífera desde medianos del siglo XIX. El cronista Heraclio José Narváez (2) relata que “… algunos esclavos y manumisos se dedicaron a la agricultura… , al cultivo del cacao, ciruela, anón, yuca, piña, maíz, plátano, lechosa, mango, guanábana, etc“. y “sus escasos habitantes se dedicaron a las actividades agropecuarias en El Maguey, El Tunal, La Auyama, La Chica, La Pared y Playa de Mula.“ También sembraron tabaco para su consumo personal y se dedicaron a la ganadería de cabras, vacas y mulas. El mismo autor comenta que ya antes de 1660 se había iniciado la cría de ganado mayor y menor y se hablaba de más de 20.000 cabezas de ganado, un número importante para la época. Hoy se cosechan la auyama, el ají, el tomate margariteño, la patilla, el melón, el anón, la ciruela y algunas otras frutas. Muchos de los pueblos de la península se nombran según los árboles en su cercanía, como El Manglillo, El Tunal, Guayacancito, Robledal, El Maguey, Guamachito. Otros se refieren a puntos geográficos como Punta Arenas, Boca del Río, Boca del Pozo, Boca Chica y La Pared.

A principios del siglo XVI Macanao estaba estrechamente ligada a la vecina isla de Cubagua,  la “Isla de las Perlas“, explotada por su abundante riqueza perlera desde los primeros años de la conquista. Al descubrirse en 1538 importantes ostrales en la península, ésta sufrió igual que Margarita y Cubagua los repetidos asaltos de piratas y corsarios franceses, ingleses y holandeses, los llamados  Demonios o Perros del Mar, que merodeaban por el Caribe en la búsqueda de cualquier botín, agua, sal y abastecimiento. Tal vez la explicación sobre el origen de los ojos azules y verdes de algunos macanagueros y margariteños se encuentra en aquella época, cuando se repartió el dominio sobre el Nuevo Mundo. Al menguar los placeres perlíferos, la gente se dedicó a las labores de la ganadería y los principales ingresos económicas se originaron por la agricultura, la cría de animales y la pesca.

Actualmente, unas 400 embarcaciones salen en campañas de hasta varios meses a las Guayanas, Suriname y las Antillas Menores y con frecuencia, por obtener buenos precios, una parte del producto de la faena se vende según cuotas establecidas directamente en aquellos puertos y en altamar. El puerto principal para la pesca de altura se encuentra en Chacachacare. En diferentes lugares de Macanao se observa la tradicional carpintería de ribera donde se construyen embarcaciones para la pesca costanera y en ultramar. Todavía utilizan la duradera madera del palosano y del yaque para la construcción de la quilla y las cuadernas, mientras que otro tipo de madera viene de tierra firme para completar los insumos.

Siempre investigativo y curioso,  Humbold (3) observa que “…El tunal es mirado aquí y en todas las colonias españolas, como un medio bastante importante de defensa militar. Cuando se construyen obras de tierra, los ingenieros tratan de multiplicar los cardones espinosos y de favorecer su crecimiento…“. La gente ahora le asigna una función más pacífica a sus duras espinas y en muchas zonas rurales y conucos observamos las infranqueables cercas vivas con cacti y tunas, que delimitan el terreno y mantienen de esta forma encerrados a cabras, pollos, gallos y cualquier otro animal, mientras las espinas de la cerca funcionan como ganchos para la ropa lavada y puesta para secarse en la brisa.

En 1963 se inauguró el puente sobre el canal de La Restinga que terminó con el prolongado aislamiento de Macanao que políticamente pertenece a la isla de Margarita. Anteriormente,  los macanagueros visitaban el otro lado de la isla unicamente en casos de extrema urgencia como una enfermedad, la visita a un familiar o a la Virgen del Valle, mientras que para los margariteños orientales tenía que presentarse la necesidad de viajar por un asunto familiar de mucha urgencia o para hacer una transacción comercial importante, según lo narra Heraclio José Narváez (4). De la escasa motivación para emprender el viaje hacia la lejana península nació la expresión “Macanao, el lugar de donde el viento se devuelve“.

Un factor desfavorable para su expansión económica es la falta de infraestructura, sobre todo del agua, que desde siempre ha limitado su desarrollo. Mientras no terminan de llevar la tubería a todos los pueblos, el indispensable líquido llega en camiones cisternas. Sin embargo, frente al mar a la altura de San Francisco se está construyendo una urbanización parecido al estilo de los Ranchos de Chana. Tal vez para que los compradores no se sientan intimidados por un cementerio de los años 50 frente a su terreno,  con unas 20 a 30 cruces de madera,  se eliminaron las diminutas tumbas y se mudaron las osamentas al más reciente de los cuatro cementerio de San Francisco. Así cambió repentinamente un paisaje melancólico a uno de progreso o al menos eso es la expectativa; se espera que no cierren la playa, que en ciertas épocas es lugar de pesca y durante todo el año deleite de bañistas. Por cierto, las cruces eran muy similares a las de un antiguo cementerio en la península de Araya, incluso parecieran realizadas por el mismo artesano. El ingeniero militar Juan Bautista Antonelli exploró en 1604 la Gran Salina de Araya y comenta: “…para enterrar los que mueren hay un gran cementerio en un arenal allí en la playa con algunas cruces de madera muy bien labradas“(5). Al parecer, ambas penínsulas compartían el diseño de las cruces desde hacia mucho tiempo.

 

En los semidesérticos parajes de Macanao se encuentra la caballeriza Cabatucán cerca de la población de Guayacancito, y el Rancho Macanao está en la carretera hacia el pueblo de San Francisco. Ambos están armoniosamente insertados en el paisaje y sus caballos son entrenados para adecuarse a la destreza de expertos jinetes o a novatos y niños y se ofrecen espléndidos paseos por la montaña y la playa –  toda una aventura emocionante.

 

Desde varios puntos observamos las cimas cónicas y desde ciertos lugares perfectamente simétricas, denominadas Las Tetas de María Guevara, antaño como hoy punto de orientacion para los pescadores y una especie de premoderno GPS. Sobre el curioso nombre se han tejidos muchas leyendes; según el cronista Jesús Manuel Subero (6), la zona se denominaba “Las Tetas“sin ningun añadido y se menciona por primera vez en 1532 en el Archivo General de Indias en Sevilla. La joven cumanesa María Guevara (nacida en 1801) se estableció en Punta de Piedra que en aquél entonces era un puerto insignificante pero punto obligado para los vecinos de la cercana isla de Cubagua para buscar leña y algunas veces agua. Era una emprendedora mujer de caracter fuerte, dueña de varios trenes de pesquería y con posesiones en Cumaná y Punta de Piedra, y con sus actividades comerciales le dio cierta relevancia al pueblo. Se casó con Simón Marval, que también poseía trenes de pesca, pero no dejaron descendencia cuando María Guevara murió en Punta de Piedra,  en 1886. Dicen que los pescadores se burlaron de los menudos senos de su socia y, con la chispa muy a la manera de los jocosos orientales, los dos cerritos quedaron con el emblemático nombre.

El respetado científico Fernando Cervigón, doctor en Ciencias Biológicas y Premio  

Nacional de Ciencias en 1988 concibió el extraordinario Museo Marino a la orilla del mar en Boca del Río, considerado una joya en el ámbito de la educación y la divulgación en todo lo relacionado a la pesca de altura y artesanal como a las especies marinas. Lo primero que se divisa es el esqueleto completo de una inmensa ballena sardinera traída por los pescadores desde Cubagua,  que nos recuerda lo diminuto del hombre en relación a una ballena de casi 15 metros de largo.

En la espectacular playa semi-oceánica La Pared provoca consentirse con tratamientos en Makatao Spa, renovando cuerpo y alma al estilo natural; la extensa playa con suave arena está casi siempre solitaria e invita a caminar su orilla de punta a punta, hasta llegar al pueblo La Pared con otra playa fabulosa y un restaurant básico pero con comida sabrosa. Los turistas de países con un clima menos bondadoso viajan miles de kilómetros para sentirse felíz en una playa con éstas características.

También el arte se inspira en Macanao. En el pueblo de San Francisco vive el pintor y muy activo defensor de la naturaleza, Pablo Antonio Millán (1966). Sus cuadros reflejan un mundo genuinamente inocente, algunos con la Virgen del Valle (patrona de los navegantes, marineros y pescadores), ángeles blancos y negros, pájaros, tortugas y otros elementos de su cosmos imaginario y real, a su manera encantadoramente naif. En el mismo pueblo vive el rezandero y artesano “merengue“ Víctor Marcano que elabora tures y otros muebles rústicos, pero además le canta y le habla a las matas para que produzcan bien – no dudamos de sus dotes. También se encuentran algunas manifestaciones artesanales como las del cariñosamente llamado “Mudito“ que talla figuras de madera, además de las piedras pintadas de Roberto Marcano y algunos otros. Asimismo, el joven músico y compositor Ernesto Rodriguez asegura que no hay mejor lugar que Macanao, su melodiosa voz acompañada por la gitarra canta su versión de la península y se siente el amor que expresa por éste su lugar preferido, como también lo manifiesta el popular “Ñeco“ Ambrosio Ordáz,  entre otros.

 

Macanao se parece a una obra en progreso; la expansión urbanística es producto de la necesidad y sería maravilloso que a la hora de planificar el futuro de la península prevaleciera la visión moderna de un estratega ecológico prudente que, por encima de cualquier otro interés protegerá su frágil ecosistema con aquellos vastos espacios que son precisamente su atractivo y su gran capital.  Mientras tanto, el inolvidable paseo mil veces vale la pena, ¡y no olviden la cámara!   

 

(1) Alejandro de Humboldt: Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente

      Monte Avila Latinoamericana, C.A., Caracas. 1991

(2) Heraclio José Narváez: Memoria Histórica de la Península de Macanao, Fundación

      Neoespartana de Cultura, 1986

(3) Alejandro de Humboldt: idem

(4) Heraclio José Narváez: Crónicas de Macanao, Fondo Editorial Fundahejona, 2007

(5) Luis Britto García: Señores del Caribe, Fundación Tradiciones Caraqueñas. Itanera, Caracas, 2001

(6) Jesús Manuel Subero: Las Tetas de María Guevara, Publicación del Centro de Investigaciónes Históricas dependiente de la Delegación de Esxtensión Cultural del Núcleo de Nueva Esparta de la Universidad de Oriente.

 

•Museo Marino

Boca del Rio, Península de Macanao

Tel. 0295-291.3231

www.museomarino.com

 

•Makatao Spa & Terapias

Carretera Playa La Pared km. 20

Tel. 0295-263.6647 – 0295-416.2421 – 0295-415.8835

www.makatao.com

 

• Caballeriza Cabatucan:

Carretera hacía el pueblo de Guayacán, Cel. 0416-681.9348

 

• Rancho Macanao:

Kilómetro 6 vía San Francisco

tel. 0295-262.4158/6655

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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