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Manuela Bolívar, diputada, mamá y venezolana al mismo tiempo

Manuela Bolívar es psicóloga y diputada por la Mesa de la Unidad Democrática, con un máster en Gestión Pública. Más allá de la imagen que transmite como parlamentaria y mujer aguerrida que defiende la producción nacional de Venezuela desde la Asamblea Nacional, también es madre de Rodrigo Ignacio, un bebé de 5 meses, que vino al mundo en plena campaña electoral cuando su madre aspiraba a su primer cargo de elección popular y a quien describe como «su mayor motivación para luchar por el país».

Pañales, teteros, leyes, saca leche, reuniones y sesiones en la Asamblea Nacional son algunas de las cosas que resumen la dinámica de Manuela como madre y diputada. Tener que atender sus compromisos políticos mientras amamanta a Rodrigo, porque también es dirigente de Voluntad Popular, se ha convertido en parte de su rutina. A sus 31 años de edad, debe criar a su pequeño y legislar en medio de una coyuntura marcada por la polarización política.

Su maternidad fue distinta a la de otras venezolanas. Mientras debía estar preparándose para la llegada de su hijo, Manuela salió a patear la calle, recorrió el estado Miranda de punta a punta, se montaba en las camioneticas con su barrigón para transmitir el mensaje de campaña y pasaba horas en las colas a las afueras de los mercados para explicarle a la gente el porqué debían votar por la Mesa de la Unidad. Así fue el embarazo de esta diputada.

Manuela recuerda esta etapa y asegura que “no fue fácil”, y que a pesar de que muchos de sus compañeros le sugerían irse a su casa, ella siguió luchando por su candidatura.

Uno de los días más duros que ella recuerda fue cuando le dictaron sentencia al líder de su partido, Leopoldo López, frente al Palacio de Justicia, en la que un grupo de personas la agredió sabiendo que tenía seis meses de embarazo. “No les importó, querían hacerme daño, incluso sabiendo que podía perder a mi bebé”, denunció en aquella oportunidad.

Ese día y con seis meses de embarazo fue agredida por grupos irregulares frente a la mirada indiferente de la Guardia Nacional. Afirma que: “fui muy ingenua, creí que respetarían mi estado, porque hasta en las cárceles las mujeres son respetadas, pero no fue así”.

Ese día de no haber sido por unas mujeres, que curiosamente eran chavistas, la hubiese pasado peor, las señoras cuidaron de ella ocultándola al fondo de una tienda, no sin antes regañarla por su estado y por el trabajo que realizaba como militante de Voluntad Popular.

Recordar este momento hace que la sensibilidad de Manuela se refleje en lágrimas. Le duele pensar que la vida de su hijo pudo correr peligro por la intolerancia política que hay en Venezuela y una impunidad que hace que, hasta el sol de hoy, sus agresores estén libres, a pesar de haberlos denunciado en la Fiscalía General de la República.

“Cuando en la revisión médica me dijeron que estaba todo bien, lloré porque había puesto en peligro a mi hijo”, confiesa.

Luego de ver de cerca el rostro de la maldad, Manuela decidió que nunca llevaría a su pequeño hijo a la Asamblea Nacional, al menos hasta que cese la violencia que se registra a las afueras del Hemiciclo. “Mi propósito es proteger a Rodrigo y por eso decidí no llevarlo a la AN aunque si me gustaría. Vivimos en constante amenaza con colectivos en los alrededores”, lamenta.

Manuela Bolivar agredida

Ser madre en Venezuela

Al igual que el resto de las madres venezolanas, Manuela se las ha visto negras con la compra de pañales, comida y medicinas. Hace un par de meses su hijo se encontraba mal de salud y tuvo que recurrir a la solidaridad de los ciudadanos por las redes sociales. Pidió ayuda y la consiguió. Su bebé necesitaba ser atendido y no encontraban Acitromicina y Klarizid para el tratamiento.

Este episodio hizo que la noticia saliera reflejada en los medios de comunicación. Al punto que una diputada chavista llamada: Mariana Lerin, de Portuguesa, le escribió por Twitter para ponerse a la orden: “Buenas noches Diputada si puedo servirle en algo para localizar lo Q necesita su bb Estoy a la orden”, a lo que Manuela le respondió: “Gracias, pero sería mejor si levanta su mano para forzar al gobierno a recibir ayuda humanitaria”. Así es ella: contundente.

Este será el primer día de la madre de esta diputada y en esta fecha da gracias a Dios por la familia que tiene y el apoyo que ha recibido. Confiesa que su pareja, José Rafael, es su gran apoyo y soporte.

Manuela también le agradece a Leida, una vecina de su edificio, que también ha estado pendiente de ella y de su hijo. Asegura que en Venezuela, la realidad obliga a que los hijos terminen siendo criados por toda la familia, tanto de sangre como la que cada quien elige.

De su familia, especialmente de su papá, el dirigente chavista Didalco Bolívar, habla poco. Una situación que también se repite en la intimidad, porque asegura que últimamente no tienen casi comunicación, ni siquiera después que nació su hijo, a quien conoció hace poco.

Aun así afirma que en las oportunidades en que se han visto le ha dicho a su papá que lamenta esta situación, porque se está perdiendo la crianza de su nieto. “El tiempo pasa rápido y no se recupera”, lamenta.

Uno de los puntos débiles de Manuela es imaginarse a su hijo, cuando crezca, reclamarle por falta de tiempo o de atención. A Manuela se le quiebra la voz; sin embargo cuenta que “lo que más me inspira es seguir luchando para que cuando Rodrigo crezca pueda tener un país de oportunidades”.

Manuela no ha pensado irse de Venezuela. Emigrar para ella sería vivir “en un mar sin sentido”. Por eso no duda en afirmar que “me quedo y Rodrigo crecerá en Venezuela”.

Después de todo lo que le ha tocado pasar a Manuela, un embarazo de calle y una maternidad política, asegura estar orgullosa de las madres venezolanas, a quien admira “por arriesgarse todos los días”, porque para ella en un país como Venezuela el riesgo está presente seas diputada, maestra o ama de casa. “Justamente por esta razón asumo el compromiso de querer cambiar esta realidad. ¿Lo mejor? Lo vamos a lograr”, concluye.

Manuela Bolivar con su hijo en política
Tener que atender sus compromisos políticos mientras amamanta a Rodrigo, porque también es dirigente de Voluntad Popular, se ha convertido en parte de su rutina
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