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Marilyn, una métafora siempre viva

(%=Image(2834546,»L»)%) En una de las paredes del apartamento donde vivo y escribo (o viceversa) se encuentra el afiche de (%=Link(«http://www.marilynmonroe.com/bio.html»,»Marilyn «)%) , que es ya un lugar común de la industria
gráfica masiva y popular, en la cual un viento subterráneo levanta en vuelo
las alas de su falda plisada. Su pantaleta de fino algodón, y con una
delicada cinta de flores tejidas en el borde, es un inigualable poema que
puede convertir en mirón al casto más trasnochado. La fotografía pertenece
a la película de Billy Wilder (%=Link(«http://www.filmsite.org/seve.html»,»The seven year itch»)%), algo así como La picazón del séptimo año, pero cuya traducción más chapuceramente conocida
es La tentación vive arriba. Filmar con Marilyn no era cosa sencilla.

Jamás se aprendía sus parlamentos, pero fotografiaba de maravilla. Wilder
cuenta: «…un día, cuando le pregunté la causa de su retraso, se excusó
diciendo: No podía encontrar los estudios‚. ¡Unos estudios para los que
trabajaba bajo contrato desde hacía seis años!».

En estos días se cumplen 40 años de la muerte de Marilyn Monroe. Desde hace mucho dejó de ser el desafuero sexual de los solitarios, dejó de ser una
actriz mediocre, una chica de almanaque, un símbolo sexual para devenir en
icono de un país que aceita sus engranajes políticos, o comerciales, con
sangre y sufre de violentas patologías conspirativas. Lo escrito por
Francisco Umbral es la sublime exactitud: «Marilyn fue la creación de
América y también América, a la inversa, un poco creación suya. El interés
de MM no está tanto en sí misma como en de qué manera van confluyendo en la adolescente ingenua y sexual los vicios, los pecados, la gracia, los
excesos, el mal gusto, el dinero y la sublime vulgaridad de un pueblo que
no oculta su origen ecuestre ni su democracia con sogas para el ahorcado y
Ley Seca».

Su muerte, sometida a todas las pesquisas, y sazonada con todas las más
absurdas hipótesis, todavía no se aclara del todo. El mito Marilyn tiene
todos los condimentos de una tragedia griega. Como buen mito ha servido de
musa a los poetas, de modelo a los pintores ((%=Link(«http://www.warhol.org/»,»Andy Warhol»)%) sicodelizó su
rostro de blonda cabellera). Biografías, novelas, crónicas, tesis y demás
devaneos literarios han hurgado en los promontorios de su vida tratando de
encontrar los huesos de su alma. Pero el mito crece hasta convertirse en
una poética inalcanzable, en una metáfora siempre viva y cambiante con el
paso del tiempo.

Marilyn representó el papel de mentecata en estado puro, la bobalicona de
pechos erectos y cuerpo escultural que llega a la cima superando todos los
obstáculos y todas las braguetas; o sea el machismo crudo y campante. El
precio para alcanzar el sueño americano fue excesivamente alto. Algunos de
sus amantes querían vampirizarle el cerebro, trataban de intelectualizarla
(Robert Slatzer, Yves Montand, Arthur Miller), pero ella estaba hecha de
carne y deseo. Su sexualidad/sensualidad no estaba para requiebros
espirituales y por eso se echaba encima a un pelotero (Joe di Maggio)
celoso y carente de madera espiritual para comprender sus ondulaciones
emocionales. Por esa razón Marilyn expresó: «Los hombres se enamoran de mí tal como soy y luego quieren cambiarme». Craso error. Marilyn quería vivir
en la orilla de las cosas sin pretensiones, quería estar al borde como
distraída de todo.

Al parecer se fingía mentecata. Ese fue su mejor papel. La rubia artificial
con la cabeza hecha un colador. Quizá. En una oportunidad casi se descubre
y dijo: «A mucha gente le gusta considerarme una starlett: sexy, frívola y
estúpida». El escritor Truman Capote hizo el mejor retrato de Marilyn. Se
la encontró en el funeral de una celebridad de la farándula y la descubrió
vulnerable y sin afeites. Lloró y le dijo al escritor que sin duda la
consideraba una estúpida, pero Capote le dijo simplemente no, que sólo la
consideraba una adorable criatura.

Uno coincide con Umbral cuando asegura que Marilyn era la esencia de la
vulgaridad. Era una vulgaridad a quemarropa que luego se metaforizaba en
una belleza austera, pero en esencia magnética y aleatoria. Hoy Marilyn es
un símbolo sin fronteras, un mito forjado con la hojalata del melodrama que
se globalizó mucho antes que todo se globalizara.

La Monroe me interesó más desde la sociología que desde lo carnal. No era
la mujer sadiana de mis lecturas juveniles. Siempre me pareció una reina
buena de pueblo. Su nombre de pila era Norman Jean Mortenson y vivió el
sueño americano a fuerza de pastillas para dormir. Una sobredosis de
barbitúricos la despertó al mito eterno. Luego han escrito que la
suicidaron. Como los norteamericanos están fraguando nuevas conspiraciones, nuevas intervenciones bélicas, de seguro no se acordarán de dejarle un clavel en su (%=Link(«http://www.hollywoodusa.co.uk/WestwoodObituaries/marilynsgrave.htm»,»tumba»)%) .

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