Entretenimiento

Me gusta Fuenlabrada, me gustas tú

Tú eres el diario, la prensa,
radio bemba, radio bemba.”
Héctor Lavoe
Periódico de ayer

(%=Image(5292325,»L»)%)Echar un palomazo, en riguroso mexicano, significa tocar y cantar tonadas entre amigos. (%=Link(«http://www.manuchao.net/»,»Manu Chao»)%) parece hacerlo constantemente. Puede que un día se faje de tú a tú con el Subcomandante Marcos en Chiapas, que en otro momento reparta manzanas y rasgue su voz y guitarra en honor de los antiglobalizadores de Génova, que en un instante se confunda entre los músicos ecuatorianos del metro de Madrid y que al siguiente siga alimentando su mito trashumante en cuanta trocha del mundo pueda aparecer cual duende con capirucho del altiplano. Quizá por esa razón se haya obstinado en elegir para sus toques los lugares menos multitudinarios de la geografía española. Dicen que en Bilbao no cambió su minúsculo recinto (¿razones sentimentales dijo?) por un enorme estadio a su entera disposición, que en su Barcelona sanguínea ya ha dicho que sólo le interesa el Barrio Gótico y que, por otro lado, desechó cualquier instalación madrileña por el pueblerino pabellón Fernando Martín de (%=Link(«http://www.guiaicq.com/fuenlabrada/ «,»Fuenlabrada»)%). Así cualquiera agota sus entradas y echa un palomazo a gusto…

(%=Image(9583585,»R»)%)Intentar una aproximación a la música e imagen que desprende Manu Chao sería una especie de ejercicio de hacer caer más lluvia sobre mojado. Sin embargo, se hará el intento: Desde su paso por (%=Link(«http://www.elfoco.com/El_Foco/Story_Page/0,2388,3_301_39802,00.html»,»Hot Pants»)%), Los Carayos y luego Mano Negra, ha dejado muy en claro a quién se le debe gran parte del sonido actual del rock mestizo (¿Nos perdonarán ésta aseveración sus enemigos declarados Fito Páez y la “aterciopelada” Andrea Echeverri?). Hijo del intelectual y músico gallego Ramón Chao, Manu nació en un hogar de izquierdas y dentro de un exilio francés lleno de proles armenias, argelinas y de obreros portugueses con el fútbol, la música y la pillería como paliativos de vida. Aunado a todo esto se le agrega su pasión por el genio de (%=Link(«http://www.ciudadfutura.com/bobmarley/Index.htm»,»Bob Marley»)%), su adoración por la (%=Link(«http://www.nida.nih.gov/MarijBroch/Spanish/Marijteens-sp.html»,»marihuana»)%) como elemento imprescindible de vida y sus múltiples viajes a América Latina (¿Alguien se acuerda de la foto de la GN de Guarenas en el CD Casa Babilón de Mano Negra?); para considerarlas razones lógicas y constitutivas de su estilo.

Más allá de las decenas de camisas albicelestes con el 10 de Maradona en la espalda (¿Esperarían el Santa Maradona de Mano Negra?), consignas ideológicas al estilo “Yo sí ke okupo”, remeras futbolísticas con el nombre de Manu y otras con la marihuana y Bob Marley como adorno; la gente en Fuenlabrada fue en busca de un trozo de una esperanza ya no tan clandestina. Negros rastafaris se mezclaron con rubias escandinavas en lo que fue un ruego a coro por alguna entrada de segunda mano. Detrás de ellos, un anuncio de Café Estambul sólo flanqueaba a un puñado de policías pueblerinos, algo atónitos por la cantidad de yerba y bebida que se ingería sin complicaciones enfrente de ellos.

Y el palomazo comenzó: Unas voces unisex, y con acentos (¿centroamericanos?), comenzaron su perorata ante las luces apagadas y el fervor del público presente: “Radio reloj: once de la mañana en Managua, Nicaragua; doce de la mañana en Ciudad de Panamá, Panamá; seis de la tarde en Madrid, España; doce meridiano en La Habana, Cuba; seis de la tarde en París, Francia; dos de la tarde Buenos Aires, Argentina. Radio reloj…”. Acto seguido, y ante la pista del alarido de Tarzán, un vocalista rastafari salió al escenario y gritó a pleno pulmón: “¡Buenas noches, Fuenlabrada! ¡Radio Bemba presente!”
(%=Image(9186841,»L»)%)Manu Chao, ayudado de su inseparable guitarra acústica y de sus diez acompañantes, comenzó con una versión de Welcome to Tijuana. Luego, y apoyados por retazos de ska, rock steady, salsa, batucada, rumba, reggae, dub, sonidos callejeros y proclamas zapatistas en la voz de Marcos (nacimos en la noche y moriremos en ella), el repertorio se decantó por éxitos como Casa Babylon, The Monkey, Desaparecido, Bongo Bong, Te Andan Buscando”y Marihuana Boggie. Cada uno de ellos, al igual que los discos del artista, mantenían una unidad de popurrí sin interrupción alguna. Sólo en un momento, Manu, ante el efervescente público, pidió una “caladita…” y, con música de vodevil, dedicó la La Vacaloca a “quienes dicen que España va bien, a todos los mentirosos profesionales” (¿Todavía cabe preguntarse si se refería a la persona del Presidente (%=Link(«http://www.cumbre.ve/pg5-10a.htm»,»Aznar»)%)?).

Al repetido grito de “¡Venezuela presente!” (¿sería en honor de su trombonista Johnny?), Manu siguió su repertorio con ocasionales guiños a El Cuarto de Tula y al Señor Matanza, sin contar la cantidad de temas que repitió con evidente intencionalidad referida al concepto de su último disco. En fin, un pastiche sonoro cocido dentro de una olla gigantesca que se comportaba con inusitado civismo. “Aquí la gente no se entra a patadas como en nuestros conciertos”, se extrañaba un mexicano.

Fuera del pabellón, en la plaza del pueblo, se habían facilitado unas cornetas y una pantalla gigante para quienes no consiguieron entradas. Allí el ambiente estaba aún más relajado con el regalo más valioso de la mentada productora Radio Bemba (¿Alguien nombró a (%=Link(«http://www.radiorabel.com/salseros/lavoe.htm»,»Hector Lavoe»)%)?). Al ritmo de Me Gustas Tú; Manu había regresado al escenario para tocar un par de temas más y así culminar sus más de dos horas y media de espectáculo. Las imágenes del lugar fueron antológicas. Más allá de la cantidad de jóvenes que bailaban slang y que se frotaban para darse calor en una inusitada noche gélida como el metal; la figura anónima de un vendedor ilegal de camisetas (¿marroquí?) que bailaba una danza hipnótica, basada en ondear su mercancía como capa de torero, resumía gran parte de la imagen y cometido del músico franco-español. El palomazo había acabado y el gusto (¿de maría?) persistía en el ambiente.

Antes de terminar, sólo una ociosa metáfora por parte del cronista: Al igual que el título de su último trabajo, Próxima Estación: Esperanza, la línea 4 del metro de Madrid posee una parada con idéntico nombre y con la misma grabación femenina registrada en la placa comentada. Si a éste destino le sumamos cuatro estaciones más se llegará a la del Parque de Santa María; y si le restamos cuatro el viajante se apeará en la estación Prosperidad. Ya se supone que resulta innecesario hacer más paralelismos con el actual itinerario de viaje del que goza Manu Chao. Sobran las interpretaciones…

Madrid/España

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