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Michi Panero muerte de un desencanto

(%=Image(1242490,»R»)%) Ha muerto Michi Panero, en Astorga de los Desencantos, en la memoria del filme que llevó a la familia Panero a un Desencanto, a una manera de ser y estar que en los años sesenta no se estilaba. Los Panero se llevaron la palma del martirio de algunas cosas y la palma de la virtud en lo concerniente al Poeta en Mayúsculas de las letras Españolas Leopoldo Panero. Ha muerto su hijo menor, el cineasta, el escritor de sueños en el vértice de una luna que se le volvió oscura como el alma de los cantos gitanos, como el mar que se encrespa y resuelve y revierte un añil en las pupilas. Esposo de sus esposas, hasta en la saga de los Molina (Paula). Inteligente y sensible Michi, decidió morir en la tierra de su padre, en el descanso del mausoleo de su familia en la Astorga , increible Astorga en la catedral que añade y determina a León y lo decide en el vuelo de los pájaros que mienten en su jerga sobre las puntas del palacio de Gaudí, en el resuelto encanto de los Panero, famillia de artistas, de escritores, familia de bien, de fuerte arraigo en Castilla y León y más allá; en Michi Panero que desencadena turbulencias en el segundo filme. Y después de tantos años, de Ricardo Franco, donde el se protagoniza agonizante en un final de los tiempos, de un tiempo que no llegó, tal vez, jamás, en el arrastre de una generación como la de su padre que vivió en amistad con Luis Rosales, Lorca, María Zambrano, Neruda, Cernuda, Dámaso Alonso, etc. Ha muerto el hijo del poeta más íntimista de la poesía española de los últimos tiempos. Michi Panero en su desnudo paseo por las aristas de Madrid, el del titubeante paso que descarnaba a la sociedad española con sus artículos, elegantes y álgidos dependientes de su verbo exacto e irónico cuando en la presentación de mi libro en el pasado año en Astorga, dedicado a su padre, me definió como el poeta extraño a sí mismo, que no ha dejado nunca de ser niño (quizá por que me parecía demasiado a él), en un poemario que resuelve la magnitud del Poeta Panero, libre, sobre Castrillo de las Piedras, la finca donde el recreó y murió, y la casa familiar en la Astorga de siempre, palacete que ha adquirido el Ayuntamiento, a través de Odila, Charo, Marisa Panero, todos Panero, hasta en Canarias, donde resido con mi esposa Rosario A. Panero sobrina carnal, en la abierta Maragatería hincada en los desvelos del Monte Teleno que como el Teide preside y alienta, afirma y allega, divide y une, sempiterno Teleno de nieves perpétuas en el símbolo de los Maragatos dentro de Castrillo de los Polvazares y en la Casona Paneriana donde adosada a la Muralla; la torre del Poeta, desde la que lanzaba exhausto su sereno grito, sus voces de iglesia; Leopoldo Panero en canto de maitines en los conventos de todo el mundo.

Michi Panero, quien arropó mis versos en Madrid y Astorga y en la Universidad de La Laguna con la Cátedra L. Panero; descansa en paz como el infante que quedará en mi alma, como el caballero cabal y sensible que ironizó conmigo todo lo de este país que se arrebola, siente y presiente y que él amó mucho, yo lo siento como el familiar que aún sin palabras llenó mi espíritu de lunas de bohemia cuando juntos recorrimos Astorga y La Laguna en la bruma del intelecto.

*Escritor, poeta, Premio Nacional de Periodismo Leoncio Rodríguez 1990, Diputado del Parlamento Mundial de la Seguridad y la Paz de las naciones-paralelo a la ONU. Conde Palatino.

Fuente:enfocarte.com

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