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Música: Pasteurizados pero no homogeneizados

(%=Image(7433521,»R»)%) En un pasado bastante cercano, el futuro estaba técnicamente resuelto: todos los problemas sociales se acabarían a fuerza de robots, electrodomésticos y vehículos espaciales. Esta utopía sólo cedía terreno ante unos minúsculos enemigos: las bacterias, virus, gérmenes y demás bichos microbianos. Como si la cruzada iniciada por el doctor Pasteur nunca podría liquidar a estos pequeños aguafiestas, que a la postre terminarían enfermándonos y matándonos.

La música de Stereolab es un homenaje a esos felices años sesenta, irónicamente vistos desde la perspectiva de hoy, cuando la gente ya no cree ni en las dudas. Sus piezas se nutren de aquellos géneros que surgieron como anuncios del porvenir, pero lamentablemente fueron dejados de lado por la industria: el a-go-go, el lounge, el bossa nova… Todo esto sazonado con unos toques de moderna tecnología de estudio, viejos sintetizadores, marimbas minimalistas a lo Steve Reich y el incomparable sabor de las voces de Laetitia Sadier y Mary Hansen, quinenes cantan cositas lindas como parap-para, daba-daba y oua-oua para acompañar a unas letras que suelen hablar de la liberación de la mujer, la explotación de la mujer y otros tópicos comecandela.

The First of the Microbe Hunters (2000), su más reciente CD, tiene sólo dos handicaps: el primero es haber aparecido después del monumental Cobra and the Groop Play Phases in the Milky Night (1999); el segundo, que tiene apenas siete temas, los cuales duran, en total, menos de cuarenta minutos, cosa que lo convierte casi en un maxi single en estos tiempos de compactos interminables. Pero no por eso deja de ser un excelente disco. Microbe Hunters… es mucho más rítmico y está más lleno de guitarras que Cobra… Sin embargo, su rasgo más distintivo es el juego con las repeticiones minimalistas, particularmente en I Feel the Air (of Another Planet) y Retrograde Mirror Form, que termina de una manera totalmente distinta a como comienza -una de las bromas favoritas de Stereolab-, y en el tema inicial, Outer Bongolia, que repite las mismas tres notas durante nueve minutos, contra un fondo de guitarras y teclados psicodélicos.

No obstante lo anterior, The First of the Microbe Hunters se entiende y se disfruta mucho más si escuchan primero Cobra… o Emperor Tomato Ketchup (1996).

The First of the Microbe Hunters
(Stereolab) Elektra, 2000

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