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No hay novedad, Señora Baronesa

Militarismo siempre ha existido en Venezuela, por algo los que mandaban se llamaban “Gobernadores y Capitanes Generales de la Provincia de Venezuela,” y eran todos militares. Y luego de la independencia y de la separación de la Gran Colombia, hasta que en 1958 se impuso por 40 años algo verdaderamente parecido a la democracia, casi todos los presidentes de la república fueron militares, y a los pocos civiles que ejercieron la presidencia les fue mal. Violencia siempre ha habido en Venezuela, y delincuencia común. Y hasta que surgió el petróleo hubo siempre miseria generalizada, de la que no escapaban ni siquiera los que la gente creía ricos, y la mayoría absoluta, casi total, estaba formada por gentes muriéndose de hambre. Y escasez. Y niñez abandonada. Y viviendas precarias e inhumanas. Y siempre ha habido fraude en las elecciones. Y siempre ha habido tortura, y abuso de poder y todas esas cosas que hacían de la vida un martirio. Exclusión y discriminación han sido una constante en Venezuela, inclusive desde antes de la llegada de los españoles: Había indios esclavizados y discriminados por otros indios.

Pero en las elecciones de 1998 un candidato, que las ganó, prometió que iba a acabar con todo eso y con el socialismo convertiría a Venezuela en un verdadero Paraíso, igual o mejor que Cuba, el mar de la felicidad. Y hasta juró que se cambiaría el nombre si no cambiaba algunas de esas realidades negativas. Murió sin cambiar nada, ni siquiera su nombre.
Pero según la propaganda oficial no hay corrupción ni militarismo ni violencia ni pobreza ni escasez ni niños abandonados ni ranchos miserables ni fraudes electorales ni tortura ni abuso de poder ni exclusión ni discriminación ni todas esas cosas que hacen de la vida un martirio.

Pero entonces: ¿qué es lo que hay? Porque algo hay. Algo que nos hace mucho daño. Parecería que en Venezuela estamos como aquella canción, “No hay novedad, señora baronesa,” versión española de una canción francesa de Paul Misraki de 1935:

¡No hay novedad, señora marqueza!
No hay novedad, no hay novedad.
Sólo pasó, que anoche la robaron
las perlas de su gran collar.
Y que, también,
un terremoto
a la techumbre hizo volar.
Por lo demás, aquí no pasa nada.
¡No hay novedad, no hay novedad!

O, para los más cosmopolitas:

Tout va très bien,
Madame la Marquise
Tout va très bien, tout va très bien
Pourtant il faut,
Il faut que l’on vous dise,
On déplore un tout petit rien,
Un incident,
Une bêtise,
La mort de votre jument grise.
Mais à part ça ,
Madame la Marquise
Tout va très bien, tout va très bien…

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