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Notas para una biografía

Confieso que me habría gustado decir que los personajes, hechos, acontecimientos, no tuvieron lugar, que ficción es o son y que pertenecen al imaginario. Tampoco puedo establecer que, como en las películas, el parecido con la realidad es mera coincidencia. No, no. Aquí realidad y parecido son idénticos; nada, pues, de cuanto acá se lea tiene ni un infinitésimo de invención y si no afirmo, francamente, que es una historia, es porque la historia dice siempre, y es su mejor dato en el mejor de los casos, mucho menos de la mitad de las medias verdades, si aceptamos como una ley, el lugar común, que toda historia es una verdad a medias, sin que por ello acusemos a la historia de ser falsa, embustera, tramposa; bueno, a decir verdad, una buena historia tiene que ser embaucadora, pues su fin último es hacer creer como verdad los cuentos que ella cuenta. El caso de Nerón es aleccionador, valga el ejemplo. Cuando era niño me embaucaron mis maestros de historia al presentarme a Nerón como un bicho (así decían cuando lo querían asustar a uno, en el mismo sentido e intención que cuando hoy escucho a Chávez invocar a La Bicha).Séneca, en cambio, era el sabio maestro, recto y bueno. Nerón paranoico, homosexual, promiscuo tañedor de la lira. Las cosas como que no fueron así, sino conformadas de otro modo según otros cuentan que todo ello ocurrió porque Nerón les quitó los negocios y del circo el asesinato de esclavos como un juego de grandes inversiones con la muerte como diversión y beneficios abundosos y se marchaba a Grecia, a los diversos actos por dionisíacos o apolíneos que fueran, aunque sin discriminaciones por las implicaciones de la ética y la estética, en ambos gozaba de lo lindo. Séneca, hoy así dicen los jurungadores de la historia, era el artífice, con senadores y otros amos del poder del Imperio compartido, quienes preparaban el menú del diario crimen, la bacanal sin límites y elaboró, con finura, su teoría del incesto más allá de la tragedia griega, pues la dotó de una única meta, el poder, trabajo exclusivo de Séneca, sin quitar de ella sus propios placeres e iniciativas, cuando recorría en cama las lecciones que él por sabio sabia de sodomita, para que Agripina dominara o sobornara en los grandes detalles y controlar en todos lo demás. Nerón, la mitad de sus años y sus mañas, le tocaba la lira, cantaba sus poemas y ella hacía lo demás y así lo hizo, Nerón se transformó, entonces, en su becerro, su cachorro de libido inhiesta y fijaría un estilo de dominar al otro, el mundo entero si posible fuera, con el valor en juego de su sexo.

Muchas otras damas antes lo habían hecho y otras que vendrán lo harán después. Saba utilizó su piel de oscuro fuego y dominó a su antojo al sabio Salomón, pero logró la hazaña de los poemas de amor más puros de alma y de lujuria, pero también concupiscencia inmaculada para el cuerpo. Sabio inalcanzable. Cleopatra hizo lo propio, su sexo dominó los imperios y los exterminó cuando se le apagaron los senos, pero, según los nuevos descubrimientos, no por el veneno de una serpiente, sino por la serpiente de un cuñado suyo de frustraciones lleno y, en el mundo moderno, cosas de ese estilo, si usted quiere, moralmente siniestro también vemos, y hemos celebrado las aventuras de Jackelyn como ejercicio acertado de la diplomacia y contribuir, de tan púdico modo, para que su marido coronase de gloria y antes, mucho antes, hubo una vez una dama George Sand, Francia, de quien se dice no pasó genio que no comiera en casa y su cama y a partir de sus besos y sus juegos perdieran los temores al tiempo, Chopin, entre muchos que por ahora recuerdo. Fue grande protectora del arte en la vida de cada artista que hizo suyo con su sublime sexo y, mi inalcanzable, Isadora descubrió lo oculto que quedaba del mundo a partir de su cuerpo embriagado de las danzas de Eros.

Acá, en otra escala, hemos tenido una sola grandeza que, en dimensiones nuevas, supera en sus virtudes a anteriores doncellas, Manuelita, pero es otro cuento que empañarán después las barraganas de cerebro inmediato, lujuria escasa, solo avaricia del poder en juego…

Pues bien, la historia que les cuento es de una de ellas que la existencia reclama en la memoria recordar. No se si ella, porque siempre es la historia de ellas, aprehendió su sabiduría de la enseñanzas de los viejos textos, La Sagrada Biblia, el Kamazutra, o de historias que, como las recordadas arriba, quedaron como ejemplo. Tampoco se si era el inmenso fuego del instinto controlado por una extraña inteligencia para el dominio del goce y del sufrimiento. O, si esas dos virtudes en ella andaban juntas, porque era una virtud por el grado de perfección alcanzado: la razón evitando los desmanes del instinto, el instinto para dar la lujuria necesaria a la razón, su equilibrio perfecto. Tampoco se si eran herencia o ejercicio deliberado del conocimiento o algún milagro de las reminiscencias de sus culturas ancestrales.

Era ella, muy menuda, pero exacta su belleza a su tamaño que quedaban perfectos. RÍSPERA, PISPIRETA, coqueta al colmo, olor de evocación a noche buena. Como mandada a hacer para la contemplación de ojos propios y ajenos. Por el brillo de su piel y su pelo andaba en celo abierto e inevitable caían sobre ella los deseos mas siniestros, allí entraba su juego. La escogencia para la exquisitez. La selección entre los más bellos perfectos y bellos vellos, tanto que por sus dimensiones apolíneas ganadores fueran del más riguroso de los concursos que haber podido hubiese, y al mismo tiempo que tuvieran garras, capaz de hender la piel como el torrente de la vaguada que abre caminos en las rocas, dionisiacos posesos… Sonreía ante cada espécimen hercúleo, con una condición, única: libres de grasa, y que fuera muy fuerte más que Sansón fueran, pero sin atreverse nunca a recortar su pelo. Diminuta ella sopesaba las grandes consecuencias, Ella cuidaba de verlo en sus fantasías, como un templo que sobre ella caía y ganarle la apuesta a tanto peso, el placer intenso de vivirlo encima hasta los límites de la asfixia y el goce sin fronteras que provoca el riesgo de levantarlo luego y con un grito mágico, agudo sin dolor, cantaba su éxito. Alrededor y exhaustos los escombros del templo, quedan de rodillas los Sansones.

Pero si su placer estaba en eso, no era ese su principal placer. Ella vivía el poder del juego. Su fascinación, que la levantaran en vilo, de un tirón, como cuando disparan un cohete a la luna y la tierra enardecida, estremecida queda y las llamas vuelan como los disparos ígneos de las estrellas vivas hasta quedar suspendida en el camino y verse desde allí encima del mundo con el mundo a sus pies. Lograrlo en éxtasis un bello rato hasta el tiempo único cuando el gigante se daba propia cuenta de sus límites, ella encontraba allí sus mágicos orgasmos que el monstruo apenas distinguía por el brillo del ojo y el temblor de su cuerpo con olor a zumbido. ¿Qué hacer en semejante altura?, para ella era la reafirmación de sus destrezas, vibrar al impulso que da comienzo al vuelo, el quedar en el aire protegida por la violencia de la debilidad de toda fuerza. Luego otra vez al lecho, allí a vivir su propio juego que no estaba exactamente en la conquista de su orgasmo, vivido en su estratosfera en sus quimeras suspendida, sino en el ocultamiento de su cuerpo, sepultarlo allá abajo en la profundidad de la caverna para emerger en volcánica erupción, ascensión envuelta en el sudor esfuerzo de delirio abrazada.

Cada año que pasa, por cada tiempo suyo que crecía, busca su refugio en años cada vez más mozos y más fuertes, de huracán turbulencias. Del último que supe tenía la mitad casi de sus años, vez y tres cuartos más de su estatura y dos coma cinco veces su peso. Empero la relación, no se veía desigual, como lo demostrarían las extremas distancias de tamaño y peso, sino como la realización de un experimento. Ella conserva la agilidad del colibrí y su habilidad para cubrir sus energías con los azúcares perfectos extraídos por su suave lamer de los lugares mas secretos y de los baños que cubrían su cuerpo del liquido perfecto con el cual construyó Cronos el universo, por ella descubierto en sus gigantes. Allí está el secreto de su juventud pero quedan allí también las fuerzas de sus debilidades. Cuando por alguna razón sus fuerzas no le daban y los gigantes pudieran dominarla, recurría a las hazañas de la palabra y ahora, rompía el esquema, subía de tono hasta hacerlo calmar con el poder del habla. Reiniciaba el juego, cada vez con el cúmulo de mayores virtudes descubiertas en sus noveles mancebos que apenas terminaban la adolescencia. A diferencia de Saba, Nefertiti, Manuelita, tan solo por ejemplo, desechó siempre las sabias posibilidades de sus iguales o mayores, sus lecciones, ni tampoco le importaba la fama de sus héroes. Lo suyo, la intensidad de la carne, duros huesos, fuerza, en el dulzor amargo de la violencia. No es ni era ni es su juego el escuchar historias o vivir los recuerdos, nada de eso, su filosofía: gozar de la vida en la intensidad de cada momento; su apuesta, su hazaña, el malabarismo de jugar con el fuego de las grades tormentas y apagar el rugido de la grandes tempestades en su sexo. Yo he sido fiel testigo de esta historia que cuento. Es más exactamente una inconclusa biografía en desarrollo pleno. Ella es un ser perfecto entre los de su raza. Él, el más puro que jamás existió en el universo. Fuerte, galán, viril, bravo, arrogante sin jactancia, eso sí, que pudo ser su hijo, pero eso sí no, vaya en su honor una salvedad moral, Ella jamás, jamás toleró el incesto. El la alcanzó una vez, tan solo una y tuvieron hermosos hijos y ella después de eso juega con él a ese juego perfecto que es su juego. Antes solo cuando por razones de biología dicen, la invitaba el sexo incontrolable a cumplir con los mandatos de la especie era mas transparente aun cuando fueran muchos, pero no jugaba a la mera diversión, resteada andaba por la procreación y la perpetuación de su especie. Ahora sabia de tantos años se unió fiel a él. Así empezó después de esas andanzas de libido abierta y vive así. Él, exactamente la mitad de su tiempo, mas tres años seis meses unos días, pero ella es sabia, juega todos los días a construir fantasías y las hace con Él, y es él quien vive la tragedia de lo inconcluso. El científico que la ha controlado en su proceso que, además, es psiquiatra, no tiene otra explicación para descifrar la conducta de Ella, su sabiduría su cultura, y en su diagnóstico sentenció: “el celo de Ella, su deseo abierto a hacer el amor constantemente y con noveles gigantes es de avaricia cultural no de ninfomanía, tampoco es acusable de pedofilia ni de púberfilia, es lascivia gigantofílica” dato para la psiquiatría nunca antes conocido por él. No le he dicho al doctor un secreto, porque para pareciera increíble, aún para su médico, pero en casa lo vieron todos halagados, por cierto. Un buen día, la encontré en mi biblioteca. Oía a Brahms y estaba frente a la computadora, parecía extasiada contemplando el canal de Play Boy, a sus pies el Fedro de Platón. Cerré sin hacer ruido y me marché, todo encaja, es perfecto, en la historia biografiada de Muñeca, una Cooker Spanier del más preclaro origen y él, un Dálmata de poder absoluto, belleza indescriptible. Para su aprobación leí la síntesis de su todavía biografía inconclusa en su versión primera. Bongo y ella, Muñeca, agradecidos se marcharon al cine. Ayer después de esta película, enterramos con honores a Bongo, Muñeca, viuda, recorre los camino que ayer hicieron juntos. No lo busca, son paseos tras la belleza que comportan otros, así lo ama sin manchar su memoria.

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