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Nuevos derroteros en nuestra vida científica

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Con profundo contento hemos venido observando los cambios que vienen produciéndose en algunas de nuestras Academias Científicas, solemnes casas que deben dedicar su acontecer al estudio, a mantener vivo el interés por las ciencias que cada una representa, y prestar su sabio apoyo a cuanto acontece en el país y tiene relación con las materias a las cuales ellas deben su existencia y están llamadas a preservar, profundizar y hacer que se difunda.

En el caso concreto me voy a referir a las Academias de Ciencias Políticas y Sociales y a la de la Lengua (correspondiente con la Real Española).

Quienes no conocen el debido funcionamiento de estas instituciones, fortalezas de nuestras ciencias y santuario para la preservación, estudio y difusión de cada rama del saber que representan, imaginan que en ellas se cumplen insípidas reuniones de grandes señorones, a quienes más por edad y por reconocimiento social, que no por méritos (a veces hasta sin ellos, digo, es eso lo que imagina el vulgo y común general de la ciudadanía) donde asisten regularmente, o cuando así les corresponde, a intercambiar opiniones o a conversaciones de temática variopinta, generalmente intrascendente o cuando menos sin utilidad crematística para la ciudadanía.

Es ella una triste visión errada, pues mucho de lo que histórica y científicamente somos lo debemos a las verdaderas funciones de las Academias, que entre otras cosas están llamadas a enaltecer y preservar las ramas del saber científico que cada una representa.

Pero a lo que quiero referirme en esta ocasión es a lo que ahora han venido haciendo estas instituciones, que, repito, son templos del saber y de la ciencia y que deben y tienen que ser aupados y reconocidos por los gobiernos en pro de las mejoras de cada una de las ciencias, del mejor conocimiento de nuestro desarrollo intelectual, y para el regocijo del acontecer intelectual del país, pues en ella también se supone están los hombres más preparados y destacados de la nación, en cada una de las ciencias del saber humano, y con lo cual se ponen en evidencia los verdaderos resultados de la educación y del saber de nuestro entorno.

Lamentablemente esas funciones y labores son poco conocidas por el público, pero peor aun, desconocidas y menos usadas tanto por los gobiernos de turno como por los propios políticos que las han creado y están llamados a mantenerlas, pues las Academias están abiertas a unos y otros para brindar adecuado y pertinente asesoramiento sobre los temas y asuntos que le son propios a la rama del saber que representan.

Decía pues que con grato placer había visto cómo ahora comienzan a cambiar las cosas, al menos en algunos de esos aspectos, pues en el caso de las antes dos citadas Academias, se han venido cumpliendo callada pero con mucha efectividad, labores de difusión de sus quehaceres, y se viene prestando útil apoyo a la ciudadanía, tal como debe y tiene que ser.

En el caso de la Academia de Ciencias Políticas, debo comentar con alborozo la creación, control y difusión de una ahora completa y magnífica biblioteca jurídica, vinculada a varias otras de universidades e inclusive particulares, como la que ahora se maneja y mantiene en ella, así como con un novísimo servicio de apoyo bibliófilo que se presta a los interesados nacionales y extranjeros ávidos del saber jurídico.

Adicionalmente a lo dicho, tiene por igual en funcionamiento un completo centro de investigaciones en materia jurídica para apoyo a los académicos y público interesado en profundizar sobre esa rama del saber humano, dotado de modernas instalaciones y equipos para brindarlo rápida y eficazmente. Lo dicho ha venido dando además importantes frutos, pues ya son muchas las publicaciones de nuevas obras científicas emanadas de sus propios integrantes que vienen saliendo a la luz pública, edición de obras de texto y de manuales y comentarios sobre diversas materias, con lo cual engrosa, fundamenta y se pone al día el bagaje jurídico venezolano.

Los invito a efectuar una visita en tal sentido a la página Web que ahora tiene dicha Academia, o concurrir a sus propias instalaciones en el Palacio de las Academias, frente al Palacio Legislativo Nacional.

Para terminar con todo este nuevo acontecer, celebro y aplaudo de sus integrantes la nueva política de incorporar, cuando corresponde, a todavía jóvenes meritorios profesionales e investigadores del saber humano al que ellas se deben, capaces y útiles, siempre que hayan demostrado su especial dedicación e interés por el conocimiento jurídico y político, como es el caso de las recientes designaciones de valiosos especialistas en diferentes ramas del Derecho y Ciencias Políticas, como lo son, por nombrar algunos, los distinguidos y hoy meritorios académicos, profesores Enrique Lagrange, Alberto Arteaga S., Jesús Ramón Quintero P. y mi entrañable amigo y compañero de clases, humilde y callado investigador y cultivador de las Ciencias Políticas y Jurídicas, profesor Humberto Njaim.

Me siento pues orgulloso de quienes representan en esos importantes sillones de nuestra Academia el conocimiento y saber jurídico nacional, si bien no puedo decir lo mismo de la buena marcha del gremio que nos aglutina a todos en este país, al menos en algunas de las entidades federales, en las que tanto dejan que desear y tan poco hacen.

En torno a la ilustre Academia de la Lengua (perdóneseme si no menciono a las demás que por igual vengan ahora incorporadas a esas fructíferas labores y encomiables nuevas actitudes), en ella nuestro amigo y destacado profesor Alexis Márquez se ha tomado para sí la labor de difundir y divulgar el acontecer de aquella de la que resulta meritorio miembro, y viene divulgando mediante remisión que hace a sus amigos y a los que así lo solicitan, en adición a instituciones públicas y privadas, quienes se incorporan a ella, un boletín de información sobre las gestiones, conferencias y actos que en la misma se cumplen, y así, como debe ser, haciendo pública la labor útil que tiene aquélla a su cargo.

Me llena de contento saber que a pesar de todo, hay instituciones que todavía marchan y se superan dentro del país, así es como deben marchar las cosas y que no todo es la calamitosa y lamentable muestra del resto de lo que nos ocurre en el país y por lo que a veces provoca pensar viene desmoronándosenos en nuestras propias manos.

Todavía al fondo debemos tener fe. No todo lo que acontece en Venezuela suele ser tan deplorable como los desaciertos en que de rito incurre y ejecuta el Gobierno en todos sus niveles.

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