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Para Juan Carlos Lossada es mejor vivir en un mundo lleno de hijos

Juan Carlos Lossada, con 21 años de relación profesional con el cine, ex director del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía y Secretario Ejecutivo de la Cinematografía Iberoamericana, es muy conocido en el medio artístico.

Ha sido una figura clave en la reciente escalada de la producción cinematográfica venezolana, expresada en filmes como Pelo Malo, acreedora de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián; La distancia más larga, galardonada con el Premio Platino a la Mejor Película Iberoamericana; Azul y no tan rosa, ganadora del primer Premio Goya para Venezuela y Desde allá, el primer filme latinoamericano en ganar el codiciado León de Oro del Festival de Venecia en sus 72 años de existencia.

Pero su mayor labor está en casa, donde comparte la crianza de sus hijos Arantza y Guillermo junto a su esposa Norka Aguilera. Al entrar a su hogar, Juan Carlos deja a un lado el mundo del cine y se convierte en un papá consentidor, juguetón y que atiende a sus pequeños, de 9 y 1 año de edad, en todo lo que necesiten.

Asegura que Ara y Guille han sino «lo mejor que me ha pasado en la vida, por mucho. No se puede pedir más».

Los describe como dos seres maravillosos, luminosos, muy listos, «que te recargan las pilas y te llenan de amor, lo cual es un mérito inmenso de mi mujer, que ha sabido compensarles perfectamente las usuales largas jornadas diarias de mi oficio. De todos modos somos una familia que aprovecha cualquier oportunidad para maximizar nuestros tiempos, hacer que un par de horas equivalgan en intensidad a un día entero, aún en la simpleza cotidiana», destaca.

Ser un papá de película

Para quien ha participado en tantas producciones cinematográficas es imposible no recordar, tal cual una escena de película, los dos instantes en los cuales se enteró que sería papá y que cataloga de inolvidables.

«En mi caso recuerdo haber sentido con mucha más intensidad el momento de enterarme de la concepción que el del nacimiento en sí mismo. Ni piensas, solo sientes que el corazón va a mil por segundo. Mi esposa y yo conservamos el dispositivo ese del test, que vi yo primero, junto a ella, pero yo mirándolo antes. Lloramos en verdad riéndonos de felicidad en su estado más íntimo y puro. Tiemblas. Cuando puedes, después de los primeros instantes, asumes que ya no hay vuelta atrás y que tu vida va a cambiar de un modo en que apenas te haces de una idea aproximada. Descubres que las cosas que conocías de felicidad, aun los picos más altos, eran en verdad estados previos y te llenas de una ilusión que es simplemente indescriptible», relata.

"Son dos seres maravillosos, luminosos, muy listos, que te recargan las pilas y te llenan de amor, lo cual es un mérito inmenso de mi mujer", indicó Lossada
«Son dos seres maravillosos, luminosos, muy listos, que te recargan las pilas y te llenan de amor, lo cual es un mérito inmenso de mi mujer», indicó Lossada

La llegada de cada uno de sus hijos también los atesora en su memoria con exactitud. «En lo íntimo son momentos de sacudimiento interior, de reacomodos internos, de goce afectivo indescriptible. Haber tenido primero una niña para mí fue grandioso, porque era lo que esperaba, lo que deseaba. Que ya luego, venga el varoncito, que era esta vez lo que querías, ciertamente hizo que ambos momentos fueran lo más cercano a la perfección».

La sala de parto, los doctores, enfermeras y demás detalles siguen presente en cada relato de Juan Carlos Lossada. «Ya el tema (vamos a decirlo así) logístico fue distinto en cada caso. Aunque mis dos hijos nacieron en la misma clínica y fueron atendidos por la misma dupla de obstetras, en el primer caso me permitieron asistir al quirófano y filmar ese alumbramiento, así que se puede decir que me convertí en padre ejerciendo mi oficio y viendo en pantalla antes que por mis propios ojos ese instante extraordinario e irrepetible».

Relata que la enfermera fue su primera asistente de cámara en la llegada de su hija, pues supo sostenerla y grabar cuando el médico le dio a su hija Arantza y él se la mostró a su esposa.

«Nunca olvidas esto. Aquí se puede decir que el nacimiento de mi hija es al propio tiempo que mi ópera prima, también la película que más hondo me ha calado».

La llegada de Guillermo, ocho años después, tuvo sus marcadas diferencias. «Habían cerrado temporalmente ese quirófano especial donde se practican las cesáreas y entonces ya por razones de protocolos médicos, que uno comprende perfectamente, no les es permitido sino a los médicos y a sus asistentes ingresar al quirófano general de la clínica. Así que no pude filmarlo y ya me tocó esperar el aviso del alumbramiento».

Sin embargo, la misma enfermera que 8 años antes le había ayudado a filmar, esta vez hizo unas fantásticas fotos fijas del momento en que llegó su segundo hijo y «además me avisó enseguida que todo había salido perfectamente. Ambos nacimientos fueron, definitivamente, momentos de película».

«Cada uno tiene su propio universo»

Juan Carlos y Norka aseguran mantener la magia y comunicación para fortalecer la familia
Juan Carlos y Norka aseguran mantener la magia y comunicación para fortalecer la familia

¿Es Juan Carlos hoy en día el mismo papá que recibió a Arantza o la llegada de Guillermo le agarró con mucha más experiencia? Pues con humildad reconoce que no fue así, «experiencia, poca. Hay que admitirlo, eso de saber cómo hacer las cosas por tener otros hijos a lo sumo te es útil para cambiar pañales, saber sostenerlo correctamente y no angustiarte tanto ante un aparente cuadro viral».

En el punto de saberlo todo por la llamada experiencia, para Juan Carlos, no es tan cierto y menos que te sirva para relacionarte mejor con el hijo siguiente, «yo creo que no es así. Tal vez la regla más sensata sea olvidarte de toda esa ‘experiencia’ previa e intentar comprender a cada uno de tus hijos en su propio universo, que es usualmente uno muy distinto y particular».

Es de la tendencia de que los papás deben involucrarse de lleno en la crianza de los hijos, en el cual siempre debe prevalecer respeto, amor y educación.

«Uno se fija en los modelos disponibles y acaba conformando un modelo propio. Mi padre, que ejerció el magisterio por más de cuarenta años y por tanto formó a muchas generaciones, también ejerció el magisterio en casa y lo hizo con intensidad. Para mí ha sido increíblemente inspirador su ejemplo como padre e intento estar a la altura, asumiendo, como él enseñaba, que la mejor escuela queda en casa».

Eran otros tiempos, rememora, y otros eran los ritmos sociales, «pero me quedo con algo que debería ser más o menos inamovible: hay que ser responsables y hacernos cargo del rol que nos toca, no para imponerle a los hijos nuestras ideas, sino para orientarlos a tomar sus propios decisiones y que ser mejores personas sea su desiderátum».

–¿Cómo hace con los viajes y los compromisos de trabajo para compartir con la familia?

–Yo soy muy familiar, no hay nada que disfrute más que estar cerca de mi familia. En la sencillez que nos caracteriza, echarnos juntos al sofá, al suelo, ir de paseo; preparar juntos la cena, llevar a mi hija al colegio, cualquier ocasión es buena para compartir. Hablamos mucho, hacemos muchísimas cosas juntos, pero lo cierto es que mi profesión implica largas jornadas y muchos viajes, y la verdad es que sí me afecta un montón cuando tenemos que separarnos así sea un día.

–¿Cómo pasan esos días en que están distanciados?

–Lo que hacemos es que nos hablamos por teléfono, intercambiamos mensajes cada día y hacemos video conferencia. Desarrollamos tanta comunicación que logramos mitigar bastante el hecho de que no podamos estar juntos más tiempo. Y eso sí, aprovechamos al máximo cada vez que nos podemos echar una escapadita a cualquier sitio que rompa las rutinas.

–¿Puede contarme algún momento mágico con ellos?

–La magia para mí consiste en su permanente estado de ilusión. Cuando te cuentan algo, por más sencillo que parezca, reconoces que ese relato es tan auténtico, tan puro, tan simple y a la vez tan fantástico, que te aseguras a ti mismo que estás frente a la infinita y verdadera capacidad de hacer del mundo un mejor lugar. Si escucháramos más a nuestros hijos, estoy seguro que nos convenceríamos que en lugar de tener un mundo de padres, más convendría contar con un mundo de hijos. Ojalá al crecer conserváramos un poco más, algo de la hermosa pureza que los caracteriza.

–¿En algunas de sus producciones se ha visto reflejado su rol de padre o ha incluido algo de su vida familiar en ellas?

–Yo he estado involucrado en producciones que son totalmente variadas y diferentes entre sí. Hay hijos en todas ellas, pero ninguno se parece y por tanto es paradójicamente un elemento unificador. Aunque aplico grandes dosis de libertad como padre, no puedo negar que tanto en ese rol como en mi trabajo creo y practico la disciplina.

No creo que nada valioso en la vida pueda lograrse sin constancia, sin empeño, sin construir un propio camino que añada rigor a cualquier cosa que uno decida emprender. Eso sí, reconociendo y respetando la narrativa de cada quien. En la vida, cada uno debe escoger qué película hacer y descubrir su propio lenguaje. Hay que saber cuándo protagonizar y cuándo ser un extra y creo que fundamentalmente eso aplica también a los padres.

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