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Pesebrización

Arrojados a un universo duro y enigmático, yendo hacia el  crecimiento interior en términos de alegría y de felicidad, tras la creación de un orden cualitativamente nuevo, en donde la  esperanza sea real posibilidad de la liberación humana, propongámonos una como pesebrización, en la que ante todo cuente el sostenimiento de la utopía, capaz de prohijar la sencillez del hombre, la euforia de nuestra flora y nuestra fauna, sobre todo la transparencia del pesebre, que nos convoca a valorar la vida  a la luz de una verdadera dimensión humana, circundada del compromiso, que nos rubrica que el verdadero encuentro es el hombre.

Pesebrización: La dulce sombra del común destino mientras murmura alrededor la noche por encima del estruendo del misterio. La clara majestad de los caminos. El tiempo fatigado de infinitos, soledad de un ligero arrobamiento, sólo de asombros infinitos llena. Descubrirse, encontrarse, hallarse, abrirse, desencerrar la pauta que nos falta. Vivir sin miedo, en libertad, de veras. Toparnos con el corazón silente que nos oye, nos sigue y nos conoce. Dar con el lagrimón de la vereda, latigazo que a todos atribula. Gozo, bondad y sobre todo paz para la buena voluntad del hombre. La cresta de un lucero que nos mira, por el postigo corazón mirando. Pausa para mejores madrugadas. Una pregunta en pie para los hombres. Para el pobre que nunca tiene nada. Para el triste que llora su amargura. Júbilo, alumbramiento, bienvenida. Ara en fulgor para el altar del tiempo. Luz en la voz y luz en las miradas. Gloria en la luz y en el amor del día. Llamarada de paz para la nave colmada de borrascas en la noche. Algo mejor para el mañana incierto. De nuevo niños con asombro puro.

Pesebrización: Aire de claridad en la amargura. Cósmica fuerza sobre el mundo alzada. Los pájaros, los árboles, la tarde, al habla con la brisa y con los hombres. Victoria de la noche de luceros saturada, victoria de la vida. La sangre universal cuando concilia la Tierra con los seres y la Nada. Dios acicateando resplandores. La ternura del hombre florecida. Paz, gozo, amor, en yunta con la vida, para una humanidad en pie de guerra. Latido de corderos y de ángeles anunciando la paz a los pastores. Paso del tiempo, paso de las cosas. Paso del hombre a solas con su sombra. Deseo de partir al infinito. De cara hacia el misterio para siempre. Luz de la luz, en gozo reverente, deslumbrando los tránsitos finales. Balcón por donde un niño al mundo asombra con sus hombros cargados de juguetes. La noche fulgural donde nacemos cuando a morir apenas comenzamos. ¡Feliz quien con Francisco, atento, asista al canto matinal de los turpiales! ¡Feliz el simple labrador que sueña con ver crecer la flor en sus plantíos! Diciembre en el fulgor de la alegría. En los ojos azules de los ángeles y en el hambre del pobre y su quebranto. Claridad en la amargura, para el pobre que duerme en el barranco.

Pesebrización: Deseo de vestirnos de pesebre, despojarnos de la maldad, del odio, hasta ir cada día de manos de la luz, donde comenzar sea la consigna permanente, donde el sueño sea el reto, mediante el cambio de la conciencia, hasta descubrir un orden nuevo para una sociedad sufrida en la que cobren primacía los oprimidos y los pobres, en busca de un nuevo cielo y de una nueva tierra.

 
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