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Rigoletto, caro nome

(%=Image(2857990,»R»)%)“No creo que alguien se atreva a negar en este mundo que Doña Panchívida se cortó un dévido es la melodía más popular de toda la historia de la lírica. Que se llame La donna è mobile no es más que un detalle. Que pertenezca al último acto de Rigoletto es apenas una contingencia. Stravinski, con actitud de niño terrible, dijo en una oportunidad que había más talento en Doña Panchívida… que en toda la tetralogía del fanático Wagner. Música objeto, la única comparación posible es con la escena de la calavera en Hamlet, de Shakespeare. La donna è mobile es la ópera…”

Este sentencia, registrada en un guión de radio, fue escrito por uno de los más grandes intelectuales venezolanos del siglo XX, José Ignacio Cabrujas, para la emisión del 15 de febrero de 1981 de su programa Opera Dominical. Para este amante de la música, como para otros cientos de melómanos, la genialidad de Giuseppe Verdi era una confesión de fe.

(%=Image(4780362,»L»)%)La fuerza del espíritu verdiano planeará sobre la Sala Ríos Reyna del 9 al 18 de noviembre próximos, con la puesta en escena de una de sus óperas más populares y hermosas: Rigoletto, estrenada por este genial compositor italiano en La Fenice, de Venecia, en 1851.

Esa noche representó para Verdi uno de sus éxitos más clamorosos. La función terminó a las 3 de la mañana ya que el público exigió encores de muchas de sus partes y el tercer acto tuvo que ser repetido en su totalidad en medio de los vítores y palmas de los presentes. Los venecianos salieron silbando la melodía de La donna è mobile, aria que Verdi guardó en su escritorio hasta el estreno, ya que sabía que se convertiría en un éxito absoluto. Otros espectadores entonaban Pari Siamo, algunos más, tarareaban Caro nome. Sin embargo, la crítica, como suele suceder, fue mordaz y ciega ante la experiencia. «El compositor y su libretista se vieron enredados en una afección póstuma a la escuela satánica, ya pasada de moda. Si buscan su ideal de deformidad u horror […] no podemos estar de acuerdo», publicó Gaceta di Venecia. Parecidos embates sufrió la obra en todos los lugares y en todos ellos fue aplaudida a rabiar por el público que la convirtió en su favorita.

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Medio siglo después de esa primera representación Rigoletto había sido interpretada en alemán, búlgaro, catalán, croata, español, estonio, francés, hebreo, húngaro, inglés, letón, lituano, noruego, polaco, ruso, serbio y sueco. Ciento cincuenta años más tarde, esta ópera continua siendo indispensable en el repertorio de los principales teatros del mundo.

Es por ello que, en coproducción con la Opera de Colombia y la Fundación Teresa Carreño, esta obra lírica se integra al conjunto de producciones del principal complejo cultural del país, gracias al esfuerzo emprendido por Amigos del Teresa Carreño que, en su XX aniversario, quiso regalar al Teatro una ópera que pueda ser remontada posteriormente. Con este ambicioso montaje, estreno absoluto en el principal complejo cultural del país, la institución cumpleañera espera reanimar la escena lírica doméstica, mediante la articulación del talento de promisorias figuras de la esfera operística internacional con la contribución de experimentados artistas, curtidos en los escenarios de mayor fuste.

Así, se han conformado dos elencos de relevantes figuras de la lírica: un ascendente e impresionante Michele Porcelli y un seguro y consolidado Luis Gaeta, asumen el rol del giboso y trágico protagonista; Aquiles Machado, el venezolano de mayor proyección en el competido escenario de la ópera mundial, y Juan Carlos Valls, asumirán el rol del Duque de Mantua; como Gilda actuarán las espléndidas Paula Almenares y Adriana Damato; en los roles de Saparafucile y Monterone alternarán Valeriano Lanchas y Víctor García, y en el papel de Maddalena estarán la renombrada mezzosoprano colombiana Martha Senn y la zuliana María Cristina Villasmil. La Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, la Banda Marcial Caracas y el Coro de Opera del Teatro Teresa Carreño, dirigidos por Rodolfo Saglimbeni, completan el reparto artístico. La dirección escénica corresponde a Alejandro Chacón; el diseño escenográfico a Enrique Berrizbeitia; el vestuario y maquillaje a Adán Martínez, y la iluminación a Ricardo Yáñez.

Rigoletto: drama universal

Un 27 de enero de 1901, a las 2:50 de la mañana, dijo adiós a la vida un señor humilde que dio grandiosidad a todo un género musical como la ópera: Giuseppe Verdi. Cien años han transcurrido desde entonces. Un siglo en el que surgieron voces nuevas, batutas importantes, creadores originales que no permitieron olvidar al genial músico del siglo XIX que, en 1850, tras quince óperas representadas, gozaba de la consideración de un autor respetado que había ganado el aprecio del público merced a sus aciertos en todos los estilos operísticos del momento, desde la grand opéra al estilo original parisino (Jérusalem) o adaptada al paladar italiano (Nabucco, I Lombardi o La Battaglia di Legnano) , hasta sus adaptaciones operísticas de los dramas de Shakespeare (Macbeth), Lord Byron (I due Foscari e Il Corsaro), Victor Hugo (Ernani) o Schiller (Giovanna d’Arco, I Masnedieri y Luisa Millar). En todas ellas, manifestaba el idealismo primo romántico del héroe arquetípico, cuya vida es sacrificada en aras de los valores revolucionarios y trascendida a través de la memoria colectiva, representada por un coro integrado por el pueblo.

Cuando La Fenice de Venecia le solicitó una ópera para la inauguración de la temporada de 1850, Verdi escribió a Françesco Maria Piave: “Repasando diversos temas cruzó por mi mente Le Roi, fue como un rayo, una inspiración [que] no puede fallar. Le Roi s’amuse es el tema más grande y quizá el mejor drama de los tiempos modernos…”. Es así como, inspirado en este drama histórico de Víctor Hugo, nace Rigoletto, obra que cuenta la despótica manera de gobernar de un lascivo duque que seduce y deshonra, en Mantua y sus alrededores, durante el siglo XVI, a cuanta mujer desea, sin miramientos en matar a quienes se opongan a sus intenciones. El trabajo sucio se lo facilita su bufón: Rigoletto, que además de guasón y jorobado es padre de familia. Rigoletto se burla del Conde Monterone cuando éste se lamenta de que su hija ha sido la última víctima de la lujuria del Duque. El Conde, furioso, maldice al bufón, y esa maldición cae sobre su hija, Gilda, que vive en secreto.

Esta ópera marca una nueva etapa en la creación del genial compositor, quien se convirtió en un auténtico ídolo para los amantes de la música escénica en el mundo entero al aprovechar al máximo las posibilidades dramáticas que la historia le brindaba para cambiar determinados arquetipos: el principal protagonista no era ya el apuesto galán habitual, sino un ridículo y deforme bufón, el más apoteósico jamás logrado por una ópera hasta entonces. Se erigía allí un sentido de la teatralidad absolutamente novedoso: El jorobado Rigoletto fascina al público a causa de su odio al injusto sistema social del cual él mismo forma parte y es cómplice efectivo. Al final de la ópera, se ha enterado de todo el horror de la sociedad a la que ha servido pero, cuando lo descubre, ya es muy tarde.

No obstante, el máximo atractivo de Rigoletto reside en su música, compuesta de manera sublime. El propio Verdi, que tuvo que enfrentarse a la censura de la época, concibió la ópera “casi totalmente sin arias y sin grandes finales, como una cadena infinita de dúos, suprimiendo los grandiosos finales y encadenando melodías sencillas con otras muy elaboradas que dejan fluir sentimientos de honor, amor y traición al ajustar la música al contenido dramático, logrando una fusión que hacía fluir el conflicto y la espontaneidad de los personajes interpretados por cantantes con gran presencia vocal, capaces de acatar lo escrito por Verdi en una partitura que rezuma misticismo y pasión.

La versión que se presentará en la Sala Ríos Reyna promete inscribir nuevamente esta pieza en las páginas de la historia de la ópera en Venezuela. Una monumental escenografía, un fastuoso vestuario, una dinámica y acertada dirección escénica y, muy especialmente, un elenco de impresionantes voces transforman la expectativa en certeza y en oportunidad para un público ávido de disfrutar de propuestas escénicas de calidad internacional.

Patrocinada por la Compañía Nacional de Opera Alfredo Sadel, Empresas Polar, Movilnet y Banco de Venezuela, auspiciada por PDVSA, Tabacalera Nacional, Poggenpohl, Electricidad de Caracas, J.W. Walter Thompson, Hotel Gran Meliá Caracas, Parmalat, Air France, Aces, Aerolíneas Argentinas, Fundación Cultural Chacao, y El Universal, con el apoyo del Radio Nacional de Venezuela, Circuito Nacional Belfort, RCR y Unión Radio, entre otras importantes empresas, instituciones e individualidades, Rigoletto se representará los días 9, 10, 11, 16, 17 y 18 de noviembre de 2001 en la Sala Ríos Reyna. Las entradas están a la venta en las taquillas del Teatro Teresa Carreño y en Ticket Centro. Reservaciones por el 800-Opera (800-67372) y por el 5720111, de Amigos del Teatro.

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