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Robert Redford: Aunque pensemos que estamos al mando del planeta, la naturaleza nos domina

«No importa lo que intentemos hacer con este planeta. Aunque pensemos que estamos al mando, no deja de recordarnos que la naturaleza nos domina y que, al final, tiene el control», afirma Robert Redford, que este viernes estrena Cuando todo está perdido. Una cinta en la que el legendario actor da vida a un hombre que queda a merced de los elementos mientras vaga a la deriva por el Pacífico, reseñó europaress.es.

«Una película de acción existencial», como le gusta definirla al productor Neal Dolson, protagonizada por un hombre que lucha contra los elementos y contra sí mismo, contra su propia desesperación. «Se centra en lo que él hace para continuar con todo en su contra», apostilla Redford que también destaca que su último trabajo es una película de contrastes, de «extremos» ya que nos muestra el lado más idílico y amable de la naturaleza, pero también el más devastador.

«Hay pocas cosas más bonitas que un mar en calma al anochecer, o un mar en calma bajo la luna o al amanecer. Y hay pocas cosas más brutales que una tormenta bajo el mar. «Los dos extremos tienen lugar en esta película», afirma.

Con Cuando todo está perdido, Redford, a sus 77 años, se enfrentó a uno de los rodajes más duros y atípicos de su larga carrera. Fue precisamente eso, que se trataba de un reto cinematográfico singular y rompedor, lo que más le atrajo del proyecto de Chandor. «Cuando nos reunimos, y teniendo en cuenta mi edad, me dijo: Mira, he escrito esto pensando en ti. Lo leí y pensé que era muy duro de rodar. Este atrevimiento me pareció fascinante. Suelen atraerme las cosas que no son fácilmente identificables», afirma el actor que se embarcó así en un rodaje de una complicación máxima, una película sin una sola toma en tierra firme que además tenía una premisa clara: el realismo.

De hecho, Chandor solo usó efectos digitales para realzar la lejanía del cielo y las olas que golpean el barco. El resto fue un rodaje con marchamo artesanal realizado en su mayor parte en alta mar. Una empresa de una complejidad tal que requirió siete semanas de meticulosa preparación, todo un récord para una película independiente de bajo presupuesto. Y más teniendo en cuenta que la cinta se filmó en casi la mitad de tiempo, unos 30 días.

«El plan de rodaje incluía todas las escenas con agua, las escenas sin agua, las escenas con tormenta, con tres barcos, tres piscinas y un plató adicional, escenas nocturnas, diurnas, tomas con efectos visuales y sin efectos visuales. Nunca había producido una película tan complicada», explica Neal Dodson.

El equipo filmó en alta mar en varias zonas del Caribe y del Pacífico. Las tomas acuáticas, los bancos de peces, las barracudas y las imágenes de las decenas de aterradores e impresionantes tiburones se rodaron en las Bahamas, en la costa de Nassau y Lyford Cay, donde el equipo de rodaje submarino bajó a más de 30 metros de profundidad.  Pero alta mar no es un sitio muy seguro para hundir un velero, así que hubo que buscar una solución. Y, una vez más con el realismo como objetivo prioritario, se pensó a lo grande.

Para el rodaje de estas escenas Chandor y su equipo recurrieron a las piscinas de filmación más grandes del mundo. Se trata de las ubicadas en los Studios de Rosarito Beach, en Baja California. Unas mastodónticas instalaciones que fueron construidas para el rodaje de Titanic, hipertaquillera cinta de James Cameron protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet. En la filmación de Cuando todo está perdido se usaron tres gigantescas piscinas, entre ellas la piscina exterior más grande del mundo.

Construida frente al océano, esta enorme piscina tiene «el tamaño de unos tres campos de fútbol» y recrea la sensación de estar en alta mar ya que se funde con el horizonte gracias a su borde infinito. Un pedazo de océano bajo control para rodar con seguridad sin perder un ápice de la sensación de realismo que buscaban Chandor y su equipo. El único sitio del mundo donde se podía rodar una aventura como Cuando todo está perdido.

Para un rodaje de esta complejidad J.C. Chandor no contó con un solo director de fotografía, sino que fichó a dos expertos en distintas suertes artísticas: a Frank G. DeMarco, que se encargaría de las tomas en la superficie del agua, y a Peter Zuccarini, de las tomas submarinas. Su objetivo, el mismo que el del resto del equipo: conseguir el máximo realismo y veracidad visual posible.

«La película intenta ser lo más realista posible. Bob se enfrenta a situaciones muy reales, no queríamos que la película pareciera algo sintético o artificial», subraya DeMarco. Por su parte, Zuccarini, director de fotografía de las escenas rodadas bajo el agua, destaca la «ambición» del proyecto, tanto en su génesis como en su realización. «Es una película muy ambiciosa en cuanto a sus efectos, al ser un rodaje en el mar. Tenemos a un tipo, sus pensamientos, y sus acciones son lo único que puede salvarlo. Descubre su relación con la mortalidad», subraya.

Además de dos directores de fotografía, para hacer realidad una apuesta del alcance de Cuando todo está perdido se necesitaron también tres veleros que recrearan los diferentes estadios por los que pasa el Virginia Jean, la embarcación del personaje de Redford.

Y no resultó nada fácil conseguir tres veleros Cal de 12 metros de eslora que fueran idénticos. «Organizamos una auténtica búsqueda y los compramos en diferentes puertos. Todos fueron importados, lo que complicó aún más la logística. Conseguimos reunirlos dos semanas antes del comienzo del rodaje», relata el diseñador de producción John Goldsmith, responsable de cintas tan aclamadas como No es país para viejos o El último samurái.

Cada una de las tres embarcaciones se utilizaron para un fin distinto: Una sirvió para rodar las escenas exteriores en alta mar, otra para los interiores y el tercer velero para los escasos efectos especiales que se introdujeron en la película. La odisea no fue solo para Redford sino también para los barcos que fueron sometidos a un rodaje durísimo para dotar a la película de todo el realismo posible.

«Creo que hicimos todo lo que puede hacerse filmando con un barco», dice el realizador. «Lo hundimos, lo volvimos a sacar a flote, lo hicimos pasar por una tormenta enorme, lo volcamos y volvimos a hundirlo. Era de suma importancia que supiéramos cómo reaccionan esas embarcaciones, cómo se adaptan al mar, cómo se hunden, y cuáles eran los diferentes elementos de los veleros para que la historia funcionara», señala.

El resultado, una cinta excitante, emocionante y emotiva dotada además de un realismo y una factura técnica envidiables. Un viaje que nos descubrirá el lado más bello, pero también el más aterrador y terrible de las profundidades del océano que, con Robert Redford como capitán, zarpa desde los cines españoles este viernes.

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