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Robots

(%=Image(7461164,»LRCN»)%)El director Chris Wedge nos trae una noble historia sobre competencia y vigencia –piezas y actualizaciones- la fidelidad a los sueños personales, la lealtad con los suyos, el servicio al prójimo, que junto con otros valores humanos cobran vida entre bisagras y hojalatas animadas, cuyas texturas de bronces, pintura descascarada y acero laminado sorprenden al cinéfilo por su realismo.

La trama nos arrastra por el consumismo y el terror a las corporaciones. Los últimos capítulos de Worldcom, Enron, Citibank, Microsoft y Parmalat parecen inspirar esta película.

La redondez de las figuras, sus tallas estilizadas y puntiagudas nos trae reminiscencias del cine fantástico de Fritz Lang en “Metrópolis”, aunque los colores pasteles, parecen estar inspirados en los automóviles de los felices años Cincuenta.

De los personajes, Rodney Hojalata, es el mejor concebido psicológicamente. Manivela está sobre actuado, resulta exagerado, latoso y exasperante en la mayoría de instantes. Demasiado intenso cuándo quiere ser gracioso. Los realizadores de esta cinta han cometido el mismo error de George Lucas. El todavía lamenta haber incluido a Jar Jar Binks en “Episodio I”. De Manivela, podemos decir que su interpretación de “Baby one more time” es su único acierto y por el cual la platea puede desencajarse de risa. Aunque evocar estrellas de pop en cintas animadas, parece demasiado trillado a estas alturas. Lo hizo muy bien “Shrek 2” con un sutil cartel de “San Justin” que se contrabandeaba en la escenografía.

El robot, Phineas T. Ratchet, es el malvado que está dentro de lo esperado. No sorprende, tampoco decepciona. Por un instante parecería que los personajes femeninos quedaron pasmados en el guión. Cappy, la estilizada ejecutiva, luce enamorada de Rodney. Lo mismo ocurre con la agresiva y menuda robot Piper. Aunque ese amor no tiene desenlace ni confrontación. Decepcionante. Si ver una pelea de dos mujeres por un hombre es sugestivo –de allí la popularidad de las luchas femeninas en lodo- Creo que hubiera sido atractivo un ajustón de tuercas entre ambas. Como sea, los personajes femeninos parecen estar de relleno y solo para cumplir con una estética femenina en la pantalla y no tener que explicar un mundo robótico sin géneros.

El trasporte público de Ciudad Robot resulta tedioso, inútil, con mil vueltas y artificios sin sentido. Carece de la originalidad de los “Picapiedras” No tiene la funcionalidad e inventiva que se traspone en los animales, objetos y nombres cuando se recrea el mundo cavernícola. En ese sentido el mundo de los robots fracasa. Una excepción grata resultan ser los carteles de los baños, con los emblemas de conexiones hembras y machos.

Sobre estos robots no entendí que se pretendía con ese desayuno visualmente desagradable, en el que se vierten aceite los personajes. Se supondría que estas máquinas parlanchinas y utilitarias, tendrían sus acoples de engrase. Creo que el realizador quería lucirse, recreando líquidos viscosos, con su software, CGI Studio.

Fuera de foco, la razón por la cual Gran Soldador, el héroe mítico y popular de Ciudad Robot, aparece retirado del mundo de los negocios. ¿No había algo mejor que las fichas del Dominó? ¿En qué estaba pensando el guionista?
Con aciertos y desaciertos, ésta película carece de la redondez que uno busca al final del film y no produce esa satisfacción terminante en el espectador. Sin embargo, el espectáculo visual y el avance de las imágenes digitales, que empiezan a perder su delgada línea diferencial con el mundo real, bien justifican vayamos al cine por esta cinta.

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