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Roca merece el Chus Visor de poesía

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Juan Manuel Roca, el gran genuflexo del (%=Link(«http://www.antologiacriticadelapoesiacolombiana.com/nadaismo.html»,»Nadaísmo»)%)
, recibe del Epulón del Desamparo de los poetas latinoamericanos, las sobras de su banquete. Culmina así Roca su larga peregrinación y limosneo por las estrechas ventanillas del mutuo elogio y el corre ve y diles. El sainete estuvo integrado por Fétida Bella, Luis Gil de Lorca, Párvulo Césped y la poetisa colombiana Servitulia Rodríguez viuda de Dos. Difundimos a continuación una nota del prestigioso crítico español, profesor de la Universidad de New York y (%=Link(«http://http://lacomunidad.elpais.com/una-hoguera-para-que-arda-goya/2009/2/21/arquitrave-premio-visor-critica-2009″,»Premio Visor»)%)
(%=Link(«http://http://lacomunidad.elpais.com/una-hoguera-para-que-arda-goya/2009/2/21/arquitrave-premio-visor-critica-2009″,»de la Crítica»)%)
, Umberto Cobo, sobre el Doctor Honorario de la Universidad de Ciudad Jardín, junto a una rigurosa selección de sus poemas, donde descuella su ya bien conocido rosario metafórico. Para quienes estén interesados en la trayectoria del belarmino de la Moncloa, le invitamos a leer: (%=Link(«http://http://www.arquitrave.com/periodico/periodico_chus_visor.html»,» Los tejemanejes de Chus Visor»)%)

Juan Manuel Roca es quizás el poeta más importante de Colombia, apenas disminuido por el insaciable Álvaro Mutis, de quien es directo heredero. Ha ocupado sin discontinuidad todos los espacios que ofrecieron a la poesía los inventores del Frente Nacional y sus ministros de Educación y Relaciones Exteriores, y su influencia, tanto moral como etílica, pendenciera y poética, sólo puede medirse contando las veces que ha golpeado a botella a los poetas de su país. Hoy no cabe duda que logró convertir la poesía colombiana en algo muy lejano e irreconocible de aquellas tradiciones y momentos que alcanzaron los viejos y anacrónicos líridas como León de Greiff, Aurelio Arturo, Jorge Zalamea Borda, Aurelio Arturo, Jaime Jaramillo Escobar, o Giovanni Quessep, tan ligados al uso de ese despreciable, para Roca, verso de Darío, Lugones, Borges, Neruda, Villaurrutia, Paz, Lorca, Cernuda, Gil de Biedma o Caballero Bonald. Roca se reconoce en exclusivo en grandes poetas de la lengua como Gonzalo Rojas, Stefan Baciu, Clemente Padín, Max Jiménez, o el más espacioso de todos, el inexplicable pero perseverante Juan Calzadilla, el venezolano más conocido del mundo.

Juan Manuel Roca es Capricornio, es decir, un ser ahogado por el orgullo y la soberbia, pero desconfiado y temeroso de ser descubierto en sus ambiciones, mezquindades, crueldad y dogmatismo. Porque como dicen los grandes sabios de la quiromancia, los naturales de Capricornio programan con paciencia, precisión y una antelación de muchos años, su futuro y las metas a conseguir y para ello están dispuestos a todo por encima de todos. Por eso no sorprende que su poesía, además de haber sido traducida al sueco, por María Víctor Kalina, que ha trocado también a Shakespeare, Goethe y Dante, facilitando su camino al Premio Nobel, haya también sido trasladada a lenguas tan populares como el Ainu, Burushaski, Calusa, Hurrita, Keres o Moroítico, o las africanas Ijoid, Bantú, Hadza, Cusítico o el Sandawe, que hablan muchos de los poetas que visitan cada año su ciudad natal o que conoce su amigo, el gran historiador neo-barroco Germán Espinosa, quien fuera embajador de Colombia en varios de esos países, luego de haber escrito un prestigioso alegato contra los enemigos del entonces presidente, el Doctor Otto Morales Benítez. JMR fue, como bien lo recuerda la Enciclopedia de Alejandría, el mejor de los directores que haya tenido el Magazine Dominical de El Espectador, luego del asesinato de don Guillermo Cano. Durante diez interminables años, con un estoicismo digno de Palemón el Estilita, JMR fue propagando la más recóndita poesía de Colombia, mucha de ella escrita por sus propios alumnos y admiradores, en los Talleres de Casa Silva, donde prácticamente vive hace más de veinte años.

Pero si en su talante JMR es idéntico a su maestro, un recuento de su vida pareciera indicarnos lo contrario. Mientras aquel conoció la gloria y el dinero fácil, Roca, que recibió de un rector magnífico de la Universidad del Valle, un Doctorado en Literaturas Comprometidas, si bien fue registrado como nacido en Medellín, se ha sabido recientemente, gracias a una investigación de la eminente insidiosa y filóloga de gran altura de la Real Academia Colombiana de la Lengua, Piedad Amalfi, que vino al mundo en el Hopital San Vicent du Paul, de Niuafunké, actual Mauritania, donde Rubayata Roca, su padre, compraba arena del desierto para apaciguar la violencia colombiana de los años cuarentas. Porque Roca, igual que su entrañable amiga difunta, la poetisa Maria Mercedes Carranza, también conoció en su temprana niñez los beneficios de ser hijo de emisarios, y pudo arrastrarse en las pirámides de Teotihuacán, hacer pipó en el Alcázar de Quetzalpapaloti o en las Tullerías y recibir, de boca del cantor del Cóndor de los Andes, el gran escaldo Aurelio Martínez Mutis, su consagración como el Poeta Nacional de la Metáfora. Fue en esos años cuando el iluminado emitió los más bellos axiomas sobre el arte de la poesía que conozca nuestra lengua: “Escribir poesía es como ser pastor de abismos; dedicarse a ella, hacer agujeros en el agua”.

No hay duda que durante los 13 años [850 ediciones] que JMR difundiera las Ediciones de Visor, ya fuera a la luz del día o en las sombras de la cantina de Marielita en el barrio La Candelaria, la redacción de MD de El Espectador, este fue el aparejo que cambió para siempre el rumbo de la poesía colombiana. Bien puede ser cierto que quien aparecía como directora era Marisol Cano, pero es otra verdad de a puño que la incidencia que ella tuvo en la publicación de los más de seiscientos poetas colombianos en sus páginas fue nula e irrelevante. Roca, con la colaboración de los sindicatos de maestros y los militantes del M-19 lograron lo que nunca pudo hacer Gonzaloarango: convertir en fanáticos de la metáfora a los niños de las escuelas públicas de los casi mil municipios donde los alcaldes suscribieron El Espectador de los domingos. A este Robinson de la cultura se sumaron pronto otros de sus fervientes seguidores como Eduardo Márceles Daconte, Hugo Chaparro Valderrama, Milcíades Arevalo, Juan Carlos Moyano, Santiago Mutis Duran, Fabio Jurado Valencia, Ángel Perea, Juan Carlos Pergolis, Leopoldo Múnera, Salomón Kalmanovitz, y desde sus lugares de monopolio de la cultura Darío Jaramillo Agudelo, Belisario Betancur, Maria Mercedes Carranza, Gloria Zea, entonces de Uribe, Fanny Mickey, Bernardo Hoyos, Gloria Valencia de Castaño y su esposo el erudito en divisas Álvaro Castaño Castillo, Jean Claude Bessudo y Andrés Hoyos, etc., el mas grande equipo de hombres y mujeres cultas desde la generación de Mito que haya tenido Colombia.

Pero toda esta cruzada en pos de su gloria quedaría sin comprender si no dedicásemos unas líneas a las tesis fundamentales de Roca acerca de la poesía misma. Expuestas en un raro y paradigmático ensayo titulado La poesía de lo visual, publicado en la Harvard Papers of Poetry Series, JMR, luego de haber fatigado más de trescientos volúmenes sobre tema concluye que sólo la imaginería metafórica, es decir, la resurrección del Ultraísmo, puede salvar al hombre del caos. Porque como sucediera con aquel emperador de China, para prescindir los males del mundo, primero hay que extirparlos de ese simulacro de realidad que es el arte. Ma Mel Tol, el emperador, habría ordenado a su pintor predilecto, La Moil, suprimir de un cuadro una cascada de agua pues no le dejaba conciliar el sueño. Y afirma JMR: “Lo visual en la poesía, valga decirlo, no tiene únicamente que ver con la disposición tipográfica, aunque fuera tan esencial en los poemas de un gran visionario y vísionador del cubismo, Guillaume Apollínaire y sus Caligramas, sino, más allá de la piel, de la epidermis del lenguaje, en la capacidad evocadora”. Por eso, sostiene, “podemos comparar la mar con una carpintería, porque la garlopa arroja cantidades de viruta a las playas del mundo”, pues la metáfora, “que en griego quiere decir traslado, transporte, llevar de un lado a otro, de una realidad a otra, da a luz nuevas realidades”. Y entonces nos revela cómo, luego de una semana de noches de tormento e insomnio, creó las metáforas o kenningars que cambiaron el discurrir de la poesía en español y que tanto han imitado, sin superarlas, los poetas que le siguen:

El brazo del río jamás esgrime espada.

Los dientes de ajo no comen duraznos.

El ojo de agua desconoce el monóculo.

El cuello de botella no porta collares.

La oreja del pocillo no escucha a Beethoven.

Las manecillas del reloj no usan guantes en invierno.

Los durmientes del ferrocarril no se despiertan a su paso.

Las palmas de las manos no dan dátiles.

La luna de miel no atrae a las moscas.

Las cabezas de los fósforos no tienen aureola, aunque alumbren como santos.

El lomo del libro no recibe latigazos.

La garganta del desfiladero no teme al mordisco del vampiro.

La silla de brazos no es pródiga en abrazos.

El ojo de la cerradura no duerme de noche.

El ojo de la aguja ni siquiera pestañea.

La luna del espejo no altera sus fases.

Cuanta poesía sensorial, cuanta poesía del mañana, cuanta visión del ayer, hay, ciertamente, en esas magistrales expresiones que desvelaban a Roca. Brazo de río, Dientes de ajo, Ojo de agua, Cuello de botella, Oreja de Pocillo, Palmas de las manos, Luna de miel, Ojo de la cerradura, Manecillas de reloj, Lomo de libro, Durmientes del ferrocarril, Silla de brazos, Garganta del desfiladero, son indignas de la poesía de Josémario, pero han sido extraídas de aquel corro de naturales que en pleno invierno, en torno a una roja rosa malaya, extienden sus brazos y reciben calor. Así debe suceder a los lectores de este libro. Sus maravillosos poemas son la llave de los viajes imaginarios, porque como en las manchas que ofrecen los siquiatras a los enfermos mentales, en ellos vemos lo que nos da la gana. Esa realidad que nos encanta y transporta más allá del Holocausto del Palacio de Justicia, los asaltos a los municipios pobres perpetrados por las FARC o las masacres de los paramilitares y el ejército o la policía, y las espectaculares acciones de contrabando de sueños de esos poetas inigualables, los más grandes enemigos del imperialismo norteamericano: el narcotráfico. “Se trata de ese momento –concluye Roca- en que abiertas las batientes de una puerta, la puerta de lo cotidiano, se entrevé un mundo que resulta como una fisura en la realidad, para que aparezca por pocos instantes una verdad estética, una belleza insobornable”.

Umberto Cobo

Plegaria al patrón del titubeo

Más que convicción, dame un bagaje de vacilaciones.

Ellas son mi báscula, mi tributario, mi marea.

Venga a nos el Feudo de lo Dudoso.

Conserva en vilo mis exactitudes,

imaginadas, difuntas y enterradas

en los aparatos de la dejadez. Transpórtame

por las sílices inestables,

sírveme un almuerzo con mollete de la capitulación,

dame a catar el termal de la afonía.

No hay dolos ni sablazos:

no soy Maqroll el Avivato

estoy lesionado y soy mi enfermero.

Sean las convicciones alcázares de nieve

a los que alguien sitia con efusión.

Amo de la vacilación, si vivieras,

atiende la jaculatoria del heterodoxo.

Los casamientos de favila

A esta hora el país

desliza la jerga de sus afluentes

por arenales de sombra.

Yo lo escucho tarareando,

abriendo miles de agujeros

en los establecimientos,

en las poblaciones,

en las plantaciones.

Oigo a la varitera

meciendo la lluvia como si fuera un enano

en su canora azafate, cimbrando angarillas.

Oigo una patria que se hincha entre los juncos

y apegos vedados que se fugan

por las lumbreras de la confusión.

Va cayendo la noche en chamizos y malocas,

en las moradas de antiséptico junto al piélago.

Si pretenden saberlo, lo único que no oigo

es la onda de los eclipsados,

sus horrendas merluzas con el decorador que sabemos

y el atabal del meollo midiendo sus sigilos.

Milonga de los perdidos

La soprano

se mete el micrófono a la boca

mientras la muerte

le toma del pelo

apagándole los bafles.

Un boxeador negro

golpea un costal con arena

mientras la muerte

tira la toalla encima del cuadrilátero.

El panadero

saca el pandebono del horno

mientras la muerte se hornea a si misma.

Otra cantante

esta vez viejona

silva algodones

mientras la muerte les hecha yodo

y azul de metileno.

Si ustedes hubieran visto el guayabo

que tenía ayer.

Yo vi la pelona tocando una trompeta

en el balconcito de mi apartamento

de cuarenta metros

de La Soledad.

Metáfora, espejismo y cantante

Aldonsa Lorenzo

le dio a Alonso Quijano

una flor pero nada recibió a cambio.

El señor de los prototipos

fue derrotado por la mala cara

en ambos casos el ganancioso es otro.

El señor de la vidriera blanca

avasalla a don mácula

pero quien sale ganando es el tiempo

y no el espectador.

La mula se le llena a uno de cucarachas

y uno cree que todo es cierto.

Los libros que leía Rubayata

estaban llenos de plata,

de tiquetes de avión.

de cuentas de cobro del ministerio,

de tramposos y godos como él.

Pero mi mamá era amiga de un

cura y yo de un peluquero

que eran más lechales de gallo

que el propio Gabriel Eligio, mi amigo

de Aracataca.

Por eso Aldonsa se quedó en la casa.

Sin bragas, como siempre.

Para (%=Link(«http://www.elpais.com/articulo/narrativa/COLOMBIA/poema/saturado/elpepuculbab/20020216elpbabnar_12/Tes»,»Edgardo Dobry»)%)

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