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Romance e intriga en un régimen totalitario

(%=Image(7426930,»L»)%) A casi dos décadas de la caída del muro de Berlín, uno esperaría que los alemanes se quieren olvidar de esa etapa gris cuando el régimen comunista de Alemania Oriental –cuyo cínico nombre oficial era República ‘Democrática’ Alemana (RDA)- era un títere de la URSS y ejercía un control totalitario en el mismo estilo soviético a una ciudadanía impotente ante el vasto poder del estado. Sin embargo hace poco vimos filmes germanos como “El túnel! y “Goodbye, Lenin” y ahora aparece “Las vidas de otros”, que de a la postre gana sorpresivamente el Oscar como mejor película extranjera, lo que obliga al menos a reseñarla aunque no esté todavía en cartelera y se consigue poco en videoclubes por fallas de distribución.

Trama sencilla pero cautivante
Ambientada en el Berlín oriental de 1984 (fecha que sugiera el clásico sobre el totalitarismo de Orwell), la trama es relativamente sencilla, pues hay sólo dos protagonistas principales, un dramaturgo (de apellido Dreyman) y un agente policial (Wiesler), funcionario de la notoria policía secreta, Stasi. Para simplificar el texto los llamaremos D y W, mientras que a la amante del dramaturgo (Christa-Marie) la llamaremos CM. Resulta que W tiene el tedioso trabajo de vigilar a D, no porque es sospechoso sino porque un ministro del régimen se encaprichó con CM, una atractiva actriz, y hace que la Stasi busque alguna prueba para arrestar a D y así quitarlo del medio para tener la vía libre al corazón de CM. Una típica trama de intriga romántica dentro de un país totalitario, donde se trata de complacer a los caprichos del jefe con recursos del estado.

Para cumplir su delicado trabajo W instala micrófonos en la vivienda urbana de D y escucha todo desde el apartamento de al lado, vigilando al incauto dramaturgo las 24 horas del día. Así, W averigua que D es el autor de un artículo, publicado en Alemania Occidental, sobre la alta incidencia de suicidios en la RDA, y se empeña en encontrar una prueba, que sería la máquina de escribir con la que redactó el artículo, cuidadosamente oculta por D para evitar ser acusado de la autoría. Finalmente obligan a CM a revelar el escondite de la máquina, y ésta se suicida por la vergüenza que le causa su delación, engrosando irónicamente las estadísticas que D trató de revelar en su artículo.

(%=Image(6530347,»R»)%) Mientras tanto W había simpatizado con la pareja D-CM, y sufre también un cargo de conciencia por el odioso trabajo que llevó a la muerte a la mujer, y edulcora los informes a la Stasi, haciendo aparecer a D como un intelectual leal al régimen. Pero la falsedad de sus informes es finalmente descubierta, con lo que W es degradado y asignado a una sección rutinaria de la Stasi, encargada de abrir con vapor los sobres de la correspondencia de sospechosos.

Después de la reunificación de las dos Alemanias, D encuentra su propio expediente en los archivos de la Stasi, ahora públicos, y escribe un libro sobre esa fase de su vida. Irónicamente, se la dedica a W, quien eventualmente se entera del mismo y lo compra en una librería. Los dos hombres, que nunca se conocieron personalmente, ahora están relacionados para siempre por el libro que narra las peripecias que los unieron por casualidad en la etapa totalitaria de Alemania Oriental, revelada con lujo de detalles ahora por D gracias a la apertura democrática.

Un recordatorio oportuno
Evidentemente, se trata de una trama oportuna para alertar acerca de los peligros que acechan a los disidentes en gobiernos totalitarios, al mismo tiempo que nos trae un cuadro realista de esos tiempos grises, cuando la lealtad al régimen contaba más que la ética y la competencia profesional, o ésta se usaba para favorecer a los dueños del poder. También muestra el conflicto moral que acecha a todo el que se pliega a métodos reprobables que atentan contra la dignidad humana, además de constituir un veredicto político sobre los oprobiosos regímenes comunistas de la Europa Oriental, descaradamente corruptos e indignamente sometidos a sus amos soviéticos. Una etapa que conviene olvidar pero también recordar por sus descarados atropellos a la libertad individual, que seguramente los nuevos gobiernos democráticos, con todas la fallas que afloraron por los cambios sufridos al caer el muro de Berlín, se cuidarán de repetir. Al mismo tiempo el filme es un oportuno recordatorio de que hace menos de dos décadas, media Europa estaba sometida a una humillante tutela foránea y a odiosos regímenes autoritarios. Una lección que aparentemente no ha sido aprendida por algunos gobiernos de ex repúblicas soviéticas, como los de Bielorrusia, Ucrania y algunos del Cáucaso y Asia Central.

Un raro producto de un novato
Aparte del enfoque político del filme, la crítica encontró que se trata de una cinta bien construida, actuada y realizada, a pesar de que el director es un cineasta novato, un tal Florian Henckel, que antes sólo había trabajado para la televisión. Parece que Henckel supo hacer una mezcla óptima entre un filme de espionaje y un estudio humano de caracteres, abundando en detalles reveladores sobre la naturaleza humana y su comportamiento en ambientes opresivos. Henckel reconoció la influencia de Francis Ford Coppola, autor de un clásico de espionaje como “La conversación”, donde se utilizan recursos similares a los usados en el filme.

((Los elogios abundan en las reseñas críticas, que lo califican casi con unanimidad como un raro logro fílmico por su alta calidad artística y técnica, concediéndole la crítica latina entre 70 y 90 puntos sobre 100, mientras que la norteamericana le da una calificación promedio de 94% en el sitio Rotten Tomatoes. Algo reservado sólo para las obras maestras, y que parece justificar plenamente la selección entre las cinco nominadas para el Oscar y su posterior asignación de la codiciada estatuilla dorada. Ahora que conocemos su argumento y su expediente crítico, esperaremos con ansia su estreno en nuestra salas o su amplia distribución en video para apreciarla en una pantalla con imágenes y sonido. ))

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