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Tiepolo (1696-1770) La voz del genial pintor veneciano

(%=Image(2608091,»L»)%) Hombre y artista entre dos épocas y, por tanto, sometido al vértigo comprometedor de los cambios, concitó los odios de los clasicistas dogmáticos y puritanos, pero su sentido pictoricista y su penetrante mirada escarbadora de los más íntimos secretos le han salvado y le salvarán de cualquier veleidad de gusto o moda. Y es que lo que pintó nos resulta imprescindible, porque nadie hizo lo que él hizo, y porque su manera de hacerlo está tan plena de la sabiduría tradicional y tan repleta de soluciones innovadoras que aún nos queda mucho que aprender acerca de su arte.

El decorador más brillante y fecundo de Venecia en el siglo XVIII y la máxima figura de la pintura ilusionista del barroco, residió y pintó en nuestro país, durante los últimos ocho años de su vida.

Giambattista Tiépolo nació en Venecia el 5 de marzo de 1696 y murió en Madrid el 27 de marzo de 1770. Discípulo de Gregorio Lazzarini, se revela después, cuando adopta el fresco, como el más directo sucesor del Veronés. Desarrolla un estilo decorativo muy audaz, donde los espacios llenos o vacíos son siempre de una deslumbrante claridad. Como buen perspectivista, evita conceder lugar importante a las arquitecturas. Decora la capilla del Santísimo Sacramento y el palacio arzobispal. Se convierte en un artista célebre y recibe encargos importantes. De esta primera época son: El repudio de Agar, Virgen del Carmen, Gloria de Santa Teresa, El Triunfo de las Artes y muchos cuadros de temas mitológicos. Una de sus mejores obras es Camino del Calvario.

Llamado por Carlos III viaja a España (1762), donde ejecuta los techos del salón del trono del palacio Real con el fresco. La apoteosis de España y El triunfo de Eneas para el salón de Alabarderos.

La pintura de este último gran representante de la escuela veneciana es una continua superación. Hacia 1740 adquiere un estilo propio: líneas onduladas, equilibrio en el movimiento de masas, transparencias en el color, y armonía y claridad en las formas.

Tiépolo se especializó en las grandes decoraciones al fresco, desde el versallesco palacio bávaro de Würzburg hasta el madrileño palacio de Oriente, pasando evidentemente por varias de las más nobles residencias del Véneto, adquiriendo en esta técnica una justa fama al combinar el sabio sentido teatral del gran barroco decorativo italiano con un nuevo cromatismo claro, una aguda perspicacia realista, un gusto por lo exótico, un muy refinado erotismo y una envolvente y elegante suntuosidad. Pero el genial Tiépolo sabía hacerlo todo bien y dio sobradas pruebas de ello. Así, por ejemplo, sus bocetos al óleo son tan admirables como sus cuadros, sus dibujos están a la altura de los grandes maestros italianos de todas las épocas y sus grabados tienen difícil parangón, como bien supo apreciar y aprovechar Goya. Y como escribió el poeta-pintor: “Te diría: / -Eres bella, eres bella / como el azul glorioso de los techos”, versos que fueron escritos en la arrebatadora atmósfera de los techos pintados por Tiépolo.

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