Vida con estilo

La cocina paraguaya en tiempos de guerra

A nadie escapa que la gastronomía de Paraguay, una fusión española y guaraní, es fuente de aporte proteínico, aunque pocos la relacionan con la fortaleza mostrada por los paraguayos durante la Guerra de la Triple Alianza, cuando resistieron contra tres países y durante años de penalidades.

Así lo sostiene el historiador y chef paraguayo Vidal Domínguez, quien plantea en un libro que esa resistencia, casi numantina, contra la coalición formada entre 1864 y 1870 por Brasil, Argentina y Uruguay, no hubiera sido posible sin una dieta lo suficientemente consistente.

«El paraguayo estaba muy bien alimentado y lo corrobora un oficial brasileño que escribe que la fuerza de un soldado paraguayo equivale a la de siete brasileños», dijo a Efe Domínguez.

De acuerdo con Domínguez, se trataba básicamente de una dieta «rica, con mucha carne, pero también abundante en miel, grano y diferentes tipos de frutas».

Sin embargo, la superioridad militar y numérica acabó por imponerse. Paraguay quedó destruido y perdió a cerca de la mitad de la población, quedando una relación de cuatro mujeres por cada hombre, según los cálculos más aceptados por los historiadores.

«Se regresó a una alimentación de subsistencia, a base de carne silvestre y se trataba de hacer harina de lo primero que se encontraba, como por ejemplo la pulpa de cocotero», dijo.

Fue un panorama de hambrunas que, cuando se vuelve a la normalidad, esta supone un regreso a los fundamentos de la gastronomía paraguaya, cuyo nacimiento Domínguez fecha sobre 1637, unos cien años después de la fundación de la ciudad de Asunción por parte de los españoles.

Es en ese intervalo de un siglo cuando se dio el contacto y el intercambio de ingredientes, de recetas y de técnicas de cocina de los dos pueblos, entre ellas las que España había tomado prestadas de los árabes.

«Entre los españoles había muchos andaluces que trajeron lo que aprendieron de 600 años de dominio árabe y esto se mezcló con la comida de los guaraníes, que tenían hasta once técnicas de cocción», dijo Domínguez.

Las huestes españolas, desde soldados a religiosos y colonos, llevan sus especias, sus guisos, sus caldos, sus asados sus formas de hacer el arroz, comentó el cocinero.

Y los guaraníes les proponen elaboraciones propias como la chipa, un panecillo salado elaborado a base de almidón de mandioca, o la sopa paraguaya, una masa de harina precocida de maíz.

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