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Vocación y ética mantienen en pie a la Universidad Simón Bolívar

La Universidad Simón Bolívar (USB) sobrevive. A pesar de atravesar la peor crisis de su historia por el presupuesto limitado, las fallas de transporte, los cortes de energía eléctrica, el cierre del comedor y la deficiencia en el suministro de agua potable, esta casa de estudios continua impartiendo clases a más de 5.000 estudiantes en sus ambas sedes.

Esta institución de educación superior creada en 1967 contaba con 105 autobuses que cubrían distintas rutas en la ciudad capital, el estado Aragua y el estado Vargas para trasladar a casi 10.000 personas a diario entre empleados, obreros y profesores.

La vicerrectora administrativa, Mariella Azzato, en conversación con el equipo de Analítica.com relató que «hoy en día cuentan solo con 34 unidades que durante el verano no están funcionando pero esperan poder reactivarlas para el mes de septiembre con las colaboraciones de organizaciones internacionales».

Mariela Azzato, Vicerrectora administrativa de la Universidad Simón Bolívar. Foto: @rastavafotografia

Mientras tanto quienes están haciendo uso de las instalaciones debe «pedir cola para poder trasladarse». En el lugar asignado como la parada de la institución se hace agrupan los estudiantes esperando que alguien les ofrezca llevarlos a Caracas, se pueden demorar entre 30 minutos y una hora.

En lo que se refiere al comedor, desde hace más ocho meses tuvo que cerrar sus puertas porque el presupuesto asignado por el Ministerio de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología no es suficiente para poder comprar los alimentos que integran el menú.

Ni siquiera nos alcanza para poder comprar la sal y los condimentos

«Aquí había estudiantes que venían solo a comer porque se servía desayuno, almuerzo y cena pero ante el cese de este servicio, tuvieron que abandonar la universidad», comentó Azzato.

Cada plato tenía alrededor de 2000 kilocalorías, se servía sopa, proteína, carbohidrato, ensalada, fruta y postre. Pero luego del recorte presupuestario pasaron a servir 400 kilocalorías, «en ocasiones llegamos a servir una arepa o, inclusive, pasta sola», contó la profesora.

Servicios

En la sede que está ubicada en Sartenejas, municipio Baruta, hay cortes de energía eléctrica constantes, estas medidas forman parte del plan de racionamiento que puso en marcha el gobierno a raíz de lo apagones que se produjeron durante el mes de marzo.

«Para paliar esta situación estamos trabajando en proyectos sustentables que nos permitan adquirir una planta eléctrica que garantice el servicio en las aulas de clase», explicó la vicerrectora.

El agua también es un servicio escaso en la USB, han llegado a pasar hasta 20 días sin recibir el servicio lo que dificulta el uso de los baños y además el mantenimiento de las instalaciones.

«La alternativa a la que recurrimos es un pozo de agua que tenemos dentro de la universidad, se instaló un sistema y nos permite reunir dos litros de agua por minuto», dijo Azzato.

Instalaciones

La sede de Sartenejas es de unas 230 hectáreas y gran parte de ello corresponde a áreas verdes, el mantenimiento de las mismas se ha dificultado porque no cuentan con los recursos para pagarles a los encargados de esto.

«Hemos tenido que recurrir a alianzas con las Alcaldías de Baruta y del Hatillo para la poda de algunos espacios. Hemos cortado árboles pero podar, por ejemplo, un chaguaramo cuesta 1.200.000 bolívares y no tenemos para eso», comentó la profesora.

Una de las obras más importantes que hay en esta casa de estudio es el Laberinto Cromovegetal que diseñó Carlos Cruz Diez y está constituido por más de 56.000 plantas que fueron organizadas por colores pero la misma también fue afectada.

«Ya no está como al inicio pero actualmente estamos poniendo en marcha una campaña de recuperación con empresas privadas porque este es uno de los pocos creado por el maestro que queda vivo en el mundo», explicó.

Estudiantes

Desde su fecha de creación, las dos sedes de la Universidad Simón Bolívar aproximadamente a unas 25.000 personas entre las carreras de ingeniería, arquitectura, urbanismo y ciencias, además de 7.232 estudiantes con el grado de Técnico Superior Universitario (TSU) y 5.000 especialistas, magíster y doctores.

La deserción se ha convertido en un punto álgido para la educación superior por diversas razones, hay quienes deciden salir del país o dedicarse a otros oficios que les ofrezcan una remuneración con la que puedan cubrir sus necesidades básicas.

«Tenemos una gran merma de estudiantes que se van porque no pueden con el sistema, estudiantes que se van porque tienen que ayudar a sus padres a trabajar», señaló Azzato.

Sin embargo, el próximo mes de septiembre dará inicio el nuevo semestre y aspiran a recibir unos 2.000 estudiantes de nuevo ingreso que provienen de la asignación de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (Opsu).

Para la vicerrectora, la principal falla en cuanto a la continuidad de los estudiantes en la universidad corresponde al déficit de preparación con el que provienen del bachillerato.

Durante el primer año de estudio en cualquiera se llevan a cabo pruebas en las que solo aprueba el 2% o 3% de los estudiantes, «esos resultados nos permiten deducir que les faltan conocimientos básicos», manifestó la vicerrectora.

Por ello fue creado el Mecanismo para el Empoderamiento de Competencias Educativas (Mece) en el que se les brinda la oportunidad de prepararse, competir y reforzar la instrucción académica recibida durante la etapa secundaria.

Además de ello se implementa un programa de nivelación complementario a la carrera, que no es obligatorio, y les permite cumplir con las competencias. De esa manera se ha logrado mantener la matrícula.

Profesores

Las aulas del país se han quedado vacías no solo por la falta de estudiantes, los bajos salarios que perciben los profesionales de la educación los han obligado a abandonar sus puestos de trabajo.

«Un profesor con 24 años de carrera no cobra más de 200.000 bolívares», según la profesora Azzato, esto se suma a que no cuentan con un seguro médico y una cobertura de gastos funerarios.

Pese a ello hay una gran cantidad de docentes que ha apostado por continuar llevando a cabo su labor y se siguen impartiendo las clases en todas las áreas.

«Seguimos aquí por vocación y porque creemos en que tiene que haber un cambio, independientemente de cualquier gobierno, las universidades van a continuar», dijo la vicerrectora.

Los mismos obstáculos a los que se enfrentan los estudiantes, son los que viven los profesores así que las clases virtuales son una opción para garantizar que reciban la formación requerida.

Ayuda

Para poder colaborar con la institución que los formó, los alumnos egresados decidieron crear la organización AlumnUsb, con sede en Estados Unidos, en 2015 con Gabriel Golczer a la cabeza.

«Decidimos iniciar este proyecto para poder hacer aportes en las áreas que se han visto afectadas y para reponer equipos que las autoridades no pueden adquirir por el poco presupuesto», explicó Golczer.

La universidad les hace llegar la información sobre cuales son las áreas más afectadas para así poder hacer los cálculos en cuanto a la cantidad de dinero que necesitan.

«Nuestro primer donativo fue de 13 video beam que hacían falta en la Unidad de Medios Audiovisuales, pues la USB solo podía costear uno, además de los equipos del departamento de Control de Estudios de Sartenejas», comentó el actual investigador de Harvard.

Cuentan con la ayuda de la Federación del Centro de Estudiantes, quienes se han encargado de hacer las investigaciones para poder hacer un muestreo en cuanto a los problemas de iluminación que hay en las instalaciones y así poder hacer la donación de bombillos.

Además de las campañas de recaudación, tienen un programa de becas para los estudiantes que «tienen un alto rendimiento y pocas posibilidades económicas» para poder llevar a cabo su preparación académica.

«Tenemos un programa de premiación a los profesores que logramos iniciar en octubre del año pasado y con el cual beneficiamos a 50 personas para reconocer la labor que realizan en la universidad a pesar de la crisis que atraviesa el país», contó Golczer.

La meta actual consiste en recabar 100.000 dólares para poder recuperar los 34 autobuses que se encuentran en mejores condiciones para que así toda la comunidad que hace vida en la USB pueda reintegrarse a sus labores en septiembre.

«Sabemos que es una tarea difícil pero no imposible, la cifra tiene este monto tan alto porque las unidades de transporte tienen deficiencias que van desde cambios de caucho hasta la creación de un motor nuevo pero confiamos en que lo vamos a lograr», dijo el coordinador de AlumnUSB.

Gabriel Golczer no solo quiere ayudar a que la universidad mantenga sus puertas abiertas, también pretende ser una inspiración para los estudiantes pues con esfuerzo y dedicación logró convertirse en investigador en la Escuela de Medicina de Harvard, específicamente en un centro dedicado al cáncer.

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