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1958, año de profundos cambios políticos

El bombardeo del palacio de Miraflores, en la madrugada del 1° de Enero, permitió percibir a los venezolanos la inmensa debilidad que presentaba el régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Su decisión de no convocar a elecciones en diciembre de 1957, como establecía la constitución de 1953, y tomar el atajo del plebiscito para prolongarse en el poder, había activado la resistencia popular. Ciertamente, el dictador logró controlar inicialmente la insurrección militar, pero el creciente descontento existente mayoritariamente en las Fuerzas Armadas se manifestó de dos maneras: la primera, la presentación, el 9 de enero, de un memorando por el general Rómulo Fernández, jefe del Estado Mayor General, exigiéndole al dictador una rectificación en la política del régimen, la reorganización del gabinete Ejecutivo y una mayor presencia militar en el gobierno; la segunda, el inicio de una nueva conspiración. El general Pérez aceptó las sugerencias reorganizando, de inmediato, el gabinete ministerial.

La salida del gobierno de Laureano Vallenilla Lanz y de Pedro Estrada, incrementó la violencia en las calles. El 9 de enero se realizó una multitudinaria manifestación popular en El Silencio, la cual fue duramente reprimida. El 13 de enero, el dictador detuvo al general Fernández y lo envió al exterior, encargándose del ministerio de la Defensa. Estas medidas aumentaron el descontento militar. La conspiración empezó a tomar fuerza. Al mismo tiempo, circularon diferentes manifiestos de importantes sectores nacionales: el Colegio de Ingenieros, la Asociación Venezolana de Periodistas, grupos de intelectuales, federaciones obreras y sectores empresariales. La Junta Patriótica convocó a una huelga general el 21 de enero. En la noche del 22 de Enero, un grupo muy importante de oficiales pertenecientes a la Escuela Militar y Básica iniciaron un proceso de desobediencia que empezó a generalizarse en los distintos mandos de las Fuerzas Armadas.

Ante esta realidad, el general Marcos Pérez Jiménez decidió abandonar el país en el avión presidencial, acompañado de su familia, y algunos ministros. En la Escuela Básica se constituyó una Junta Militar formada por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal, quien la presidió y los coroneles Carlos Luis Araque, Pedro José Quevedo, Roberto Casanova y Abel Romero Villate. Al hacerse pública estas designaciones, sectores populares se lanzaron a la calle, rodeando el palacio de Miraflores, protestando las designaciones de los coroneles Roberto Casanova y Abel Romero. Presionados, al mismo tiempo por oficiales jóvenes, los mencionados coroneles fueron obligados a renunciar, siendo designados en su reemplazo Eugenio Mendoza y Blas Lamberti. La nueva Junta de Gobierno designó un gabinete provisional constituido de figuras independientes y del general Jesús María Castro León, ministro de la Defensa. Grandes manifestaciones de alegría conmocionaron al país.

Las amenazas en contra del nuevo régimen empezaron casi de inmediato. La primera crisis militar surgió alrededor del teniente coronel Hugo Trejo, el cual inició una gira por todas las guarniciones provocando fuertes tensiones. El ministro de la Defensa y su jefe del Estado Mayor General, coronel Jesús Manuel Pérez Morales solicitaron su destitución. Fue designado embajador en Costa Rica. Al mismo tiempo, algunos grupos militares empezaron a mostrar un creciente descontento, rodeando al general Castro León, quien recibió apoyo de todos los comandantes de Guarnición. El 23 de julio, envalentonado por ese apoyo, decidió desconocer la autoridad de la Junta de Gobierno. El respaldo mayoritario de todas las fuerzas políticas y la convocatoria de una gran manifestación en El Silencio lo hizo renunciar a su cargo. Otro intento de insurrección ocurrió el 7 de septiembre en el cuartel de la Guardia de Honor. Grupos de manifestantes, en medio del fracaso del golpe, asaltaron dicho cuartel.

Estas amenazas fueron analizadas por las más importantes fuerzas políticas, las cuales negociaron un gran Acuerdo Nacional entre los partidos Acción Democrática, URD y Copei, con la finalidad de oponerse a cualquier amenaza en contra del régimen democrático, mantener una gran altura en el debate político, respetar el resultado electoral y constituir un gobierno de Unidad Nacional. A los pocos días, Rafael Caldera lanzó su candidatura presidencial, URD y el partido Comunista le ofrecieron la candidatura presidencial a Wolfgang Larrazábal, quien la aceptó renunciando a la presidencia de la Junta y solicitando su baja de las Fuerzas Armadas. A los pocos días, Rómulo Betancourt lanzó su candidatura. El 7 de diciembre se realizaron las elecciones. El resultado fue muy competido obteniendo Rómulo Betancourt: 1. 284. 092 (59,4 %), Wolfgan Larrazábal: 903.479 votos y Rafael Caldera: 423,262 votos. El 13 de febrero asumió la presidencia de la República, Rómulo Betancourt, iniciándose un largo período de cuarenta años de democracia y libertad…

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