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A Veces Lo Que es Obvio Para Unos No lo Es para Otros

Diariamente me percato de cuánta falta hace conversar, explicar por qué pensamos como lo hacemos, enseñar, educar, compartir conocimientos y experiencias… Si queremos que nuestra sociedad funcione, debemos enseñar valores y principios, debemos dar el ejemplo, debemos actuar con conciencia. Esa es la única manera de tratar de lograr que se vaya produciendo una transformación.. Eso no ocurre de la noche a la mañana. Toma tiempo y requiere de mucha constancia y perseverancia.  Debe dársele seguimiento a la enseñanza.

Un trabajador estaba en casa de mi mamá haciendo un trabajo. Él nos comentó que mientras estaba allí, había llegado un señor de una casa vecina para pedir que lo dejaran pasar para agarrar unos limones del jardín. Obviamente, él contestó que no tenía autorización para dejar pasar a nadie a la casa que no era suya.  El señor de la casa vecina le dijo con mucha seguridad:. “El otro señor que trabaja aquí me deja pasar sin problemas y siempre me da limones.. No es la primera vez”.

Gracias a Dios, el trabajador mantuvo su criterio de no dejar entrar a nadie a quien no le hubieran autorizado expresamente a que dejara entrar y nos comentó lo que había ocurrido mientras él estaba en la casa.

Cuando confronté al otro trabajador que con base a lo que me habían comentado había dejado pasar al señor de la casa vecina y había regalado los limones de mi mamá, me encontré con una situación que no esperaba.  No había sido una sola vez.  Reconoció que lo había hecho varias veces y que no solo le había regalado a ese señor los limones sino que también le había regalado limones y otras frutas a otras personas.  Le pregunté:  ¿De quién es la casa?…¿De quién son los limones?.  Lo que para mí parecía ser una respuesta fácil no parecía ser tan fácil para él.  Le pedí que me mirara a los ojos y volví a repetirle las preguntas.  Finalmente me contestó que eran míos.  Le corregí.  “No son míos.  Son de mi mamá.  La casa es de mi mamá.  Esos árboles los sembraron mis padres.  Los frutos son de mi mamá.  Ni siquiera son míos.  Por eso, cuando yo voy a disponer de los limones le pregunto a mi mami antes de proceder”. .Me miraba en silencio. Al final de nuestra conversación que, al principio, más bien parecía un monólogo, creo que quedó claro que aunque él trabajara en la casa o cuidara del jardín, él no tenía ningún derecho a regalar lo que no era de él.  Ni siquiera a prestarlo. Tampoco tenía derecho a agarrarlo para él. Él tenía que preguntar antes, igual que yo debía preguntarle a mi mamá.  Lo que era de ella era de ella. Lo que era mío era mío y lo que era suyo era suyo.  Igual que a él no le gustaría que yo tomara cosas de él, a mí no me gustaba que agarraran lo mío ni lo de mi mamá.  Un concepto tan sencillo requirió de toda una explicación y de toda una lección.

Tenemos que estar seguros de que nuestros trabajadores entiendan los principios básicos y los compartan.  Tenemos que asegurarnos de que entiendan que lo que tenemos es fruto de nuestro trabajo diario de años de vida.  Hay sólo algunos que han hecho dinero fácil en muy poco tiempo y, en la mayoría de esos casos, el dinero no ha sido bien habido.  Los demás hemos estudiado, nos hemos preparado, hemos trabajado, hemos ahorrado y hemos levantado a nuestras familias con esfuerzo y dedicación.  Esto nos ha tomado una vida y aún hoy seguimos trabajando para mantener lo que tenemos.  Dediquémosle el tiempo a enseñar lo que a nosotros nos enseñaron.

¡Prendamos una vela y pasemos la luz!

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