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¡A votar!

¿Se atreverá el régimen a realizar un gran fraude electoral el 6 de diciembre? Es la pregunta que, a cuatro días de la crucial fecha, se están haciendo los venezolanos y la comunidad internacional. Es la preocupación que pende sobre la expresión de la soberanía  popular por todos esperada.

A pesar del ventajismo sin precedentes desplegado por el oficialismo, a pesar de la utilización descarada de los recursos de la Administración Pública, a pesar del black-out  mediático decretado contra la oposición democrática por quienes con arrogancia hacen uso de su hegemonía comunicacional, a pesar del terrorismo de Estado traducido en intimidación y atropellos políticos de toda laya, a pesar de las triquiñuelas y maniobras dirigidas a confundir a los votantes, a pesar del control de un CNE incondicional,  el resultado electoral, urbi et orbi, está pronosticado unánimemente por las encuestas de modo irreversible:  no hay manera de que pueda ser favorable al gobierno.

El acatamiento del inminente pronunciamiento de la voluntad del pueblo venezolano ha sido demandado por la ONU a través de su Alto Comisionado para los Derechos Humanos,  por la OEA a través de la célebre carta de 18 páginas del Secretario General enviada el pasado 10 de noviembre a Tibisay Lucena  recordándole la transparencia y la justicia electoral  “que usted desde el CNE debería garantizar”, por cincuenta intelectuales españoles y latinoamericanos (encabezados por el Premio Nobel Mario Vargas Llosa y el filósofo Fernando Savater) que en comunicado público  exigen “que el actual gobierno (de Maduro) respete el resultado de las próximas elecciones”, y por varios gobiernos y organizaciones internacionales. Para completar las voces alzadas contra un eventual fraude, también la Iglesia venezolana , por boca del cardenal  Jorge Urosa  Savino, ha reclamado que “estas elecciones sean pacíficas y que todos respetemos los resultados”, y, a falta de la negada observación internacional  más creíble, ha instado a la Misión de Unasur a garantizar, con su “acompañamiento” tan cuestionado, “la transparencia del proceso electoral”.

Ante la interrogante inicial de este artículo, algunos opinan que es una ingenuidad pensar que quienes no tienen ningún talante democrático y obedecen las órdenes de la Cuba de los Castro que necesita seguir beneficiándose con las regalías venezolanas que recibe, que quienes tienen que conservar el poder para tapar sus robos y el saqueo al tesoro público, que quienes tienen conexiones con el narcotráfico y el lavado de dinero en bancos ocultos o recién descubiertos en el exterior  y  temen perder sus inmensas fortunas, que quienes saben que pueden ser sometidos  al juzgamiento nacional e internacional  por haber cometido flagrantes violaciones de los derechos humanos, puedan desmontar el fraude que tienen montado y acepten la derrota.

Sin despreciar ese punto de vista, cabría conjeturar que el pueblo en la calle y el gran sector de la Fuerza Armada no comprometido con la corrupción, harán respetar la Constitución e impedirán la burla, si es que se intenta,  a lo que digan las urnas electorales.

¡A votar!.

Carlos Canache Mata

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