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Agradecimiento

Carlos Canache Mata

El pasado 17 de julio, la Asociación de Parlamentarios Jubilados, que preside el diputado Antonio Sotillo Luna, realizó, con la adhesión de otras instituciones, un homenaje o reconocimiento, que atribuyo a la generosidad de sus integrantes, a mi actuación en el Congreso Nacional durante la era democrática, y a propósito de que cumpliré 92 años de edad el próximo 22 de septiembre. En el acto intervinieron Oswaldo Alvarez Paz, Marco Tulio Bruni-celli, Eduardo Morales Gil, Lilia Arvelo, y me correspondió decir las palabras finales. Sobre el acto, han aparecido en los medios artículos y comentarios  de Ramón Guillermo Aveledo, Ramón Escovar León, Luis Barragán, Miguel Gómez Muci, Adolfo P. Salgueiro, Germán Gil, y algún otro nombre que se me puede escapar, a todos, muchas gracias.

El paso por el Parlamento Nacional, en representación de mi natal Estado Anzoátegui, fue un paso largo que se extendió por 36 años, bruscamente interrumpido en 1999, cuando Hugo Chávez, que entonces iniciaba su aprendizaje del autoritarismo, cesó el funcionamiento de las dos Cámaras, Senado y Diputados, que el año anterior habían sido electas por el sufragio popular para el período 1999-2004. Montado en la cuerda floja de varias maromas pseudo-jurídicas, Chávez sustituyó el Congreso Nacional por el tristemente célebre “Congresillo”, que sirvió de bizagra para la controvertida convocatoria de una Asamblea Constituyente no prevista en la Constitución vigente, la de 1961, y para la posterior convocatoria de la Asamblea Nacional, nuevo nombre y expresión unicameral de lo que era el Congreso.

La actividad parlamentaria de la era democrática, 1958-1998, se diferencia notablemente de  la que hemos conocido dirigida por el chavismo-madurismo. En la primera, se protagonizaban debates de altura; en la segunda, no hay debates sino un coro de voces repitiendo el mismo discurso. En la primera, se respetaba al adversario político; en la segunda, se injuria a los que tienen una militancia partidista distinta. En la primera, el lenguaje no caía en la procacidad; en la segunda, sobresale la vulgaridad. En la primera, había control de la gestión gubernamental y se abría investigación a las denuncias de corrupción; en la segunda, se deja hacer al gobierno lo que le venga en gana y el saqueo del tesoro público pasa inadvertido.

En sus palabras, el destacado dirigente demócrata-cristiano Oswaldo Alvarez Paz, dijo: “Aún recuerdo el inolvidable día en que por haberse vencido el período constitucional y estando al inicio del quinquenio presidido por Luis Herrera Campins, le entregué la Presidencia de la Cámara luego de tomarle el respectivo juramento”. También recordó Oswaldo que en cierto tiempo coincidimos, él en la jefatura de la fracción parlamentaria de Copei y yo en la jefatura de la fracción parlamentaria de Acción Democrática, “por lo que debíamos mantener permanente y cercano contacto”. Por su parte, mi compañero de partido Marco Tulio Bruni-celli, se refirió al tema de “la honestidad en el manejo de los recursos públicos” y “a los noventa y dos años poder mirar hacia atrás, sin nada de qué arrepentirse”, lo que me permitió después decir en mis palabras que “mi pobreza es mi mayor riqueza”.

Pido perdón por la referencia personal que quise evitar, pero no pude.

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