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Al hombre nuevo le robaron la infancia

La madrugada de este domingo 19 de marzo fue imposible pasar por alto una noticia: Un niño de 10 años de edad y una joven de 15 años mataron con un cuchillo a dos sargentos para robarlos.

Siguen las averiguaciones y se habla de un grupo de niños en situación de calle, que tienen entre 8 y 16 años, y operan en Sabana Grande como una banda que roba a los transeúntes.

Por su parte, los dos sargentos del Ejército, que fueron atacados a cuchillo por los dos menores de edad, solo tenían 23 años.

¿Quién es la víctima y quién el victimario? La repuesta está a la vista: son todos. Son esos niños que apenas comienzan a ver la vida y que no conocen su valor, ni de juegos, ni de educación. Son esos dos jóvenes quienes, a pesar de su condición de militar y de tener ciertas habilidades de autodefensa que no tienen los civiles, murieron acuchillados por unos niños.

Las víctimas son esos niños por los que en 1998 Hugo Chávez juró quitarse el nombre si a un año de su mandato seguían viviendo en la calle. En 2017 no son menos, son más y están en manos del hambre y el dolor.

Las víctimas son todos y cada uno de los jóvenes de este país quienes tienen prohibido pasear por las calles de la ciudad a las 3:00 am porque consiguen la muerte.

No son niños malos o culpables, son víctimas de un sistema que les robó la infancia, que no les dio la oportunidad de educarse y tener una familia. Esa misma oportunidad que roba el sistema creado por el Gobierno para que valga más revender alimentos y medicinas escasos, que estudiar y trabajar para tener buenos ingresos económicos.

¿Qué niño puede traer maldad en su alma? Cada una de las cuchilladas que dieron a los militares para matarlos se la imprimió el hombre nuevo, ese cuyos valores están muy distantes de la Venezuela donde se pensaba en prosperidad y en trabajar para tener un futuro mejor.

Esos niños fueron criados con el sistema revolucionario bien marcado, ese lleno de impunidad, que no aprecia la vida, donde no hay libertad de caminar por las calles. Esos niños solo han percibido maldad, hambre y una vida a la deriva.

Por su parte, las otras víctimas, unos militares, tampoco tuvieron la oportunidad de entender qué pasa en el país que los vio nacer, cuando no pueden ni caminar por un bulevar sin ser atacados.

Todos nacidos en este sistema del hombre nuevo, en esta guerra, en esta revolución, que indudablemente hoy vive su siembra.

Ojalá Venezuela recobre el camino democrático y vuelva a marcar la pauta de la decencia, la educación, el valor por la vida, el amor hacia la infancia, el encuentro entre hermanos.

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