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Algo tiene que cambiar

Un caso dantesco sacude a México: una mujer secuestró (y ayudó a matar) a una niña de 7 años para que su pareja no se metiera con sus hijos. Según ella misma confesó, “Mario quería una novia chiquita”. Y ella, en vez de denunciarlo en la policía, en una plaza pública, dejarlo o mudarse, lo complació. Otro feminicidio más para la larga lista mexicana.

Pero no es sólo en México. España, un país de primer mundo, tiene unas estadísticas que espeluznan. Y así, en todas partes. El sistema de justicia –al parecer- no está diseñado para proteger a las mujeres. El sistema no les cree. Minimiza las denuncias. Hay policías que se burlan (tal vez ellos mismos sean agresores), y ni siquiera se acercan a las casas de donde los llaman.  Cuando detienen al agresor, lo sueltan, en general, por “falta de pruebas”. Una de las mujeres asesinadas este año es España, había denunciado a su pareja, pero la policía no hizo nada. Por eso no denuncian.

Más allá de eso, la gran pregunta que me asalta es por qué las mujeres maltratadas, en su mayoría, regresan con el agresor. Si a mí un hombre llegara a ponerme un dedo encima, no me vería más nunca en su vida. ¿Regresan por los hijos? ¿Qué ejemplo para los hijos es que un padre maltrate a su madre? ¿Qué repitan el patrón, el varón de agresor y la niña de agredida?…

La autoestima de las mujeres maltratadas debe estar por el subsuelo. Que piensen que no puede haber nada mejor, es terrible. Habrá otras masoquistas, que les gusta que las maltraten, pero ésa es otra historia.

Cuando mi papá era joven, iba manejando por una carretera cerca de Lobatera, Estado Táchira, cuando vio que de una casita salió una mujer en dormilona, pidiendo auxilio. Detrás de ella venía un hombre con una correa en la mano, persiguiéndola. Mi papá detuvo el carro, agarró al hombre, le dio un pescozón y lo lanzó en la cuneta. Casi inmediatamente la mujer que pedía auxilio le cayó encima a mi papá y comenzó a golpearlo: “él es mi marido y si quiere matarme, que me mate”, lo increpó. Mi papá nunca salió del asombro que le produjo aquella historia tan triste.

Si bien es cierto que la denuncia en muchas ocasiones no sirve, la solución tampoco es no denunciar. Las mujeres tenemos que exigir que se cumplan las leyes. Visibilizarnos. Unirnos. Algo tiene que cambiar.

@cjaimesb

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