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Barco parado…no gana flete

Nos embarcamos por séptima vez en el barco de cruceros que preferimos. Se llama Crystal Serenity y con su hermano, el Crystal Simphony, conforman la línea que da servicios, durante los últimos veinticinco años, al segmento más exigente de la increíble industria de cruceros de lujo en todo el mundo.

Con la aparición de los aviones de alta velocidad y largo alcance las navieras que se nutrían de viajeros de origen y destino, vieron tambalear su futuro. Tuvieron que reinventarse y diseñar nuevos objetivos. Nacieron los cruceros, en los inicios, duraban siete días y partían y regresaban al mismo puerto. Se diseñaron rutas que ofrecían interesantes escalas que generalmente solo duraban las horas del día.

Más adelante, aparecieron empresas que iban recorriendo largos viajes divididos en cruceros de más o menos corta duración (siete a quince días) en los que ahora se partía de un puerto y se concluía, cada segmento, en un destino interesante. Crystal se afilió en esta modalidad. Hoy, sus buques hacen recorridos de gran interés en variadas regiones del globo.

Crystal Serenity es un barco adorable. No es muy grande, pero tampoco es pequeño. Aloja un millar de pasajeros en cabinas preparadas para atender dos o tres pasajeros cada una. Para atender esa población cuenta con un personal de seiscientas cincuenta y un personas que vienen de cincuenta y cuatro naciones diferentes, una verdadera “Naciones Unidas”. La línea ofrece una de las mejores relaciones entre personal y pasaje. La mayor población de trabajadores viene de las islas Filipinas y en este viaje superan las trescientas personas.

Disfrutar de un crucero en sus instalaciones es un privilegio y una maravillosa aventura. En sus comodidades, las actividades comienzan con el alba y se extienden hasta muy tarde en la madrugada. El servicio es impresionante, sus trabajadores tienen como objetivo la de adivinar el pensamiento de cada pasajero y todos están orgullosos de brindar lo mejor de cada quien.

El personal responsable de la navegación tienen muy presente la mejor explotación de la tecnología disponible y la seguridad de la operación ocupa el sitial más importante.

Quienes se ocupan del mantenimiento de las instalaciones tienen por norte que cada recurso se mantenga en las mejores condiciones posibles, tan cerca de su situación inicial como les es posible.

El personal que atiende la hotelería, tal como sucede en las instalaciones que merecen cinco estrellas, saben que todo tiene que funcionar perfecto. Las mucamas, que atienden los camarotes, tienen la habilidad de reordenar y limpiar cada cabina con la mayor eficiencia y la óptima discreción. Cada una, ajusta su horario a las costumbres de sus huéspedes.

Quienes atienden los diferentes comedores están convencidos y fascinados de ofrecer los condumios de la mejor calidad y la más cuidada preparación.

El personal que se ocupa de las infinitas fuentes de distracción, hacen que cada evento tenga calidad mundial.

Pero nos interesa destacar un evento reciente. Al abordar nuestro crucero con el comienzo del mes de mayo, fuimos impresionados por la remodelación a la cual se sometió el barco entre esta visita y la anterior. Todas las cabinas fueron reconstruídas, a todos los pisos donde están los camarotes, incluyendo sus áreas de ascensores, se les dotó de estupendas moquetas de la mejor calidad y los espacios de comedores del nivel once se rehicieron con el más exquisito gusto y la mejor operatividad.

El espacio donde estaba la piscina de Neptuno fue remodelado de manera profunda, se llegó al extremo de eliminar dicha piscina, ganando espacio para nuevas mesas de atención a los pasajeros.

La mayor sorpresa nos la llevamos cuando preguntamos el tiempo que se consumió para realizar ese mantenimiento o reconstrucción mayor, y la sorpresa no la hemos digerido, todo ello se realizó en Cádiz, España, en apenas dos semanas.

De allí el título de estas líneas: Barco parado… no gana flete.

Este crucero fue magnífica oportunidad para despedir y desearle el mejor futuro al Capitán Glen Edvardsen, quien ha sido el Capitán del Serenity por doce años, desde su botadura, y ahora va a destinos de gran responsabilidad al frente de una naviera de transporte de automóviles nuevos. Le deseamos la mayor suerte en su desempeño, con su profesionalismo está garantizada. Los mandos del buque se han entregado al Capitán Birger J. Vorland, quien en adelante será su líder.

Nos enteramos que la titularidad de las acciones de la compañía están cambiando de manos, su propietario, la mayor empresa del mundo de transporte de mercancías, japonesa con unos trescientos buques, ha vendido la operación a una corporación china que se apresta a atender las expectativas de la industria con la incorporación del mercado chino al fascinante mundo de los cruceros de lujo. Vienen tiempos muy interesantes.

A bordo del Crystal Serenity el 11 de mayo de 2015.

[email protected]
@rafael862

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