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Boicoteandito

Vamos a arrancar recordando un par de acontecimientos históricos.

1955. En Montgomery, Alabama, la costurera Rosa Parks se rehúsa a ceder su asiento en el autobús en favor de un pasajero blanco, por lo cual es arrestada. Se inicia un boicot contra las autobuseras, encabezado por Martin Luther King. Los pasajeros asumen el sacrificio de caminar largas distancias diarias. Al cabo de unos meses,  la Corte Suprema interviene contra la práctica racista y las líneas de transporte colectivo ceden.

Década de los 70. El subcompacto Ford Pinto se convierte en una bomba ambulante, pues coge candela cuando lo chocan por detrás. Muchos pasajeros mueren. Henry Ford II, chairman of the board de la corporación, desdeña olímpicamente a los críticos. Se organiza el boicot por figuras como Ralph Nader. Las ventas caen en picada. El soberbio heredero acusa el golpe con la automotriz oliendo la bancarrota. Los golpes al bolsillo pegan duro. La puya en el ojo duele.

Okey, dirán ustedes (o “vales”, como retrucan en Madrid), eso funciona en el norte donde existe división de poderes, libre expresión y estado de derecho. Aquí, en la otrora Tierra de Gracia, eso es impensable, no hay tradición al respecto, el rrrrégimen campea por sus fueros y, por sobre todo, se carece de un liderazgo bragado que se atreva a asumir tácticas y estrategias que se aparten de lo electoralista a ultranza.

“Elecciones, sí, aun sin garantías, porque nos gusta el bochinchito. ¿Desobediencia civil? ¿Resistencia pacífica y activa? ¿Con qué se come eso?”, barruntan muchos de estos adalides que por más de veinte años han arrastrado la causa democrática venezolana de fracaso en fracaso.

Lo cierto del caso, nos atrevemos a puntualizar, es que dada la desilusión creciente de la casi totalidad de nuestra ciudadanía hacia cierta dirigencia que se niega a adoptar conductas diferentes con respecto al rrrrégimen, muchos dolientes preocupados se atreven a proponer acciones de resistencia y desobediencia. Enhorabuena.

Dentro de ellas, el boicot. ¿Por qué?

Ya no es un secreto para nadie que los jerarcas y enchufados han repatriado sus caudales mal habidos. Ya no pueden adquirir propiedades ni blanquear capitales en el primer mundo, aunque nos alegan por ahí que en la España del Psoe y de Podemos todavía los bolichicos lavan sus churupos.

Solo les queda la opción de invertir en la “república bolivariana”, coto de caza cerrado para los privilegiados, donde se ha implantado un neocapitalismo salvaje adobado con una dolarización sin anestesia. Los boligarcas acaparan y monopolizan alimentos, medicinas, materiales de construcción y demás renglones, casi siempre mediante importaciones masivas sin control alguno.

Todo ello a través de las firmas comerciales que dominan y en complicidad con la inmigración parasitaria que nos ha invadido en estas dos décadas pasadas.

¿Esto lo vamos a resolver mediante elecciones amañadas? Yo “jayo” que no.

Comencemos, entonces, nuestra iniciativa desobediente y resistente mediante el boicot. Organicémonos para concientizar e informar a nuestros conciudadanos sobre el particular.

Identifiquemos las empresas y taguaras pertenecientes o asociadas a jerarcas, enchufados, corruptos y cómplices. Y no les gastemos ni media locha partida por la mitad. Con mis escasos y escuálidos cobres no se van a lucrar.

Ni un céntimo más para esas sanguijuelas.

Les doy un par de pistas para comenzar a boicotear.

Las tiendas y centros comerciales del árabe empresario rojo del traquitraqui. No compremos más su pacotilla.

Los negocios de los chinos del chavismo, acaparadores de azúcar, por ejemplo. Si tengo que beberme el guarapo mañanero sin dulce, pues que así sea. Pero ni un bolívar soberano (así esté réquete devaluado) para esos vampiros asiáticos.

Gandhi, entre otros, aplicó la política del boicot para ayudar a la causa de la independencia de la India. ¿Por qué nosotros no?

Ojo, esta no es sino una de las muchas aristas que podremos utilizar en un esquema masificado de no cooperación con la satrapía. Hay muchas más opciones que se pueden activar para retomar la iniciativa en esta lucha que pareciera no tener fin. Debemos poner a trabajar las neuronas en ese orden de ideas. Se oyen sugerencias.

Mientras los venezolanos nos morimos de mengua, los jerarcas y enchufados, los chinos del chavismo, los rusos de Putin y los cubanos castristas están gordos, cachetones y rozagantes, como cochinos cebados.

[email protected]

@QAlbuerne

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