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Bueno es recordar

El título no pretende, como pudiera parecer de una primera lectura, hacer alabanza de eso que se llama “recordar los viejos tiempos, o los tiempos idos”, que no es otra cosa que añorar lo que fue y ya no es “…hay que amar el minuto presente y la brillante inmensidad del porvenir, lo pasado bueno o malo ya pasó, ya se hizo, ya no puede dejarse de haber hecho…”. Si consideramos bueno recordar, es porque como tenemos presente lo que hemos vivido, de alguna manera debe servirnos para no repetir los errores que condujeron y gestaron lo que estamos viviendo.

Por eso es bueno recordar “que esas lluvias trajeron estos lodos”. Cuando se escucha en el ambiente y se lee en los medios electrónicos ante la casi desaparecida prensa escrita, que el usurpador Maduro es un fenómeno que no podemos identificar de donde salió. Al contrario de lo que ocurre en Cuba donde el “establishment” reconoce a Díaz-Canel como el heredero de los Castro, en Venezuela, es tal el desprestigio del usurpador, que muchos chavistas buscan marcar distancia con él. En amplios sectores de eso que fue y ya no es, el chavismo, se lo percibe.

Si uno se detiene en los escritos, en las declaraciones de los que aparecen hoy relegados y en general en todas sus manifestaciones, se evidencia, en realidad no se evidencia, porque es tanta la filigrana que se esgrime cuando escriben o  cuando hablan, para lograr eso, eso que llaman “marcar distancia”, que no es otra cosa que la construcción de una meta que tiene como finalidad dejar establecido que una cosa es el chavismo y otra el madurismo”. Y desde luego son cosas distintas, como fueron distintos el Castrismo (de Cipriano) y el Gomecismo. 

Este proceso lleva al día de hoy 22 años, 9 meses y una semana (7 días exactos), en los cuales Chávez y el hoy usurpador, que entonces era simplemente Maduro compartieron desde el 2 de febrero de 1999, fecha de la toma de posesión hasta ¿el 28 de diciembre de 2012 o fue en marzo del 2013 cuando murió? catorce (14) años, menos un mes o más un mes y esos otros poquitos días que no vale la pena contabilizarlos.

No fue desde el propio 2 de febrero de 1999, cuando Chávez Frías tomó posesión de la presidencia, que Maduro formó parte de la plana mayor, pero fue nada menos que Ministro de Relaciones Exteriores y Vice-presidente, lo que significa dos de los tres cargos más altos del Poder Ejecutivo, si incluimos el Ministerio del Interior; y dos de los cuatro si añadimos el Ministerio de la Defensa, especialmente desde que la Fuerza Armada se declaró chavista, a pesar de la prohibición constitucional que pesa sobre ella. Esos dos cargos también los desempeño José Vicente Rangel.

Pero ahora que la “torta” es descomunal es natural que quienes han participado en ese lapso de 22 años, 9 meses y 7 días quieran venir a decirnos “yo no fui”; lo cual me contenta mucho aunque deba aclarar que no creo en esas manifestaciones, no porque niegue el derecho de todo ser humano a errar y a rectificar, sino porque el proceso de “marcar distancia” es tan tardío que pareciera no haberse originado en un juicio crítico de lo que se venía haciendo desde el 2 de febrero de 1999, sino desde una división anti-histórica del “proceso de la revolución” en un “antes y después de Chávez”.

Es como que me cuenten que una cosa fue con Lenin y otra con Stalin. En esas frías y lejanísimas tierras de la desintegrada Unión Soviética quien ejerce el mando es nada menos que Putin que fue jefe de la KGB; y no fue el usurpador sino Chávez Frías quien propició ese acercamiento, incluido Lukashenko otro jefe de la KGB pero en Bielorusia.  Bienvenidos los arrepentidos, para mí que soy cristiano si hay propósito de enmienda, sin perjuicio de que vuelvan a recaer porque la misericordia de Dios es infinita, pero COÑO, que no nos digan que tienen un proyecto diferente, que nos digan que es “el mismo proyecto pero que lo van a hacer bien y dará resultado”. Yo estoy demasiado viejo para tragarme ese cuento, pero si siguen creyendo que el plan funciona y logran el poder y no funciona, como hasta ahora no ha funcionado, en nombre del honor “suicídense”.

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