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Calvani, el desarrollo y su financiación

Inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia Católica, el Dr. Arístides Calvani (1918-1986), como canciller de la República (1969-1974), fue moldeando una teoría de las relaciones internacionales conforme a la cual los países y los organismos multilaterales debían orientar sus recursos y acción al logro del desarrollo socioeconómico de “todos los pueblos y todas las naciones,” especialmente las más pobres y atrasadas.

El visionario estadista venezolano proponía el aprovechamiento de los progresos tecnológicos y científicos que se avizoraban con la llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969 (cuyo 50mo. Aniversario se celebrará este año). Si los países avanzados, planteaba el fundador de la Escuela de Ciencias Sociales de la UCAB, asumen el compromiso de propiciar prioritariamente  el desarrollo de los países que padecen el subdesarrollo, el mundo evolucionaría hacia una sociedad supranacional una economía universal,” con lo cual la humanidad alcanzaría la justicia social internacional y el bien común universal (Calvani y la paz del desarrollo, Analitica.com, 11.01.2019; y Calvani, la tecnología y la economía universal, Analitica.com, 01.02.2019).

Han coexistido diversas formas de cooperación al desarrollo a nivel bilateral, multilateral y supranacional. La cooperación al desarrollo es de carácter no reembolsable, aunque su financiación también se manifiesta por medio de créditos en condiciones preferenciales (plazos y tasas de interés) otorgados por organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo y la CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Banco Mundial, entre otros.

Los países industrializados y los emergentes con más altos ingresos destinan una fracción de su producto nacional (PIB) a la financiación de proyectos de desarrollo en países de bajos y medianos ingresos. Existe una meta del 0,7% del PIB de los países desarrollados como ayuda no reembolsable al desarrollo, fijada por la ONU. Las ayudas abarcan desde donaciones por catástrofes naturales hasta el financiamiento de programas de agricultura sustentables, ambiente, educación y salud.

La cooperación al desarrollo no reembolsable ha sido criticada por su falta de efectividad, por la corrupción de los gobiernos receptores y sus protegidos, o por la finalidad geopolítica de los donantes. Se ha argumentado que mientras se mantenga la desigual división internacional del trabajo y se afiancen las prácticas proteccionistas, arancelarias y paraarancelarias, para el acceso a los mercados de los productos de exportación de los países subdesarrollados, las ayudas siempre serán insuficientes. Claro está, el desarrollo de una nación es fundamentalmente responsabilidad de sus clases dirigentes y de sus connacionales.

En los años 60 y 70 del siglo XX, la concepción de la ayuda como simple donación de fondos no reembolsables empieza a ser objetada y se remplaza por el lema de “más comercio y menos ayuda” (“more trade and less aid”). El ministro Calvani critica la utilización política de la ayuda al desarrollo por no considerarla genuina. Reprocha tanto a las naciones industrializadas capitalistas como a las que entonces practicaban el “socialismo real” (comunismo):

“La financiación al desarrollo está, de hecho, llena de contradicciones. La donación desinteresada es una excepción…La política de bloques y la división del poder mundial en torno a dos grandes potencias han instalado vicios profundos en la ayuda internacional…En un sistema, la dominación económica conduce…a la penetración política y cultural. Bajo otro signo, la dominación política e ideológica implica…el control y la explotación económicos…De hecho, ordinariamente, el suministro de recursos o constituye una simple operación mercantil o persigue objetivos ideológicos y políticos.”

Vale la pena apreciar el significado de las advertencias del canciller Calvani a tenor de la Guerra Fría existente en aquellas décadas. La caída del Muro de Berlín en 1989 y la desaparición de los regímenes comunistas en Rusia, Europa Central y Oriental y casi toda Asia (hoy, la gran mayoría ha transitado hacia democracias liberales con economías sociales de mercado), han permitido mejorar la calidad y efectividad de la cooperación y la financiación al desarrollo. Un ejemplo de ello son los programas no-reembolsables instituidos, por ejemplo, por la Unión Europea, principal donante del mundo.

No obstante, los planteamientos del preclaro jurista y educador venezolano no dejan de tener validez a la luz de los indicios de una nueva Guerra Fría en los albores del siglo XXI. El resurgimiento de autoritarismos populistas, ultranacionalismos divisionistas y anacrónicas rivalidades geopolíticas podrían descarrilar los avances que han alcanzado los procesos de integración pacífica en África, Latinoamérica y Asia-Pacifico (incluyendo los de los países desarrollados), apuntalados por novedosos esquemas de cooperación y financiación al desarrollo, inspirados ahora en las nuevas Metas de Desarrollo Sustentable del Milenio, definidas por la ONU para el año 2030.

@lxgrisanti

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