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Carta a María Corina

Es con preocupación que sigo la grave escalada de persecución contra las oposiciones de su país, las cuales, desde el inicio de este año, vienen sufriendo actos de violencia –algunos brutales- que hace décadas no testimoniábamos en nuestro continente. Por mérito y sacrificios personales, con impetuoso coraje y firmeza cívica, Su Excelencia se convirtió en un símbolo de resistencia democrática y de la no violencia en su país.

Por larga tradición diplomática y hasta por mandato constitucional, Brasil no interviene en cuestiones internas de países amigos, defiendo el principio del entendimiento y de la solución pacífica de desacuerdos políticos. Por otro lado, hay también una larga tradición según la cual impera, en los momentos de crisis y de inestabilidad, el deber de la solidaridad entre países que aman la democracia. En nuestros días, no hay legitimidad fuera del ideal democrático, lo que supone la universalidad de la ciudadanía, de los derechos políticos y de los derechos civiles.

Como aprendimos a duras penas, en el Brasil que luchó por su redemocratización y en otros tantos países de nuestro continente, la libertad y el derecho de expresión, la pluralidad de opiniones y la posibilidad de disentir, son fundamentos inalienables de las democracias.

La República Bolivariana de Venezuela es, hoy, miembro pleno del Mercado Común del Sur, nuestro Mercosur, al cual accedió con el compromiso del respeto a la cláusula democrática inscrita en los documentos constitutivos de ese Bloque. Por esa razón, lo que pasa en Venezuela, o en cualquier otro de los demás miembros del Mercosur, interesa a Brasil y a toda nuestra región.

Cuando Su Excelencia estuvo aquí, en febrero pasado, el Parlamento brasileño tuvo la oportunidad de mostrar su solidaridad con su lucha en la defensa del sagrado derecho de disentir, de contraponer ideas. En aquella oportunidad, en la condición de Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional del Senado Federal de Brasil, pude testimoniar, al lado de mis eminentes Pares, las credenciales democráticas de su militancia política. Confieso que, entonces, todavía tenía esperanza de que su país pudiese reencontrarse consigo mismo por medio de un diálogo constructivo y solidario que llevase a la superación de la actual crisis que tantas desventuras y tantas pérdidas causa a todos los venezolanos.

Brasil mantiene lazos históricos de respeto, solidaridad y amistad con Venezuela. Brasil ama la democracia y tiene la obligación de actuar en su defensa, en la defensa de las libertades públicas y de los derechos humanos. En esas condiciones, sepa Su Excelencia que el Senado de la República seguirá acompañando los próximos acontecimientos de la lamentable crisis que abate al país vecino. Y que estaremos instando a nuestro Poder Ejecutivo, por medio del Ministerio de las Relaciones Exteriores, a manifestarse en protección de la integridad de los opositores decididos como Su Excelencia.

Aprovecho para informarle que, en vista de los indicios de atropello a los derechos y garantías del debido proceso legal, principios inscritos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, interpondré buenos oficios al Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, el Canciller Luiz Alberto Figueiredo Machado, para comunicarle el tenor de la correspondencia enviada por su Su Excelencia a mí, así como esta mi respuesta. Además, solicitaré informaciones sobre las gestiones del Gobierno brasileño en el entendimiento entre las fuerzas políticas venezolanas, proceso en el que ha participado el propio Canciller Figueiredo, bien como los debidos esclarecimientos sobre la tramitación y las perspectivas de la acción judicial de la que Su Excelencia es objeto. Daré conocimiento a Su Excelencia tan pronto reciba respuesta de la Cancillería brasileña. Entre tanto, le recomiendo diligenciar refuerzos en su propia seguridad, así como en la de sus familiares, al mismo tiempo que hago votos para que la situación se tranquilice, para el bien de todos los venezolanos. Finalmente, pido que no deje de mantener a sus colegas Parlamentarios, en Brasil y en los demás países del Mercosur, al tanto de esa situación que tanto nos preocupa.

(El Sen. Ricardo Ferraço  es el Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa del Senado Federal de la República Federativa de Brasil)

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