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Casi 20 años de desvergüenza (bolivariana)

Antonio José Monagas

Todo comenzó a develarse el 2 de Diciembre de 2007 cuando, gallardamente, el pueblo venezolano votó en contra de la Reforma Constitucional toda vez que entendió la necesidad de reivindicar la soberanía de sus decisiones y el derecho político a participar mediante la legítima expresión de sus necesidades e intereses. Luego de tan rotunda negativa a deformar alevosa y aberrantemente el mapa social, territorial, económico y administrativo del país, el tiempo arreció lo que venía gestándose desde 1999.

Particularmente, a la par de las bravatas e insolencias del Presidente de la República quien ese diciembre de 2007, se vio abiertamente derrotado ante el panorama nacional e internacional. Y que luego, el llamado proceso revolucionario vive grandes tribulaciones al ver reducido sus execrables intenciones de inmolar al país, mediante humillantes y atroces decisiones, en beneficio de un absurdo propósito enmarcado por la fracasada ideología marxista–leninista.

Con insulsos descaros que sólo apostaban a degradar la majestad de tan honorable posición pública, la de ocupar la presidencia de la nación, el gobierno socialista se entregó groseramente a la tarea de elaborar y tomar decisiones que obviaban valientes clamores y demandas populares. Por ello, manifestó resentimiento y odio que consiguió hacer realidades mediante órdenes que han condenado a Venezuela al último lugar en desarrollo y democracia entre los países de América Latina. Pero además, primero en corrupción opacidad democrática y en violencia de toda índole y alcance. Así que valiéndose de sus ínfulas militaristas, y sirviéndose de la facultad habilitante para legislar unilateralmente, han violado repetidas veces preceptos capitales de la Constitución Nacional. Y al mismo tiempo, normativa pública.

Desde la propia Presidencia de la República, se ha transgredido la condición fundamento que exalta el texto constitucional cuando declara que Venezuela se constituye en “un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia”. Generalmente, se permean tendencias de un gobierno que a lo interno practica de modo campante un impoluto capitalismo. Pero que a lo externo pregona el sacrificio en aras del bienestar colectivo para justificar no sólo valores y principios argumentados por el ordenamiento jurídico nacional que ha pegado contra el suelo a la sociedad venezolana.

Asimismo en casi 20 años de revolución “bonita”, el gobierno central ha demostrado una conducta política, al lado de un comportamiento social, que raya con la mediocridad como si fuera la forma más expedita para motivar una superación a la inversa. Es decir, todos los venezolanos están ahora igualados por debajo para trazar una desmesurada distancia entre dos clases sociales injuriosamente marcadas: la clase gobernante y la clase gobernada.

Para ello, se utiliza el discurso aguerrido para resguardar tanta inmundicia que, en nombre de una presunta revolución que ni siquiera es referida por la Constitución de la República, mucho menos el socialismo del siglo XXI, pretende ejercitarse sin medida alguna con perversos mecanismos y criterios de acción. De esa forma, ha transcurrido el tiempo hasta hoy. Entre arremetidas, amenazas, contrariedades y procacidades incitadas y expuestas por el jefe del gobierno central razón por la cual puede decirse que van casi 20 años de desvergüenza (bolivariana).

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