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Cavilaciones e imágenes de la Semana Mayor

Cuando comienzo a escribir es Domingo de Ramos en Villa de Cura y en buena parte del mundo.  Pienso en la manera de recordar este día, este episodio histórico y me parece que luce barnizado, con retoques de acto cultural, para decirlo al estilo de Cabrujas.  Este día Jesús entra a Jerusalén montado en un burro, vistiendo una túnica, detrás de él los Apóstoles, las santas Marías y cuando llega, el gentío al verle grita entre pitos y tambores, lemas. Alaban a quien en breve va a ser uno de los más grandes mártires de la tierra. Esta puesta en escena, es una recreación como de comedia barata, pobretona, que niega, la esencia de lo que el domingo de Ramos representa.

Jesús, según el evangelio de Lucas: cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella.  Imagino que lleno de tristeza al ver en lo que se había convertido. Afligido y lleno de valor Jesús avanzó montado sobre el borrico, Herodes también había entrado a la ciudad, montado a caballo y rodeado por sus guardias. Jesús tomó a la ciudad en paz y se proclamó rey. Un rey como el que nos describe el pastor bautista Charles H. Spurgeon: Príncipes de la tierra, presten oídos; hay uno que reclama ser contado entre ustedes. Es Jesús, el Hijo de David, el Rey de los judíos. ¡Abran paso, emperadores, ábranle paso! ¡Abran paso al hombre que nació en un pesebre! ¡Abran paso al hombre cuyos discípulos eran pescadores! ¡Abran paso al hombre cuya túnica era la de un campesino! Es decir, había entrado como uno de nosotros, uno de esos que gritaban consignas, HOSANNA, bendito el que viene en el nombre del Señor y agitaban los ramos, hacían reverencias porque estaban profundamente cansados de su gobernante que era Herodes. El momento está cargado de fuertes emociones, los indignados han levantado su voz de protesta. Un colosal episodio que trata de la toma del poder terrenal y espiritual en un glorioso acto de paz. Jesús avanza entre una multitud harta de ser vejada. Avanzan los días y Jesús es apedreado, humillado, lacerado, herido de muerte, crucificado, enterrado y quienes logran esto, es decir, quienes ejercen el poder ayer como hoy, cantan su victoria, que es menos que pírrica, y poco les dura, como todos conocemos, porque llega la resurrección de nuestro Señor, el sempiterno, el dador de fe y esperanza para todos los humillados de esta tierra.

En esto pensaba también la Semana Santa pasada, cuando llamó mi prima Carmen Hernández Paradisi. Me preguntó si podía acompañar a unos amigos, que venían con la intención de hacer unas fotografías al Santo Sepulcro de nuestro pueblo. Imposible negarme. Fue así como conocí a José Augusto Paradisi, acreditado artista plástico, villacurano, primo de Carmencita y desde ese día mío, a Jorge Benavides, otorrino, profesor de voz y a Giuseppe Andreone, reconocido fotógrafo.

Después del recibimiento, comenzamos el itinerario. Se trataba de llevarlos a la Casa del Santo o Casa del Santo Sepulcro y es que aquí en la Villa de San Luis, muchos Santos tienen sus propias moradas en lugar de vivir en la Iglesia. Al lado de mi casa reside Humildad y Paciencia. A un par de cuadras de ésta, por la avenida Bolívar en una imponente casona colonial, habita Jesús en su Sepulcro y en la calle Miranda, en la casa que fuera del poeta Candelario Matos, vive la Virgen Dolorosa.

Los amigos quedaron impactados por la imagen sagrada de la Madre del Señor. Enfundada en su traje negro, bordado en perlas y pedrería, su rostro afligido, lloraba, exhibía su dolor. Al Sepulcro no podíamos acceder, no solo por la cantidad de personas que van hacer sus ofrendas, sus súplicas y a demostrarle su adoración, sino porque se debe obtener el permiso de la Asociación de Cargadores del Santo. Entre el tumulto busqué al presidente y le presenté al grupo.  José Augusto, con su magnífica oralidad, le explicó con detalle el objeto de la visita del amigo Giuseppe.  Le contó que el año anterior, es decir en el 2014, había hecho las fotografías de la Divina Pastora, durante la tradicional procesión que se realiza en Barquisimeto, Lara. Apretones de manos, palabras, gestos y nos permitieron entrar al recinto donde yace el Hijo de Dios. El señor José Luis Madero, presiente de la Asociación, nos atendió con mucha cordialidad y en la conversación, apuntó: -“total no somos nosotros quienes damos este permiso, quien lo da es el Santo Sepulcro, por aquí han venido cantidad de fotógrafos y por razones que ignoramos y que no podemos explicar muchas de las fotos no salen”. Fue enfático: – “Así que les advertimos, solo saldrán sí el Santo quiere”.

Guardé en mi corazón esta expresión que roza lo sagrado y comenzó el milagro. Giuseppe Andreone logró un banco de más 900 fotografías entre las que se cuentan las del Santo Sepulcro quien dio su permiso, las de la Virgen de la Dolorosa, las de multitud de feligreses,  los niños, los vendedores, las Verónicas, los presos, los cargadores, los tarantines, los vendedores de perendengues, fritangas, dulces, inciensos, estampitas y otras cosas más.

Esto ocurrió desde el jueves hasta el viernes santo a las doce de la noche, cuando el Sepulcro llegó a su morada. Gran parte después de haber salido en procesión hacia la iglesia el vienes a las 9:00 de la mañana, donde estuvo desde la 1:00 de la tarde, hasta las 7:00 de la noche, cuando regresó en procesión hacia su casa. Cuando lo vimos entrar era medianoche. En este trayecto Andreone cambió lentes, pilas, se perdió entre la música de la banda, sudó igual que los más de cuatrocientos hombres que cargan la imagen en turnos de sesenta por vez, capturó reliquias, muecas, gestos, santos.

Giuseppe, Jorge, José Augusto y mi persona estuvimos allí viviendo y atesorando muchos de los aspectos de esta procesión de honda tradición para los villacuranos y para muchos otros, que vienen de distintos lugares del país a rendir culto al Cristo Yacente. Pero solo Giuseppe Andreone, materializó, apresó estas imágenes que permanecerán largos años, porque la buena nueva es, que este grupo de personas tiene la aspiración de publicar, esperamos que prontamente, un libro con las imágenes logradas en la Semana Santa del año 2015, con crónicas y notas sobre la historia de esta demostración de devoción y fe que cuenta más de doscientos años.

Tal y como aquel Domingo de Ramos, el pueblo de Venezuela, harto sacude las Palmas Benditas, alza la voz en todas las esquinas contra quienes lo vejan y lo humillan. El cristo, nuestro Señor Jesús, en esta Semana Mayor nos da fuerza para seguir adelante hasta encontrar la manera de vivir en un mundo mejor. Mientras tanto, en el paisaje de marzo y bajo 35 grados de temperatura, los apamates se cargan de flores moradas y blancas, señalando el medio luto de estos días. Nos preparamos para la resurrección de Jesucristo y del país. Le hemos pedio levante a nuestra patria y que nos ayude con este amoroso proyecto.

Con gran placer, les dejo una pequeña, pero significativa, muestra de las fotografías de Giuseppe Andreone.

Rosana Hernández Pasquier

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