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¿Cero mata cero?

Brian Fincheltub

Bastaron sola unas cuantas semanas desde el anuncio de reconversión monetaria para confirmar lo que ya todo el mundo sabía: se trata nuevamente de un soberano fracaso. Los pocos que sonrieron cuando el régimen venezolano aumentó el salario mínimo y le eliminó los ceros al bolívar deben estar hoy con la sonrisa fría. La dictadura nuevamente les vio cara de pendejos y practicó con ellos sus pasatiempos favoritos: engañar, mentir y manipular. Hubo quienes se lanzaron sendas celebraciones en redes sociales anunciando incluso que era cuestión de tiempo para que nuestra golpeada moneda nacional superara al dólar americano. Vaticinaron también sin miedo al ridículo, algo de lo que no sufren los maduristas, que el Petro pasaría a dominar las transacciones internacionales y que prácticamente el premio Nobel de economía correspondía al gabinete económico de Maduro.

Es que se cuenta y no se cree, iban al mercado creyendo que podían comprar más porque los billetes que tenían eran diferentes, que su poder adquisitivo se había revalorizado porque habían aumentado el salario mínimo en 3400%, hasta se creyeron la leyenda china que era posible ahorrar en oro. La realidad hoy no puede ser más dramática, el soberano va palo abajo, los precios para arriba y a toda velocidad y los únicos que ahorran en dólares en Venezuela son la guerrilla y el ELN. Pero como ser madurista no es algo que encuentre explicación en la lógica sino tal vez en un diagnóstico psiquiátrico, no se extrañen que esta gente dentro de poco salga nuevamente con el cuento de un plan conspirativo o la guerra económica.

Mientras todo esto pasa, a los venezolanos que viven bajo el secuestro socialista no les queda más que resistir todos los experimentos que hacen desde el poder los ineptos que llevan la economía. Una situación sumamente grave, ya que no se trata de un fracaso más. En el contexto de depauperación de la Venezuela actual los venezolanos se juegan su propia supervivencia. Un fracaso es más estrepitoso que otro y así traigan a unos chinos a que les expliquen con plastilina cómo funciona la economía, sino hay voluntad política de implementar los cambios, todo irá peor. No crean eso que los países tocan fondo, porque en el despeñadero donde estos caen los únicos que tocan fondo son los pueblos. Que mueren, sufren o son obligados a escapar.

Tan mal le fue al soberano que pegamos un tremendo brinco a la dolarización de facto. En clínicas, tiendas de electrodomésticos, mercados y hasta restaurantes cobran en DÓLARES, no es que te calculan los precios al equivalente en bolívares como hacían antes, piden billetes verdes constantes y sonantes. Si nos vamos a las prácticas del mercado: si hay oferta, es porque hay demanda. Quiere decir, hay gente que puede pagar en dólares. No hace falta decir quienes se encuentran dentro de este privilegiado grupo. Es más que evidente…

Mientras todo esto pasa la situación de muchos venezolanos se degrada a la pobreza atroz, esa donde se cruza el límite entre la miseria y la indigencia. Y mientras los genios de la economía socialista piensan en el próximo apellido que le pondrán al bolívar en la próxima reconversión, la paciencia de la gente también se agota. Venezuela no espera milagros, sino alguien capaz de conducir tanta frustración y tristeza con algo más que palabras, con acciones.

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