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Chile: Conflicto en el Sur y las FF.AA.

Hace unos días el general Eduardo Aldunate publicó en el diario El Mercurio una carta -muy mesurada, como es su estilo- relativa a su inquietud con respecto a involucrar a las Fuerzas Armadas ya sea en forma directa o en subsidio, para hacer frente a las acciones violentistas, que de hecho han sobrepasado el actuar de Carabineros y de los fiscales. Aun cuando concuerdo con el autor de que ambas instituciones no han hecho uso de todas sus capacidades, en el caso de la policía uniformada, es claro que está limitada por la autoridad superior y por instrucciones gubernamentales.

Como de hecho soy más viejo que el autor y menos mesurado, sin discrepar de sus aciertos, por haber vivido a temprana edad todos los sobresaltos sufridos por nuestra institución, desde cuando aún vestía de azul en la Escuela Militar, en 1956, hasta la crisis del 73 y posteriormente, al ser partícipe del Gobierno Militar, me permito aportar los siguientes comentarios:

En primer lugar, el drama que se vive la región de La Araucanía y zonas adyacentes se gestó a partir del año 1990, producto de las reformas más sustantivas realizadas a la constitución de 1980, meses antes de la entrega del gobierno en 1989, como parte de las negociaciones acordadas en aras de la paz y la reconciliación. Craso error de nuestro gobierno al haberse anticipado a tales hechos. El problema ha subsistido por cuanto los sucesivos regímenes no han prestado la atención correspondiente, heredando así, al que sucede los problemas latentes; por cuanto ninguna de las variadas y costosas medidas adoptadas ha dado resultados.

El problema ha escalado desde robos, incendios de iglesias, de predios agrícolas, maquinarias y vehículos, etc.; asesinatos y todo tipo de acciones violentistas hasta el estado actual, que no es otra cosa que terrorismo, con todas sus letras, aunque el Fiscal Nacional siendo consecuente con su pensamiento ideológico, no lo considere así. No puede ser atribuido a la etnia mapuche, sino a bandas y grupos subversivos, narcotraficantes, financiados, organizados y entrenados por las FARC., información oportunamente llegada al país, pero ocultada sin investigar, y que ha contado con el silencio cómplice de gran parte del espectro político. Estos grupos bajo el pretexto de recuperar tierras ancestrales, mantienen a una zona especialmente agrícola y maderera sumida en el caos y la violencia, sin que el gobierno asuma sus responsabilidades y mantenga el estado de derecho. La obligación inmediata es del ministro del Interior, quien pese a sus meritorios antecedentes que lo llevaron escalar esta alta posición no ha sabido afrontar los hechos con el imperio de la ley, sino que al parecer pretende estirar al máximo el elástico para llegar a buen puerto, lo que dificulto dada la gravedad de los acontecimientos, lo que se ha constituido en su Talón de Aquiles, haciendo oídos sordos a las persistentes denuncias y reclamos de agricultores y variados gremios de la zona.

Pero el ministro Blumel, comparte sus graves responsabilidades con el ministro de Defensa Alberto Espina, no tan solo por las absurdas e inoperantes Regla de Uso de la Fuerza, sino por enviar personal militar a cumplir funciones de meros guardias privados en actividades absolutamente ajenas a su preparación profesional, expuestas a sufrir ataques verbales, humillaciones, provocaciones, degradaciones y agresiones físicas, sin que puedan actuar como lo testimonian numerosos videos que circulan en redes, pero que los medios ocultan.

Los señores ministros, el Gobierno, los otros poderes del Estado y dirigentes políticos al parecer no parecen evaluar en su verdadera dimensión lo que significa que las Fuerzas armadas, sufran gratuitamente este escarnio. La historia nos ha enseñado que ante el desgobierno -como en el presente- y la vejación a los institutos armados surgen líderes que han dado origen a graves confrontaciones, populismos y regímenes de fuerza; y por citar solo en el pasado siglo: Carlos Ibáñez del Campo, Ariosto Herrera, Roberto Viaux, Augusto Pinochet. ¿Es eso lo que deseamos? No obstante, presumir que ya lo han hecho, apelo a los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y al director general de Carabineros a velar por la seguridad, la moral y el respeto a sus instituciones, demandando al Gobierno lo que sus responsabilidades obligan.

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