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Chile se ha vuelto loco

El ministro de Salud trata de “colega” a un asesino en prisión, quien, junto a otros, quemó vivo a un matrimonio de ancianos. El condenado extorsiona al gobierno con una huelga de hambre.

Un grupo de senadores, incluido uno de la coalición gobernante, promueve una ley para que sigan entrando inmigrantes sin restricciones a un Chile en crisis.

Un alcalde comunista, aparece en las encuestas presidenciales con alta tasa de aprobación.

Un senador es formalizado por tráfico de influencias y es demandado por el CDE, pero él niega todo.

Una jueza es acusada constitucionalmente por otorgar libertad a un asesino, que reincide en un macabro crimen.

Un diputado comunista declara estar por sobre la ley, no permite que él y su familia sean fiscalizados en plena crisis sanitaria y no pide perdón.

Un diputado es acusado y difamado por poner en su casa una foto de un ex presidente que entregó el poder democráticamente. Los mismos acusadores del diputado exhiben normalmente en sus casas y oficinas fotos de Salvador Allende, uno de los peores presidentes que ha tenido Chile, quien fuera además aliado de la Rusia marxista soviética, responsable de crímenes de millones de personas.

En la Araucanía, todos los días y noches se queman casas, galpones, escuelas, edificios públicos, iglesias, camiones y maquinarias, ante la total indefensión de los afectados.

El Estado es víctima de una estafa permanente, de miles de millones de pesos, con los exonerados falsos y ninguna institución ni organismo fiscalizador se hace cargo.

Decenas de estatuas de honorables chilenos que dieron su vida por la patria son destruidas, y nadie se ocupa que éstas regresen a sus lugares de emplazamiento.

Muchos empresarios chilenos, con tal de seguir vendiendo los productos y servicios que producen, siguen financiando diarios, radios y canales de televisión que los atacan a ellos mismos y al modelo económico que dicen preferir.

El Estado sigue entregando bonos y aportes a los más necesitados, los que no se agradecen, y de paso, se hipoteca el futuro de Chile.

Estamos a poco tiempo de tener un plebiscito, que no conduce a nada distinto que a mayores enfrentamientos e incertidumbre.

Chile se cuadra junto al Grupo de Puebla, en contra de los Estados Unidos, en las futuras elecciones del BID. Los ex cancilleres concertados aún influyen decisivamente en la Cancillería.

Chile reacciona una vez más, y tarde, ante pretensión antártica argentina.

El teletrabajo se impone como la panacea. ¿Querrán los chilenos volver a trabajar duro algún día?

Se destruye de a poco el sistema de AFP, incluso en contra de la opinión de los más reputados economistas de gobierno y oposición. La usurpación del saldo de los fondos previsionales de los chilenos es cosa de tiempo.

En plena crisis económica y en medio de una sequía feroz, el gobierno decide aumentar las contribuciones a predios agrícolas. A lo anterior se suma la fuerte ofensiva parlamentaria para cambiar régimen de propiedad de los derechos de agua en la agricultura.

Nuevas formas delictuales importadas se suman a los ”portonazos”. Debutaron con éxito los “motochorrazos”, los sicarios, e incluso un extranjero indocumentado saltó varias veces sobre el techo de un carro policial y al rato ya estaba libre. Luego llegarán los secuestros. Las tomas de terrenos se hacen habituales y las playas de la zona norte se repletan de “segundas viviendas” ilegales.

La Corte Suprema y el Tribunal Constitucional discuten sus atribuciones.

Los mejores oficiales de Carabineros de Chile se van alejando de la institución, por temor a ser procesados.

El INDH defiende a quienes promueven y ejecutan la violencia. No se les ha visto visitando o apoyando a las víctimas del terrorismo en la Araucanía.

El ministro del Interior, recién nominado, visita Temuco y le acusan de ir a provocar a la zona.

El Colegio de Profesores, liderado por un dirigente de extrema izquierda, declara que no acatarán regreso a clases.

Los robos de automóviles aumentan exponencialmente, a pesar del estado de excepción.

Los camioneros amenazan con paros, cansados de ser víctimas del terrorismo, pero son tranquilizados por la autoridad con nuevas promesas.

Un senador iluminado propone cupos legislativos para “afrodescendientes”. ¿Se habrá confundido?

Un periodista de izquierda tiene la osadía intelectual de polemizar de economía con Salvador Valdes, uno de los economistas más inteligentes de Chile.

La mayoría de los ministros del gobierno vota Rechazo, lo que revela la total falta de cohesión de ideas en la coalición gobernante. Este es un plebiscito gatillado por la extorsión de delincuentes que quemaron y destruyeron sin restricciones. Los políticos de izquierda y no pocos de derecha, quieren hacernos creer que, con una nueva Constitución, Chile será mejor. Yo no me compro ese discurso. Por eso y por todo lo antes detallado, yo voto Rechazo. Se hace urgente regresar al sentido común.

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