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¿China moderna o neocomunista?

Creo que los chinos como personas, son como todos nosotros somos. No tienen tres orejas o tres brazos. La enorme masa y mayoría anhela libertad y bonanza económica.  Se conoce que, a partir del descubrimiento de China por los europeos, a través de los jesuitas, brotaron de repente, toda clase de patrañas, fantasías y estupideces sobre este país enorme.  “El emperador era un filósofo y los mandarines, funcionarios brillantes y honestos reclutados por concursos abiertos a todos “. En realidad, nos advierte el notable periodista y experto Guy Sorman:

         … esa China solo existió en la imaginación de nuestros misioneros y nuestros filósofos. ¿Los emperadores? Tiranos corruptos siempre a merced de unos cuantos golpes de Estado. ¿Los mandarines? Pagaban por acceder a concursos y puestos de trabajo. ¿El confucionismo? No era una filosofía sino una teología con sus templos y sacerdotes. Una religión de Estado que legitimaba el despotismo, pero que el pueblo no practicaba.

La fábula del gobierno ideal perdura en las mentalidades occidentales (especialmente en las proclives al autoritarismo y al socialismo — sea cual fuere), que idolatra al Partido Comunista chino, el cual habría reemplazado a las desaparecidas dinastías imperiales.

Es completamente imposible denominar economía de mercado o progreso material a una mezcla absurda de censura generalizada de todos los medios de expresión, culto a la personalidad, persecución a los uigures, además de la feroz requisitoria contra los disidentes. Tenemos entendido que hasta las Iglesias católicas y evangélicas están reprimidas todavía.

Ahora bien, después de haber padecido hambre y matanzas bajo la “revolución cultural” del “gran timonel” Mao Tse Tung, llegó Deng Tsiao Ping, y con su famoso dicho “ que importa que el gato sea blanco o negro con tal de que cace ratones” inició una apertura económica, al permitir la inversión extranjera en China y aprovechar el potencial de la mano de obra para exportar.

Sea como sea, Taiwan, Corea del Sur, y Japón se han desarrollado mucho más aceleradamente que la China Roja, sin que el gobierno meta sus narices en todo y para todo, y sin enajenar los derechos de huelga y otros derechos de los trabajadores. Olvidamos que la economía de China, es relativamente poderosa por el gran tamaño de su población.

Es interesante indicar que China continental, se encuentra en el puesto 107 del índice de libertad económica elaborado por la Fundación Heritage, para el año 2021, un puesto bien lejano.

Otro asunto: el de la inserción de China en el comercio internacional.

Esta nación ingresó a formar parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 2001.   

Podemos citar que, entre las prácticas reprobables y execrables de las empresas chinas, tenemos la siguiente: consiguen añadir valor y tecnología a sus productos a gran velocidad obligando a las empresas extranjeras a compartir su conocimiento con socios locales si querían operar en el mercado chino, para después ser expulsadas del mercado una vez que sus productos y procesos son reproducidos. Adicionalmente, el mercado chino se ha mantenido esencialmente cerrado —como una muralla— a muchas de las exportaciones de los países avanzados, y al mismo tiempo las empresas extranjeras, tropezaban cada vez con más obstáculos y discriminaciones para operar, además de no poder repatriar ganancias. Según Federico Steinberg, del Instituto Sebastián Elcano todas estas restricciones, confabulaciones, y zancadillas contra las empresas extranjeras han favorecido la existencia de un superávit en balanza de pagos (cuenta corriente) de la poderosa nación china vinculado con una subvaluación de su moneda. La respuesta de naciones como Estados Unidos y Alemania ha sido la de una guerra comercial (elevación de aranceles) y la búsqueda de no dependencia de productos chinos (chips).

Por último, según el índice mundial de la innovación 2019 elaborado por la empresa Bloomberg, los países más innovadores del mundo son:

  • Corea del Sur.
  • Alemania.
  • Finlandia.
  • Suiza.
  • Israel.
  • Singapur.
  • Suecia.
  • Estados Unidos.
  • Japón.
  • Francia.

Para nada se insinúa allí a China. La idea de que China es un país avanzado choca contra estas realidades. En realidad, es una potencia militar con sus millones de soldados y el armamento nuclear que lo blande cuando le conviene asustar. La aparición en China de la pandemia del COVID-19 ha dejado mucho que desear en cuanto las condiciones sanitarias de esta nación agobiada por un exceso poblacional.

En América Latina, las inversiones de China a partir del año 2010, crecieron hasta alcanzar los US $ 14.000 millones, equivalentes a un 11% de la inversión directa extranjera total recibida por la región. Tres cuartas partes de este total correspondieron a dos adquisiciones de la industria petrolera por parte de China Petroleum and Chemical Corporation (SINOPEC) en Brasil y en Argentina la China National Offshore Oil Corporation (CNOOC).

La inversión china en Venezuela

De acuerdo a algunos informes, entre los años 2000 y el 2014, nuestro país habría recibido de China 68.678 millones de dólares americanos, de los cuales 91,2% fueron otorgados en forma de préstamos. Para finales del 2019, y solo con relación a los préstamos recibidos por el Fondo Conjunto Chino Venezolano y el Fondo Gran Volumen Largo Plazo, Venezuela debía a China la cantidad de 16.731 millones de dólares americanos. Para el 2020, el compromiso de pago de la deuda de Venezuela con China representaba el 57% de su presupuesto nacional. Para versados y estudiosos del tema, y para organizaciones como Transparencia Venezuela, el tipo de relaciones que se fueron gestando entre los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolas Maduro y el régimen de Pekín no solo no ha traído prosperidad al país, sino que además ha favorecido al desmoronamiento de la democracia venezolana.

Efectivamente, en el caso de las relaciones de China con Venezuela, se han derivado algunos elementos que han contribuido a horadar la democracia venezolana. El primero de ellos es la redacción de cláusulas de confidencialidad en los acuerdos suscritos o convenidos suscritos. (Sería interesante saber que piensan los expertos en Derecho Público y Administrativo sobre estas prácticas no transparentes). Por otra parte, el contenido total y alcance real de estos documentos la sociedad venezolana (¿han sido aprobados por la Asamblea Nacional?) tiene escasa o nula información. Este género de cláusulas ha recubierto a los compromisos y a las obligaciones contraídas por Venezuela con un manto de oscuridad que ha obstaculizado un mínimo de rendición de cuentas por parte del gobierno ante el país sobre el empleo y destino de más de 60 mil millones de dólares.

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