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Claves para entender la hipertrofiada estructura estatal en el Gobierno socialista

De 1999 al presente, Venezuela ha sido gobernada por una casta política que ha transformado la administración pública en un aparataje con accidentales y continuos cambios, en pro de concentrar el poder en el presidente de la República y sus más cercanos acólitos.

Así se desprende del análisis que sobre planificación del Estado hace la ex ministra de Hacienda, Eqlée Iturbe de Blanco, quien compara la situación de la institucionalidad nacional, con el deber ser de una orquesta: “Para la gobernabilidad de un país, tienes un director de orquesta, que debe ser el presidente de la República; unos músicos que deben saber tocar los distintos instrumentos, una partitura, que es la visión de país, y tienes un piso del escenario, que es donde colocas la orquesta y ese piso son las instituciones. Si esa institucionalidad no está bien, ni adecuada a lo que va a tener encima, eso no funcionará, porque estará tambaleándose. Eso es lo que nos ha estado pasando en los últimos 15 años”. “Se tenía una estabilidad que se mantuvo desde los años sesenta; pero ahora todos los días se vive sobre cambios, variaciones, aproximaciones sucesivas, errores y ensayos. Entonces no hay como mantener unas políticas públicas adecuadas, pues no tienes un piso estable, no tienes músicos que toquen los instrumentos que deben ejecutar, tienes músicos que tocan distintos instrumentos y temas a la vez. Además, la partitura la comparte la mitad de la población y la otra mitad no”, señala la experta en administración pública.

Para conocer cómo y porqué el Estado ha crecido bajo la administración de Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, conozcamos las claves que ofrece la experta.

Clave Número 1: Concentración de poder y de recursos en una cúpula que paga y se da el vuelto
En Venezuela existe una gran concentración de poder en muy pocas personas, dentro de la administración pública, señala Iturbe: “Se rotan los ministros, algunos han estado hasta siete veces en diferentes carteras, en los últimos 15 años. Ministros que además son presidentes de organismos dependientes de sus propios ministerios, con lo cual se pierde la relación responsabilidad- información,  porque el que debe pedir los resultados es parte de lo que se ejecuta”. “Es el caso de PDVSA, el caso más notorio de todos. El presidente de PDVSA a su vez era el ministro de Energía y Petróleo. Eso permitió que dejara abandonada sus propias actividades. Rafael Ramírez, tuvo como cinco, seis o siete cargos a la vez. Y ocupándose de las misiones, del fondo de construcción, de varias empresas, la propia PDVSA, de una cantidad de cosas”, destaca la ex funcionaria.

“Y así pasa con muchos otros ministros. En este momento, la mayoría de los ministros, tiene, además de ser miembros del Gabinete, un organismo de su propio ministerio. El titular de Energía Eléctrica es presidente de CORPOELEC; la ministra de Turismo es presidenta de INATUR. El ministro de Economía y Finanzas es presidente de la Corporación de Banca Pública y presidente del Banco de Venezuela, hasta hace poco. El ministro de Educación Universitaria es presidente de Movilnet. La ministra de la Mujer es presidenta de INAMUJER”, precisa la ex ministra.

Tal concatenación, que deja por fuera la posibilidad de control y seguimiento de gestión, es ilegal, destaca Iturbe. “Esta dependencia, en primer lugar, viola la Ley del Estatuto de la Función Pública, que dice que ningún funcionario público puede ocupar dos cargos remunerados a la vez, a menos que renuncie a uno de ellos o a menos que esté encargado por poco tiempo, pero sabemos que estas encargadurías no son por poco tiempo”, señala.
Pero no es casual la coincidencia de la duplicidad de roles, pues de esta forma acumulan poder y controlan, además, fuentes de recursos del Estado, todo en la misma cúpula. “¿Cuáles son los organismos en los cuales ellos son presidentes? Los que reciben recursos o los que generan recursos. Ellos tienen la política y tienen la fuente de recursos, o sea, ¿quién va a pedir cuentas allí? Y la Contraloría parece que no tuviese una actividad muy proactiva en estos casos”, indica Iturbe.

Clave Número 2: Lealtad como único criterio de selección de roles que rotan, sin caras ni ideas nuevas
Los presidentes de la cuarta, escogían su gabinete a partir de diversas premisas: si eran profesionales altamente capacitados, si venían del partido, o si eran recomendados por sus credenciales. “Ahora hay un solo criterio: lealtad a la revolución. Esta lealtad a la revolución es premiada y además, se preserva que no entre nadie que no tenga alto nivel de lealtad”, comenta la experta.

“Y cuando alguno medio deja de tener lealtad, queda claro como lo van sacando. Solo hay que ver lo que ha pasado en los últimos años con el que medio se voltea. El criterio fundamental para concentrar ese poder es la lealtad a la revolución, porque el objetivo no es el país, el objetivo que tienen es el triunfo de la Revolución”, indica quien también coordinó actividades gubernamentales en el antiguo Cordiplan.

Clave Número 3: Constitución de lado, para mantener aparato estatal bajo control de unos pocos
Para darle soporte a la estructura cada vez más poderosa del Estado, el Gobierno crea figuras al margen de la Constitución: “El año pasado se crearon las vicepresidencias sectoriales. Son una especie de superministros, a los cuales ahora los ministros van a rendir cuentas. Ya se rompió el vínculo directo Presidente-Ministros, como señala la Constitución, que los ministros son los enlaces directos con el Presidente de la República para su sector”, subraya Iturbe.

“Ahora tienen una instancia intermedia de vicepresidencias sectoriales, quienes son los que reciben las cuentas de los ministros. Y además, hay dos tipos de gabinetes de ministros, uno donde van los vicepresidentes sectoriales, más el vicepresidente Ejecutivo, el presidente de la República y los que él invite, en donde se toman las decisiones sustantivas; y otro consejo de ministros al cual van los ministros para las decisiones operativas. Se ha perdido y desvirtuado el papel de los ministros, lo cual también va en contra de la Constitución. Y la Carta Magna tampoco habla de vicepresidentes, sino del vicepresidente Ejecutivo. Para paliar eso, se modificó la Ley de la Administración Pública, a fin de darle entrada a los vicepresidentes”, comenta la ex funcionaria.

Para Iturbe, esta situación representa un modelo ineficiente en un Estado que luce hipertrofiado y en crisis económica. “Hay casi mil organismos que dependen de los 28 ministerios. En el 99 había entre 14 y 18 ministerios, ahora hay 28 ministerios y se crea uno y a los dos meses se deshace y se crea otro, se cambia el nombre o se fusiona. Es un mecanismo de ensayo y error. Ahora, eso no porque no saben hacer las cosas, sino porque es una política deliberada para destruir toda la institucionalidad existente, y crear la nueva institucionalidad que favorece a la revolución. Porque se ve cómo va quedando la estructura actual de la administración pública, y es muy similar a la estructura cubana. Es decir, se va diluyendo la administración en mucha gente, para que parezca que hay mucha actividad desagregada, pero en realidad el poder está concentrado.

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