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Collage vigésimo quinto sobre Rómulo Betancourt

(Llegó la dictadura: La Resistencia, el Exilio -I-)

Consumado el 24 de noviembre de 1948 el derrocamiento del Gobierno Constitucional de Rómulo Gallegos, desde la Resistencia interna y desde el Exilio se va a protagonizar la lucha contra la dictadura que se iniciaba. “…Cuando ya nadie podía acariciar la esperanza de que yo fuese juguete en manos voluntariosas, se produjo, una vez más, el atentado de la fuerza contra el derecho”, escribió el autor de ‘Doña Bárbara’ en el Mensaje que dirigió a los venezolanos, poco antes de salir expulsado del país, el 5 de diciembre, por la Junta Militar de Gobierno recién instaurada, que, al no poder destruir las grandes realizaciones políticas, económicas y sociales  del trienio democrático, le “sería imposible remontar el río de la historia”, como lo sentenciara Ramón J. Velásquez. La Junta Militar ni siquiera se atrevía a negar la legitimidad del gobierno que había derrocado: “…La razón del movimiento de noviembre no está propiamente en una negación de carácter jurídico o político del gobierno que nos precedió. El hecho es que, el anterior régimen de partido, desbordando al Jefe de Estado se reveló contrario a los supremos intereses del país, a las bases fundamentales de la vida nacional y al destino de la República” (1).

A los pocos días del asalto al poder, el 7 de diciembre, la Junta, en Consejo de Ministros, dictó un decreto, cuyo artículo 1° disponía que “se disuelve en toda la República el Partido Acción Democrática, se clausuran sus locales y se suprimen sus órganos y sus medios de publicidad y propaganda”. Andrés Eloy Blanco, en el exilio en México, el 13 de septiembre de 1951, con motivo del X Aniversario de Acción Democrática, pronunció un discurso, en el que dijo: “Y es que no somos un partido creado por decreto; por eso no podemos disolvernos por decreto. No somos un grupo para hacer política, somos, simplemente, una conciencia; la conciencia de un pueblo. Se disuelve el partido Acción Democrática, es como decir, se disuelve la fe, se disuelve la conciencia… el ideal es como una enfermedad incurable, una divina enfermedad…la mística no sabe de decretos…recordad aquel médico humorista que decía que no se podía concebir un decreto que dijera ´se prohibe tener paludismo’…asimismo, es risible suponer que se diga ‘se disuelve Acción Democrática’, esto es, se prohibe querer a Venezuela con todo el corazón”. El poeta tenía razón, el partido ‘disuelto’ fue el que enfrentó, bordeando el heroismo, a los que quisieron desparecerlo, y, diez años más tarde, volver al poder sobre los hombros del voto popular.

Al día siguiente de la ‘disolución´ anunciada, como en una resurrección de quien no había muerto,  se alzó la voz que proclamaba que “con fe segura en el triunfo final, Acción Democrática inicia hoy su terca lucha de resistencia clandestina, hasta obtener para Venezuela un régimen de libertades, dignidad política, honestidad administrativa y decencia pública” (Manifiesto de la Resistencia, Acción Democrática, 8 de diciembre de 1948). Esa lucha que se iba a librar desde Venezuela se ensambló con la que se desplegó en el exterior. El coordinador de las batallas que tendrían lugar en los dos escenarios, Rómulo Betancourt, salió al exilio, después de un breve asilo en la Embajada de Colombia, el 23 de enero de 1949. La historiadora Margarita López Maya, hizo registro de “los esfuerzos realizados por Betancourt y los dirigentes de AD para construir una estructura partidista en el exterior que pudiese coordinar la acción de los distintos núcleos de exilados y de éstos con el aparato clandestino que funcionaba en el país” (2). Después de una corta escala en Cuba, esa actividad la cumplió, durante el año 1949 y parte de de 1950, desde la ciudad de Washington, donde se había residenciado. En lo que respecta a la estructura partidista en el territorio nacional, Octavio Lepage sucede como Secretario General de Acción Dmocrática a Luis Augusto Dubuc, quien había sido detenido por la policía política del régimen el 18 de enero de 1949. El día 19 de abril son puestos en libertad condicional varios presos políticos, entre ellos Leonardo Ruiz Pineda. Cuando años después, ya recuperada la democracia, me tocó hablar ante el féretro de Lepage durante su velatorio en el Capitolio, recordé que (Lepage) le había planteado a Leonardo, al encontrarse en la clandestinidad, que él debía ser, por su jerarquía, el Secretario General, a lo que se negó el futuro héroe, pero, en el mes de septiembre, por la insistencia irrevocable del líder anzoatiguense, Ruiz Pineda tuvo que aceptar lo que, casi como una decisión imperativa del titular del cargo, se le ofrecía; y Lepage pasó a ser Secretario de Organización. Grandeza de dirigentes. Como lo señala Manuel Vicente  Magallanes, así se continuó cumpliendo con “los objetivos fijados para la lucha: 1° Reajuste interno de la organización; 2° Ensanchamiento de las zonas de influencia del partido; 3° Lucha a fondo contra el régimen usurpador para impedir su estabilidad; 4° Creación de bases para estructurar un poderoso movimiento antigubernamental que precipite la crisis de la camarilla que está en el poder” (3).

La política represiva de la dictadura castrense crecía a un ritmo exponencial. Rómulo Betancourt la caracterizó así: “No bastaban las cárceles para inspirar terror a un pueblo empeñado en rescatar sus libertades. Y se comenzó a emplear métodos más brutales que el cerrojo carcelario. El envío de hombres de la resistencia a campos de concentración; el uso de todas las formas imaginables de torturas y violaciones físicas contra jefes y militantes de la oposición apresados por la policía, y el asesinato político” (4). El 22 de octubre de 1949, el trío gobernante militar envió a veintitrés presos políticos a las Colonias Móviles de El Dorado, un penal para peligrosos hampones comunes reincidentes, lo que fue repudiado nacional e internacionalmente. Representantes de los diversos sectores de la sociedad venezolana, protestaron el insólito vejamen. Intelectuales mexicanos, encabezados por Alfonso Reyes, fueron muy categóricos: “Invitamos a adherir a nuestra protesta a quienes desean ver libre a América de aquellas formas de sevicia y regresión inhumanas que parecían desparecidas con el triunfo de las naciones democráticas contra los sistemas fascistas en Europa”. En un acto celebrado el 14 de diciembre de 1949 en la Freedom House, de Nueva York, Rómulo Betancourt denunció “la más reciente hazaña del ominoso régimen venezolano, que ha consistido en enviar a un numeroso grupo de combatientes por la libertad a la llamada Colonia Móvil de El Dorado, verdadero campo de concentración , ubicado en la selva orinoqueña” (5).Los restos del coronel Mario Vargas, que había muerto el 21 de diciembre en Estados Unidos, regresan a Venezuela el 2 de enero de 1950, y en su sepelio, al ofrecer unas palabras de despedida, es apresado el dirigente acciondemocratista Antonio Pinto Salinas y días después es expulsado del país.

En el Zulia, 1° de mayo comienza un paro de obreros petroleros en Lagunillas, que se extiende a Anzoátegui, Monagas y Falcón, es declarado ilegal, se les cortó el servicio de agua, luz, y gas a las viviendas de los trabajadores, y la Guardia Nacional asumió el control de los campos petroleros. El Partido Comunista de Venezuela fue disuelto el 13 de mayo y suspendido su órgano periodístico, Tribuna Popular, que pasa a circular clandestinamente. En junio, cae preso Octavio Lepage, y es enviado a la Penitenciaría General de San Juan de los Morros. En el mes de septiembre ingresa al país Alberto Carnevali y se incorpora a la lucha clandestina.

El 13 de noviembre del mismo año 1950 fue secuestrado y asesinado el presidente de la Junta, Carlos Delgado Chalbaud. De inmediato surgen sospechas sobre la autoría intelectual del crimen. La viuda de Delgado, señora Lucía Levine, le dirigió a Pérez Jiménez, el 20 de febrero de 1954, una carta pública, en la  que le decía que el problema de la justicia “radica en la circunstancia de que las investigaiones (relacionadas con el magnicidio) han sido dirigidas desde su Despacho y en la generalizada creencia de que usted es opuesto a que se haga plena luz sobre el hecho” y tajantemente le dice que “sobre usted existen sospechas y a usted se le teme” (6). En sustitución de Delgado, el 27 de noviembre fue designado el  doctor Germán Suárez Flamerich -“un civil de alquiler”, lo llamó Rómulo Betancourt- y la Junta pasó a llamarse simplemente Junta de Gobierno. Retengamos el comentario que hace Betancourt, a propósito del asesinato de Delgado Chalbaud: “Lo esperable y presumible era que Pérez Jiménez sucediera a Delgado Chalbaud, como Presidente de una nueva junta militar, o como dictador único. Una vez más el complejo de duda y vacilación, tan visible en el personaje, prevaleció sobre la presión que le hacían sus áulicos. Macbeth no siempre ocupa de inmediato el trono ensangrentado de Duncan. La opinión pública venezolana e internacional era tan insistente, por otra parte, en señalar a quién beneficiaba más el crimen cometido que su resultado de momento fue una inesperada fórmula: una junta militar presidida por un civil. Pérez Jiménez y Llovera Páez como depositarios reales del poder, y un togado maleable y dócil instalado en Miraflores en el desairado papel de mozo de estoques de los dos Comandantes” (7).

Y así entraremos al año 1951.

1) Eduardo Mayobre. “Venezuela 1948-1958 la dictadura militar”. Fundación Rómulo Betancourt. Serie Antológica Historia Contemporánea de Venezuela. Número 6. Página 98. Alocución  del Teniente Coronel Carlos Delgado Chalbaud, Presidente de la Junta Militar de Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela. Caracas, 24 de noviembre de 1949.

2) Margarita López Maya. “Estudio Preliminar, las cartas cruzadas de Betancourt en el exilio (1948-1952). Antologá Política. Fundación Rómulo Betancourt. Página 8.

3) Manuel Vicente Magallanes. “Los Partidos Políticos en la Evolución Histórica de Venezuela”. Editorial Arte, 1977. Página 353.

4) Rómulo Betancourt. “Venezuela, política y petróleo”. Fondo de Cultura Económica. 1956. Página 479-480-

5) Rómulo Betancourt. Obra citada. Página 481.

6) Eduardo Mayobre. Obra citada. Página 134.

7) Rómulo Betancourt. Obra citada. Página 485.

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