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Cómo reconstruir la convivencia en Venezuela

Los seres humanos no somos enteramente libres socialmente para crear nuestro propio comportamiento. Hoy en día se sabe que la naturaleza humana es singularmente uniforme, ya que descendemos de un tronco común originado en algún lugar de África hace alrededor de 50.000 años.

Estos rasgos comunes no necesariamente engendran nuestra conducta política. Sin embargo, si enmarcan y constriñen la naturaleza de las instituciones que podamos crear. Estas ideas que he plasmado en este escrito no son mías, sino que provienen de un extraordinario libro de Francis Fukuyama, “Los orígenes del ordenamiento político”, en el que el autor afirma que esas condiciones preexistentes del ser humano conducen a que la política esté sujeta a ciertos patrones predeterminados de conducta, bien sean en el tiempo o en el espacio, en culturas diferentes.

Es cierto que los seres humanos nunca han existido al margen de una estructura presocial por lo que, según Fukuyama, la idea de Rousseau de un presunto estado de naturaleza no es hoy considerada correcta, porque los seres humanos, al igual que sus ancestros los primates, siempre han vivido en grupos de distintas dimensiones.

Lo importante para nosotros es entender que para todo ser humano es instintivo seguir reglas, y eso lo vemos en los niños, quienes en sus juegos, desde muy pequeños, establecen normas que rigen sus entretenimientos.

Por eso, aunque actualmente estemos en nuestro país casi como en un estado de naturaleza. Nos ha tocado vivir esta locura en los últimos 21 años de destrucción sistemática que ha prácticamente derribado la mayor parte de las instituciones que habíamos creado, y no me refiero solamente a las políticas, sino también a las sociales, culturales, éticas y morales.

Ahora nos toca reconstruir prácticamente todo y para ello es esencial la convivencia, porque lo contrario sería seguir viviendo en un clima de violencia que todo lo destruye.

Convivencia fue la norma que adoptaron los países después de superar totalitarismos, dictaduras, tiranías y guerras. Se pueden señalar muchos ejemplos: Alemania después de la II Guerra Mundial, Sudáfrica después del apartheid, los países centroamericanos después de sus diversas guerras fratricidas, en EEUU después de la lucha por los derechos civiles, la China post Mao, la Espana post Franco y podría nombrar muchos otros ejemplos.

Ahora, es bueno aclarar que convivencia no significa olvido. Significa reconstruir vínculos sociales rotos y dejar que sea la justicia interna e internacional se aplique a los casos más graves de violación de los DDHH.

Reconstruir a nuestro país requiere el esfuerzo mancomunado de todos, porque dejaremos de ser el país rentista que fuimos. Ahora nos toca ser un país de emprendedores, un país en el que prevalezca la solidaridad.
Tenemos que convertirnos en un país que más nunca permita que sus niños vuelvan a morir de hambre o por enfermedades subsanables.

Un país cuyo eje motor sea educación de calidad para todos. Un pueblo ignorante seguirá siendo víctima de los populistas de turno.

Es necesario potenciar las habilidades innatas del venezolano ofreciéndoles los instrumentos del conocimiento requeridos para sobrevivir y surgir en un mundo nuevo muy complejo que cada vez es más dependiente del conocimiento, la tecnología y del desarrollo acelerado de la inteligencia artificial que es la que impulsa la revolución industrial del siglo XXI.

Ya de nada nos sirve seguir hablando y discutiendo sobre comunismo, socialismo, capitalismo, eso son conceptos o ideologías anacrónicas, producto de la confrontación de ideas surgidas en el siglo XIX con motivo de los cambios sociales producidos por la revolución industrial.

Hoy el tema es cómo competir en un mundo globalizado, cómo construir instituciones políticas que sirvan para potenciar las capacidades de todos y no que sean instrumentos para perpetuar en el poder a ninguna organización política.

A nosotros en Venezuela nos está llegando la hora del cambio, pero no sólo el de gobierno, porque eso no servirá de nada si no interiorizamos que el único cambio duradero está en nosotros mismos, en analizar que estuvo mal y cómo debemos cambiar para ser más allá de individuos preocupados en su propio bienestar, unos buenos y conscientes ciudadanos.

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Un comentario

  1. La experiencia del totalitarismo ha marcado el estilo de vida de la sociedad, sometidos bajo su sombra. Ante la falta de libertades, el trato humano está obligado a ser distinto. Las ideas pueden entonces escudriñar realidades que habían permanecido ocultas.
    La vivencia del totalitarismo cambia tanto a una persona –a una sociedad–, se pega tanto a sus ritmos cotidianos, que inevitablemente termina afectando a sus modos de expresión. Como ejemplo, señalo que los creadores en la ciencia y el arte han padecido de manera directa las consecuencias de un régimen totalitarista, distintos de los que hubiesen sido en democracia.
    El daño se produce y la sociedad cae en la confusión. No hay reglas de convivencia y por tanto tampoco Estado de Derecho.

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