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El filósofo del siglo XII, Moisés Ben Maimón, mejor conocido como Maimonides, en una carta a su brillante pupilo R. Joseph Ibn Aknin, le comenta con relación a los estudios de ideas esotéricas contenidas en los estudios proféticos, que le había parecido importante, en vista de la avidez de su pupilo en conocer  más a fondo el tema, ahondar en problemas metafísicos. Entendía que debía explicarle si los argumentos estaban basados en pruebas  fundadas en la lógica, o en caso contrario, cuál era su método.  Maimonides comenta en la carta que él pensaba que era importante que su pupilo continuara con sus estudios sistemáticamente, para que la verdad se presentara no por chance, sino en orden conectado.

Leyendo la carta, recuerdo cuántas veces le he dicho a mis hijos que respeten a sus maestros y que evidencien su interés en aprender.  Pienso en los profesores a quienes les debemos tanto por enseñar a quienes constituyen el futuro del mundo y en aquéllos que dedicaron su tiempo y su esfuerzo en enseñarnos a mis condiscípulos y a mí.  No hay duda de que, aunque haya un solo alumno interesado en aprender, el profesor se sentirá estimulado a dar lo mejor de si.

Ese fue el caso del alumno de Maimomides quien, sin saberlo, inspiró a su maestro para que escribiera su Guía para los Perplejos la cual serviría para iluminar el camino de muchos otros que lo recorrieron después.  Mientras haya quienes cuestionen, indaguen e investiguen con el propósito de profundizar en el conocimiento y de acercarse a la verdad para beneficio de la humanidad, podremos seguir soñando con un mundo mejor. 

En nuestro país ha habido y sigue habiendo catedráticos increíbles.  Debemos seguir educando y debemos brindar a los buenos profesores el respeto que se merecen.  Debemos exigir que los profesores estén bien preparados y que mantengan su calidad y su amor a enseñar y a transmitir sus conocimientos. Debemos exigir que las universidades mantengan su nivel y que las autoridades apoyen a quienes con esfuerzo tratan de mantenerse y de educar a quienes constituirán el futuro.

Además de ello, cada uno de nosotros debe aportar en lo que pueda a la educación de quienes estén a nuestro alrededor.  Es importante plasmar las ideas.  Es importante dejar una huella que otros puedan seguir.  Es importante dedicar nuestro tiempo a desarrollarnos espiritualmente.  Cuando termine nuestro paso por esta dimensión, hasta donde sabemos, no podremos llevarnos nada material. Aprovechemos para cultivar el jardín de nuestra alma porque ese sí podremos transportarlo  a donde sea que podamos volar después. Inspirémonos en quienes nos han transmitido su sabiduría y compartamos lo que sabemos con nuestro ejemplo y en nuestro día a día.

¡Prendamos una vela y pasemos la luz! ¡Vivamos cada día como si fuera el último!

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