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¡Con mi comandante no te metas!

Solidario y conmovido recibo una afectuosa nota de un viejo amigo de los 70´s, comunista furibundo, masista reconvertido, quien luego – con mucho sentido de la oportunidad – aprovecho la tolerancia de la IV República para, enchufado con príncipes y princesas puntofijistas, disfrutar de privilegios y canonjías desde sus poco expuestos cargos de asesor favorecido, cuando acuñó para la antología de la corrupción patria, el célebre axioma de tanto pa´ti, tanto pa´mi. Canoso, cercano a los ochenta años de edad me escribe desde el estado Táchira, sensiblero, dolido y sentimental para comunicarme una recóndita convicción que lo acompaña desde que el Comandante Chávez asumió la Presidencia de la República, y un estado de ánimo que hoy – vistas las nuevas circunstancias del país ya no tan rojo – rojito – lo entristecen y acongojan.

Querido Enrique:

No es fácil para el anciano que voy siendo referirme a la actual situación afectiva que me abate desde la muerte de mi Comandante Supremo; en esta larga década y media fui más que feliz y volví a cantar con gusto y pasión La Internationale , el No nos Moverán y las canciones del pana Alí Primera.

Sembrado mi Comandante en suelo bolivariano, asisto religiosamente todos los domingos al Cuartel de la Montaña para llevarle como homenaje rosas escarlatas y rojos claveles. No le rezo como debería, porque no creo en esas vainas de copeyanos hipócritas, sin embargo, conversó con él, en familia como le habla un hijo agradecido a un padre ejemplar. Le comento que no entiendo ni justifico tanta ingratitud para quien se merece lo mejor de lo mejor. Chavista soy, sigo siendo y seguiré siendo hasta la muerte; ciego no soy, sin embargo, para observar la debacle, la crisis, el caos que el Designado y sus acólitos han instaurado en esta Patria Bonita que mi Comandante anido y cobijo en su inmenso y generoso corazón valiente.

Me enerva pues lo que veo, sé a ciencia cierta y a corazón confiado, que mi Comandante Supremo se revuelca y sufre en su pasajera tumba terrenal, al contemplar las malaventuras y desazones de sus queridos hijos, de sus fieles súbditos. Pienso que si continuara entre nosotros ya hubiera habilitado cadalsos y otros ejemplarizantes castigos, para con su inseparable pito justiciero ponerle fin a tanta vagamundería y arbitrariedad de los que abusan – para su provecho personal y familiar – de su nombre y de su imagen.

Por supuesto, querido amigo, que tampoco transijo con la derecha adeco – burguesa que irrespetó la imagen de mi Comandante Eterno, quien ya no tendrá – POR AHORA – su eternidad en la Asamblea Nacional, para esos desgraciados puntofijistas. Moqueando y con lágrimas de genuino dolor, te reitero lo que vengo farfullando – sin respiro – en estos aciagos días: ¡CON MI COMANDANTE NO TE METAS!

Tuyo: T. S. J.

Tulio Sambrano Jaimes      

 

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