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Contradicción en la ONU

La Asamblea General de Naciones Unidas, al elegir a Venezuela, en sus circunstancias actuales, como miembro del Consejo de Derechos Humanos (CDDHH), envía un mensaje contradictorio pues es evidente, incluso para los que votaron a favor, que el régimen chavista no desperdicia ocasión para violarlos.

Los Consejos de la ONU se conforman, tomando en cuenta una distribución geográfica equitativa; el de Derechos Humanos tiene 47 miembros, corresponden 8 al Grupo Latinoamericano y el Caribe (GRULAC), de los cuales, en esta ocasión, tenían que elegirse 2, para reemplazar a los que se les vence su mandato a fines de año, entre ellos Brasil que aspiraba a la reelección.

Normalmente, cuando el número de vacantes coincide con el de aspirantes, son endosados por el grupo regional respectivo y entonces la elección está automáticamente asegurada. Pero cuando uno de ellos no logra el endoso de su grupo o los candidatos superan las vacantes, la elección es abierta en la Asamblea General.

En el caso que nos ocupa, inicialmente los aspirantes eran Brasil y Venezuela, pero al no haber más candidatos, se hubiera podido dar la impresión que la candidatura chavista había sido endosada por el GRULAC, por lo cual surge entonces un tercer aspirante:   Costa Rica, con su impecable récord en Derechos Humanos.

Pero esto en realidad poco cuenta al elegir los miembros del Consejo y su candidatura se presentó solo días antes de la elección, lo cual la hizo lucir como torpedeando un supuesto consenso del GRULAC y por allí se coló una doble aberración: Venezuela saca más votos que Costa Rica y la representación de nuestra región la deciden países de afuera, contra el mayoritario sentir del continente.

Además, cuando una gran potencia agita las aguas en favor de la candidatura tardía, aunque   logra casi un centenar de votos, favoreció también el juego de la victimización, lo que facilitó capitalizar el creciente rechazo al accionar del imperio del Norte, sobre todo en la gran masa de países votantes del Sur.

Así se bate el cobre en la Asamblea General, donde causa jolgorio cualquier traspié del primer contribuyente de la ONU, que en fondo pareciera inspirar inconfesable y recelosa envidia.

No es la primera vez que esto acontece, ni será la última, pues el ingreso al CDDHH, parece proporcionar una especie de patente de corso para violarlos a mansalva, a pesar de que  la Resolución que lo creó, establece que sus miembros deben tener los más altos patrones de promoción y protección de los Derechos Humanos, de lo cual se burla olímpicamente  la propia Asamblea General que lo parió, al reemplazar a Cuba por Venezuela.

Esta decisión, porta un mensaje falaz pero ecuménico, que desdeña la opinión de la mayoría de Organizaciones No Gubernamentales y de los expertos en Derechos Humanos del mundo entero, pero, sobre todo, de la cruel realidad que sufren diariamente los venezolanos.

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