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Corre, ve y dile

Se trata de tres funciones que al ser realizadas por una sola persona hacen recaer sobre el ejecutor de las mismas el adjetivo “correveidile”. Es una triple tarea que no necesariamente se cumple a la carrera (corre), ni implica un traslado físico, aunque el “ve” no es presente del modo indicativo del verbo ver sino imperativo del verbo ir; y desde luego lo más importante es, lo que se ha de decir “dile”.

Es la tarea que ¿ayer? le fue asignada a Enrique Ochoa Antich; de la cual me entero al recibir hoy por la misma vía que ustedes mis lectores recibirán este artículo, uno suyo donde nos informa el desmoronamiento que sufre en la comunidad internacional el reconocimiento que Juan Guaidó ha obtenido en un sinnúmero de países que conforman la comunidad llamada la “civilización occidental o judeocristiana” a la cual a pesar de los esfuerzos de Chávez y el usurpador Maduro por desasociarla, aún pertenece Venezuela y los venezolanos.

La tarea del correveidile no consiste como pudiera pensarse en un mensaje a Guaidó, porque no se trata de decirle a él, lo fracasado de su empeño, que para eso los hombres han usado el género epistolar; y entre nosotros, que le cambiamos el nombre a la República de Venezuela por el de República Bolivariana de Venezuela, hemos de reconocer que nadie como Bolívar hizo uso del mismo, para dar a conocer lo que pensaba.

EOA no tiene nada que decirle a Juan Guaidó, pero “piensa” o quizá “piensan” los que lo mandaron, que si tiene algo que decirnos a nosotros los que le hemos dado respaldo a Guaidó sin tener armas, de las cuales también carece Guiadó. Me equivoco, los que le hemos dado respaldo a Guaidó si tenemos armas, desde luego no las que han usado durante estos 22 años de desgobierno que se están cumpliendo hoy “esos genios inéditos del arte militar que jamás han disparado un tiro sino a mansalva y sobre seguros contra su propio pueblo inerme”. Nosotros tenemos las armas del pensamiento, la que puso de presente Fermín Toro cuando le mandó a decir a Monagas que llevarían su cadáver, pero que “Fermín Toro no se prostituye”.

El mensaje es tan obvio, que uno no sabe si EOA fue mandado a decir, es decir, si se trata de un “correveidile”, o se trata de una iniciativa propia en la cual la finalidad perseguida no es posible diferenciarla entre estas dos: 1) contribuir con el gobierno en el proceso de lograr el desencanto de la oposición, o 2) señalarse como la persona que puede sustituir a Guaidó en el comando de la oposición, que en el fondo es igual que la primera.

Cuando Guaidó fue escogido para esta difícil tarea, me permití decirle que su marcha estaría acompañada de aciertos y desaciertos y que no le tocaba detenerse a corregir estos últimos que eran inevitable en toda obra humana. Que la orientación de su andar y de su camino la había definido Antonio Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

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