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Crisis actual: ¿dilema o enigma?

Cada día transcurrido en torno a la crisis sanitaria que ha conmovido al mundo, se convierte en tiempo para pensar si acaso todo ha sido provocado. O simplemente, es fortuito. Cabría igualmente preguntarse si lo que hostiga al planeta, ¿es resultante de problemas acumulados, desconocidos o de recién ocurrencia? ¿O es una crisis arreglada o consecuencia de un desarreglo intempestivo que ha reunido razones políticas, económicas, sociales, culturales, militares, tecnológicas o científicas, para asediar al mundo?  ¿O son causas coyunturales o estructurales? 

Por donde sea posible acceder, su indagatoria pudiera calzar o con un dilema o un enigma. Aunque es perfectamente cierto que dar con alguna respuesta que complazca las mayores expectativas, es casi imposible. A menos que se tenga plena confirmación de quienes puedan estar detrás de todo ello. Claro está, de ser ese el caso.

Sobran las teorías conspirativas probadas o hipotéticas que puedan filtrarse a través de la conjetura. Igualmente, las presunciones aventuradas al mismo respecto. No obstante, cabe partir de alguna presunción o sospecha que pueda animar una discusión. Lo cual a los fines de la disertación, podría funcionar más que una respuesta. 

No obstante, detrás de este escenario, atestado de múltiples incógnitas que responden a intereses aislados y superpuestos, deben considerarse otras posibilidades. Posibilidades relacionadas con intereses y necesidades que son al fin, los componentes que plasman cualquier realidad. Verdadera o no casi-verdadera. Todo depende del ángulo o enfoque bajo el cual se observe el horizonte que se tenga por delante. 

En principio, es indiscutible manejarse con un esquema de averiguación escalonada en cuanto a las trivialidades, rubros o factores de posible análisis. Esto, a fin de cubrir el mayor número de condiciones que intervienen en la configuración de la crisis en cuestión. Sólo que la brevedad de este espacio comunicacional, no favorecerá una explicación más completa que la modestamente aportada. 

Este análisis debe partir del hecho de suponer una manipulación construida desde instancias de poder político y económico con ínfulas de supremacía mundial. Así podría pensarse en la posibilidad de sembrar una desconcierto a manera de artimaña generalizada. Sin embargo, vale acudir al auxilio de la razón para despejar el mayor número de contradicciones que pudieran actuar como deflectores, disruptores que buscarían cambiar la dirección de la corriente de una causa predeterminada para acentuar los efectos colaterales. O que podrían funcionar como “espejos” para resaltar la visual de una ficción elaborada con acentuada vileza y perversidad.

Pen el fragor de la situación en análisis, habría que preocuparse sobre la dificultad de dar con la verdad de los hechos que afloraron la crisis sanitaria o de salud propagada a causa de la pandemia del Covid-19, promotora del refutado encierro ordenado premisas preventivas. Aunque la necesidad de sobreponerse a dicho entuerto, hace al menos que el problema pueda comprenderse. Indistintamente de las fuerzas y razones que lo han inducido. Ahí hay que considerar la racionalidad de su incidencia como coadyuvante de la investigación.

¿Cómo una crisis termina sin respuesta? 

Pero tal empeño, no puede degenerar en diatribas que conduzcan a interpretaciones libres de alguna rigurosidad científica. Eso sería caer en el abismo del oscurantismo. En el despeñadero de la ambigüedad. O en el vacío de las indeterminaciones al voleo. 

Es fundamental agarrarse de algunas razones que concilien realidades y razones, con presunciones y confabulaciones. Este análisis deberá ser a conciencia de las dificultades que pueden enturbiar la investigación. Así que debe saberse de por dónde hay que encaminar la investigación. Aunque a sabiendas de toparse con limitaciones cónsonas con la complejidad que caracterizan las susodichas realidades.

No obstante, es factible averiguar el embrollo tramado desde la perspectiva del ensayo y del error. Incluso, adentrándose en lo que se conoce como “reducción al absurdo”. O sea, apelando a la estrategia metodológica donde todo y nada tiene sentido y valor. Así podría avanzarse creyendo que conocer la verdad, es posible.

La historia vive un momento crucial toda vez que el mundo se enfrenta a un complicado escenario el cual es motivo de la indagación correspondiente. Dicho de otro modo, el mundo se aproxima a un cambio del orden de la sociedad, sus instituciones. Asimismo, sus conceptos y prácticas. Eso significa un reajuste de su discurrir social, político y económico. O bien desordenando sus tendencias, o posibilitando su reacomodo con base en nuevas variables que deberán presentarse en un determinado momento. Ansiado o imprevisto.

El hombre, resignado a dejarse seducir por las veleidades, podría transformarse en el Dios de su destino para abandonarse a su suerte. O en el verdugo que lo asistiría a su cadalso. 

Esto dejaría ver una confrontación entre quien tenga el mayor poder, y quien sepa manejarse con la razón de por medio. O indefectiblemente, habrá que despertar de la ilusión que el materialismo le impuso a la vida mediante un inusitado consumismo apegado al egoísmo, a la envidia y a la intolerancia. Aunque pareciera complicarse. Porque no es de negar, que hay razones difíciles de comprender dada la complejidad propia de las mismas. Particularmente en ausencia de un mínimo equilibrio entre razón y realidad, capaz de ensombrecer el panorama bajo el cual se encubren condiciones de un desproporcionad anti-desarrollo humano. 

De ahí se incitaron gruesas dudas que desplazaron la dignidad, la justicia y el pluralismo. Debieron tramontarse graves problemas que devinieron cuando la crisis actual no pudo superar los estragos que sus efectos causaron. Quedó sin resolverse. Por eso sigue inculpándose de que la crisis actual: ¿Dilema o enigma? 

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