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¿Crisis terminal?

Es obvio que en el año 2014 se inició, en Venezuela, una crisis de naturaleza política, social y económica de muy grave naturaleza. La muerte del Presidente Chávez, autor imbuido de un pensamiento político, económico y social, poseedor sin dudas de un carisma capaz de atraer a los sectores populares del país, significó el surgimiento de un caos en el equipo gubernamental que este había constituido para desarrollar el proyecto de “socialismo del siglo 21” que, en su pensamiento, el difunto mandatario había constituido para gobernar a Venezuela.  Es evidente que la personalidad de Hugo Chávez Frías tenía una fortaleza y una singular habilidad para convencer y arrastrar, no sólo a los sectores populares, sino también a una parte de la población del país que, progresivamente, en el tiempo transcurrido después de los tres excelentes gobiernos posteriores al derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, comenzaron a desencantarse de gobiernos democráticos que, posteriormente, asumieron el poder. No caben dudas de que, en esos gobiernos posteriores al primer trienio democrático, surgieron mitos y errores que fueron, lentamente, debilitando el entusiasmo que acompañó a los gobiernos de Betancourt, Leoni y Caldera.

No se puede obviar el hecho de que la caída del gobierno de Pérez Jiménez, aparte de la sublevación militar, tuvo como importante factor, además de la importación de bienes de consumo y el fuerte desarrollo de las industrias básicas como la siderurgia y la petroquímica, pero también se produjo un alto descenso, desde 1954 a 1958, de la fija inversión bruta total, que se prolongó hasta 1963, lo cual, en parte, fue factor importante de la caída del gobierno de Pérez Jiménez. 

El primer mandato como Presidente, de Carlos Andrés Pérez, inició el debilitamiento político de los partidos políticos más importantes de Venezuela en el siglo 20, que fueron Acción Democrática y el social cristiano COPEI. Factores antecedentes a los tres gobiernos posteriores a la caída de la dictadura y de naturaleza económica, tuvieron mucha influencia en desequilibrar la economía: la aceptación de la propuesta, casi compulsiva, de la Cepal sobre todo el subcontinente, de asumir la llamada “política de sustitución de importaciones”, así como la dependencia estructural respecto al petróleo. El Presidente Pérez, en su primer mandato, lejos de acoger la propuesta que le hicieran el Ministro Pérez Alfonso y también Domingo Alberto Rangel, de establecer con el producto de los nuevos y, entonces muy altos ingresos petroleros, un fondo de inversiones a manera de mantener reservas para el futuro, deslumbrado por la ficticia bonanza, utilizó esos recursos en proyectos, como el de Astinave y muchos más, cuyos gastos engulleron los dólares y su efecto se hizo palmario el llamado “viernes negro” de 1983, en el gobierno de Luis Herrera Campins. Desde entonces, el sólido valor que tenía nuestro bolívar reveló su debilidad progresiva, hasta llegar a lo que estamos viviendo los venezolanos en el presente.     

Los partidos políticos pasaron de la conflictividad entre ellos a sus conflictividades internas que los fraccionaron definitivamente.  Fallecido el Presidente Betancourt, Acción Democrática se fracturó; el Presidente Pérez fue desconocido por parte de su partido; el Presidente Caldera lo fue también por el Copei que fundara, pero venció en la última elección legítima de la República e inició su gobierno descubriendo que la crisis provocada por un Banco equivalía a todo el presupuesto anual de la Nación, por lo que, contra su voluntad, hubo de acudir al Fondo Monetario Internacional. El informe del Banco Central de Venezuela, en el penúltimo año de su mandato, demostró la sorprendente recuperación de la economía venezolana, pero en las elecciones de diciembre de 1998 venció Hugo Chávez Frías, porque los partidos no presentaron candidatos que atrajeran la voluntad del pueblo venezolano. 

El Presidente Chávez, en su toma de posesión ante un Congreso debilitado, juró profanando la vigente Constitución y dejó ver, con su discurso de ese día, cuál era su orientación respecto al futuro de Venezuela. Personas honestas le rodearon en los primeros meses de su mandato, pero dejaron pasar por alto las amenazas que frecuentemente expresaba. Convocó inconstitucionalmente a una Asamblea Constituyente. Después vino lo que habría de venir y lo que hoy estamos viviendo.

Sin embargo, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. En eso estamos. 

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