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Crónicas de una Mérida hidalga

Aunque el pasado sea un tiempo conjugado en pretérito, no siempre queda atrás. Es como si los años fueran días cuya duración trascendiera la vida marcándola de modo concluyente. Algo así como si todo evento acaecido, compusiera las página del libro que cada noche actúa de inductor de un sueño sano y conciliador. El pasado, más que un tiempo que pareciera haberse detenido, o atrapado en la derruida prisión de olvido prematuro, no deja de contener el agradable sabor que cada aventura, vivencia o hecho acontecido, deja en el paladar de quien puede degustarlo con la paciencia del acucioso pensador.

Particularmente, cuando crónicas elaboradas bajo el concepto de un tiempo que no desperdicia sentimientos, ni tampoco derrocha esperanzas, se estructuran soportadas en la palabra revestida de dignidad. Tanto como perfumada de esplendidez. De una palabra, articulada en la verdad, la razón y la excelsitud apalancada por cada letra figurada. O como invoca el proverbio tibetano, “vestida como una diosa y amparada por la fuerza para elevarse sobre suposiciones o hipótesis, tanto como para erigirse por encima del sarcasmo”.

Es la cadencia hemenéutica que le imprime Germán Uzcátegui Rivas a su libro “Memorias Radio-afónicas”. Pero que no por hacerse ver como historias afectadas por alguna insuficiencia sistémica, dado tan controversial título, no deja de constituirse en una lectura que recompone la historia de una Mérida contemporánea. De una Mérida inundada por el contagio de una fiebre radiofónica que sorprendió a muchos. E igualmente, aleccionó a otros tantos que se permitieron un crecimiento personal y profesional en correspondencia con la presencia de nuevas tecnologías de información que se adentraron en la hidalga actitud de merideños. Todos ansiosos de compensarle a la ciudad lo que ella le deparaba en función de los valores brindados por las tradiciones sociales, familiares y culturales.

“Memorias Radio-afónicas”, editada por Producciones Karol C.A., con la portada elaborada por López Canito, reconocido pintor taurino internacional, tuvo una pegada  editorial que asombró gratamente a propios y extraños. Principalmente, no sólo por la elocuencia del original discurso de Uzcátegui Rivas expuesto a lo largo de 206 cuartillas, folios o páginas. Sino por la simpatía que, como recurso de sintaxis, utiliza a manera de concordar realidades con elementos taxativos de un lenguaje plano. Propio de quien como Germán Uzcátegui, hombre de radio, abogado y nato comunicador social, sabe emplearlos. Desde luego, configuran parte de su naturaleza de la cual ha sabido valerse para ganar el espacio social y profesional que la vida exige a todos y de todos.

La palabra que formaliza el contenido de “Memorias Radio-afónicas”, en cuanto a texto de comprensión general, tiene el potencial de colindar con la historia social merideña. Sobre todo porque en su desarrollo, Germán no desaprovecha lo que su fecunda memoria atesoró, celosamente, entre sus resguardadas recordaciones. Pero al mismo tiempo, presenta cada recuerdo según una palabra en consonancia con la conciencia en la que acaudala su mayor y mejor riqueza: la honestidad. Es así como su discurso es réplica del ejemplo que demuestra cada ápice de su vida austera y modesta. Es lo mágico que la lectura de “Memorias Radio-afónicas”, infunde para que así se cuele -gratamente- a medida que se avanza hacia la última página. Pero que no por “afónicas”, fueron óbice para trabar el trazo de la tinta convertida en letras, párrafos, capítulos y páginas de tan suculento libro.

Apegado este breve análisis a la teoría del discurso, no es difícil determinar la coherencia epistemológica, ni tampoco la congruencia dialéctica, en la que José Germán se apoya para insuflarle concatenación lexicográfica a sus “Memorias Radio-afónicas”. De ahí que le resultará cómodo al lector, consustanciarse con la secuencia histórica del discurso. Asimismo, involucrarse emocionalmente con el pensamiento y sentimiento del autor para viajar en el tiempo hasta el espacio en el cual cada episodio adquiere sentido, fuerza y forma. Gracias a cada palabra expelida por la pluma de este merideño, del Ejido de las “calles torcidas” cuando afirma, confirma y ratifica la veracidad de una historia, refrendada en interesantes capítulos que se pasean por su vida. Una vida trazada al calor de hechos que apuntan el desenvolvimiento de una sociedad construida con base en el esfuerzo de su gente. 

Aunque también, en los predios de una naturaleza dominada por claros intereses en desencuentro. Situación ésta, propia del conflicto que caracteriza la natural rivalidad entre pares y dispares. Así es la vida. Y así queda de manifiesto, con la firma de Germán Uzcátegui Rivas, en sus “Memorias Radio-afónicas”. Sólo que para los fines de esta disertación, se quitó prestado del coloquio histórico y del acervo comunicacional, el nombre que la intitula: Crónicas de una Mérida hidalga.

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